INTERNACIONAL
Medio Oriente

Una historia del silencio de Egipto sobre la guerra en Gaza

En la nueva guerra en la Franja de Gaza, el gobierno de Egipto está jugando, una vez más, el papel de socio silencioso. Hay demasiado en juego en el terreno económico, como el multimillonario negocio de la licuefacción del gas que le vende Israel, y también en el político y social: las autoridades de El Cairo no quieren saber nada con una eventual oleada de refugiados palestinos, por más que sean "hermanos musulmanes" (o especialmente por eso).

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Abdel Fattah El-Sisi | Foto: Presidencia de Egipto | Presidencia de Egipto

En medio de la operación militar sobre Gaza que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) lanzaron tras el salvaje ataque terrorista de Hamas del 7 de octubre del año pasado, casi nadie se acuerda de que, después de la disolución del mandato británico en lo que se llamaba en aquellos tiempos Palestina, el enclave quedó durante largos años bajo el control de Egipto. El gobierno de El Cairo controló la franja sobre el Mediterráneo entre 1949 y 1956 y luego otra vez entre 1957 y 1967, después de un brevísimo periodo de control israelí en el marco de la Guerra del Sinaí. 

Miles de palestinos que eligieron escapar y abandonar sus casas antes que quedar bajo un gobierno de judíos -a diferencia de los que prefirieron quedarse y hoy forman cerca del 20 por ciento de la población de Israel- se instalaron en la Franja de Gaza. El nuevo gobierno israelí no los reconocía como sus ciudadanos, y los egipcios tampoco. Esos exiliados quedaron sin hogar, sin nacionalidad y, ya desde entonces, a merced de las limosnas de la UNRWA, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo. 

Sin embargo, de alguna manera, y mientras no se les ocurriera pasar la frontera hacia territorio egipcio, a los jerarcas de El Cairo no les molestaba tenerlos de "invitados" en una tierra de la que ni siquiera eran dueños. De hecho, en el marco de la gira internacional que lo llevó a mediados de 1959 por Asia y el norte de África, y durante la cual se entrevistó con líderes como el yugoslavo Tito y el indio Jawaharlal Nehru, el Che Guevara le tuvo que pedir permiso a otro de sus anfitriones, el egipcio Gamal Abdel Nasser, para visitar la Franja de Gaza. 

Los sitios y blogs pro-palestinos que comentan aquella visita reconocen que se sabe poco sobre el tour de un día que el guerrillero argentino-cubano cumplió en Gaza, e incluso se desconoce si Guevara le pidió a Nasser el visto bueno o si fue el propio presidente egipcio quien lo despachó a conocer en persona a los jefes del naciente movimiento de los fedayines palestinos. 

Según un columnista del portal New Arab, el Che fue objeto de "una bienvenida de héroe por parte del gobernador egipcio de facto de Gaza, el teniente general Ahmad Salim, así como de funcionarios y jefes de municipios palestinos y de mucha gente común". Uno de los objetivos del Che durante la visita, sigue la nota, fue "apoyar los movimientos revolucionarios y de liberación nacional árabes y palestinos contra el imperialismo y la colonización occidentales". Años más tarde, la fuerte conexión entre La Habana y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) de Yasser Arafat se hizo bien conocida. 

Pero la muerte del pro-soviético Nasser en setiembre de 1970 y la llegada del pragmático (y luego pro-estadounidense) Anwar Sadat a la presidencia cambiaron radicalmente la ecuación en esta región. Después del fiasco sufrido en octubre de 1973 en la Guerra de Iom Kipur (o la Guerra de Ramadán para el mundo árabe), cuando la asistencia de Moscú se demostró poco confiable para derrotar a las FDI, las oficinas gubernamentales de El Cairo empezaron a respirar el aire fresco del realismo importado desde Washington, junto a miles de millones de dólares en asistencia militar del Pentágono. 

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Sadat, Carter y Begin en Camp David en 1978 | Foto: Moshe Milner (GPO)

Por eso no sorprendió que, en los acuerdos de Camp David firmados por Sadat, Jimmy Carter y Menahem Begin en 1978, los egipcios se desentendieran definitivamente de Gaza. En todo caso, la Franja ya estaba en manos de Israel desde la victoria en la Guerra de los Seis Días de 1967 (al igual que Jerusalén oriental, Cisjordania y las Alturas del Golán) y los palestinos eran problema exclusivo de los vecinos judíos. Un año después, en 1979, Egipto firmó el histórico tratado de paz con Israel, ya tenía de regreso el Sinai y el enclave pasaba a ser un recuerdo lejano.

 

Negocios son negocios

Está claro que nada fue como se esperaba en 1978, cuando se escribió en el acuerdo patrocinado por Washington que Gaza pasaría a ser parte de un estado palestino en un proceso de pocos años. Desde entonces, además, la "paz fría" entre El Cairo y Jerusalén comenzó a dar dividendos. Por mucho tiempo los contactos fueron exclusivamente de seguridad, aunque fluidos. En ciertas épocas floreció el turismo israelí hacia Egipto y, en los últimos años, llegó la bonanza del gas natural en el Mediterráneo. Israel explota desde principios de siglo los masivos yacimientos del valioso hidrocarburo que se encontraron en sus aguas territoriales. Como parte del desarrollo del negocio, Egipto aumentó ampliamente sus importaciones de gas israelí, para procesarlo y convertirlo en gas natural licuado (GNL) que se puede re-exportar a la Europa congelada desde la invasión rusa de Ucrania de febrero del 2022.

Citado por la agencia Reuters, el ministro de Energía de Israel, Eli Cohen, informó en febrero de este año que las exportaciones de gas al país vecino y a Jordania habían aumentado un 25 por ciento durante el 2023. "El espectacular crecimiento de las exportaciones de gas natural a Egipto y Jordania demuestra hasta qué punto el mercado del gas natural es un activo estratégico para Israel y ayuda a la estabilidad regional", agregó Cohen. El ministro dijo además que el país está examinando la posibilidad de ampliar las exportaciones para permitir el suministro a Europa, ya sea a través de plantas de licuefacción egipcias o mediante la construcción de instalaciones locales.

(Curiosamente, en octubre del 2022, apenas doce meses antes de que Hamas hiciera explotar todo por los aires con su invasión del 7/10 del año pasado, un informe citado por el portal IsraelEconómico señalaba que la Autoridad Nacional Palestina, el gobierno israelí y el egipcio estaban negociando un plan para buscar gas natural offshore en las aguas del Mediterráneo frente a Gaza. Un yacimiento, conocido como Marine, "ubicado a unos treinta y seis kilómetros de la costa de la Franja de Gaza, tiene el potencial de generar entre 3.000 y 4.000 millones de dólares y, de paso, cambiar la situación política y militar en la zona", se esperanzaba el reporte).

 

Más allá del gas

Cuarenta y seis años después de los acuerdos de Camp David, cuando Egipto pensó que se había deshecho para siempre de la cuestión de los palestinos, la historia parece querer volver con una venganza. Desde que estalló el nuevo conflicto en Gaza, en El Cairo se encendieron las alarmas. "¿Por qué Egipto le teme a una evacuación de Gaza?", se preguntaba ya en octubre del año pasado, pocos días después del ataque de Hamas, la publicación estadounidense Responsible Statecraft. Y se respondía: "El Cairo teme que, en lugar de salvar vidas, un 'corredor humanitario' pueda ser un pretexto para exiliar permanentemente a los palestinos". ¿Dónde? Claro, en Egipto. Y la experiencia libanesa, adonde escaparon los palestinos corridos por el gobierno de Jordania en los '70, es una lección bien aprendida en la zona. 

En aquellos primeros días tras la matanza perpetrada por Hamas, corría un rumor sobre un presunto plan israelí para mover a los palestinos de Gaza al Sinaí. "Eso no puede suceder, nunca", comentó tajante, por si acaso, un miembro del gabinete del presidente Abdel Fattah el-Sisi. 

Los temores recrudecieron una vez que las FDI dieron a conocer sus intenciones de avanzar sobre Rafah, la ciudad en el sur de Gaza que comparte frontera con Egipto. Un informe del portal estadounidense Politico señaló en los últimos días de marzo que la preocupación es tan grande que el gobierno de Sisi presentó a la Casa Blanca del presidente Joe Biden una larga lista de pedidos, "incluyendo fondos y equipos de seguridad". 

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Un soldado israelí en Gaza en marzo de 2024 | Foto: FDI

"En los últimos meses, El Cairo pidió a Estados Unidos que considere ayudar a proporcionar tramos adicionales de financiación y nuevo equipo militar, como sistemas de seguridad y radar, para asegurar la frontera con Gaza en preparación para una invasión terrestre israelí de Rafah", dijeron cinco funcionarios que se explayaron con Politico bajo condición de mantener el anonimato para poder "hablar sobre discusiones delicadas".

Las FDI afirman que el raid sobre Rafah es inevitable, para destruir los últimos bastiones de Gaza en la zona. "Los funcionarios egipcios -señaló la reportera Erin Banco en Politico- rechazan duramente esa idea, diciendo que la invasión inevitablemente obligará a cientos de miles de habitantes de Gaza a huir hacia el sur, hacia la frontera por donde probablemente intentarán cruzar". Esos funcionarios, concluyó, "están particularmente preocupados" por una eventual mudanza de miembros de Hamas al Sinaí, "una región que durante años albergó a extremistas que llevaron a cabo múltiples ataques terroristas mortales" contra blancos egipcios.

El amor de El Cairo por la causa palestina, como se ve, tiene bastantes condicionantes, que van desde el gas israelí a las pocas ganas de sumar militantes terroristas en el territorio propio. Tampoco hay que olvidarse de la dependencia de la ayuda militar de Estados Unidos. Israel, se sabe, es el principal receptor de la asistencia norteamericana: según un análisis del Council on Foreign Relations, un think tank de Washington, hacia allí salió un total acumulativo hasta el 2023 de 297.000 millones de dólares (incluyendo 81.000 millones de ayudas económicas y el resto en armamentos). 

¿Cuál es el país que ocupa el segundo lugar en esa tabla histórica? Sí, Egipto, con un total acumulativo de 167.000 millones de dólares, de los cuales 89.000 millones son de asistencia militar. Números que seguramente decepcionarían a Nasser y al Che si se les ocurriera volver a la vida y pasear por Gaza.