La Argentina dejó formalmente de integrar la Organización Mundial de la Salud (OMS) el 17 de marzo de 2026, después de que el Gobierno de Javier Milei iniciara el proceso de salida en 2025 con críticas a la actuación del organismo durante la pandemia y argumentos vinculados con la soberanía sanitaria. El país, sin embargo, continúa figurando como miembro de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y durante 2026 mantuvo instancias de cooperación regional en materia sanitaria.
“Los problemas de la salud son globales, no respetan las fronteras, aparecen en todos lados y la respuesta tiene que ser global”, sostuvo Gustavo Serlever, editor de The Lancet en español, durante una entrevista en +Perfil. Desde su perspectiva, la OMS sigue cumpliendo una función difícil de reemplazar en la coordinación internacional frente a emergencias, vacunación, medicamentos y elaboración de recomendaciones sanitarias.
El lugar que conserva la OPS
“Los problemas de la salud son globales”, insistió Serlever al destacar que la salida de la OMS no significa que la Argentina haya abandonado todos los mecanismos multilaterales. La OPS mantiene al país entre sus Estados miembros y cuenta con una representación activa en Buenos Aires.
Para el especialista, “la respuesta tiene que ser global” porque enfermedades infecciosas y emergencias sanitarias pueden expandirse rápidamente entre países. En marzo de 2026, Argentina incluso se incorporó a la Alianza para la Atención Primaria de Salud en las Américas, impulsada por la OPS junto con el Banco Mundial y el BID.
Geopolítica y vacunas
“Es inevitable que la geopolítica se meta en todas las cosas que tienen que ver con los humanos”, afirmó Serlever al recordar las discusiones que rodearon a las vacunas contra el COVID-19. Durante la pandemia, distintos países utilizaron tecnologías y proveedores diferentes, mientras las decisiones sanitarias convivían con tensiones diplomáticas y comerciales.
El especialista recordó específicamente la llegada de Sputnik a la Argentina y sostuvo que las decisiones debían analizarse dentro de una emergencia inédita. “Es inevitable que la geopolítica se meta”, señaló, aunque consideró que precisamente por eso los organismos transnacionales pueden ofrecer ámbitos de coordinación que reduzcan el peso de las disputas entre gobiernos.
La velocidad que cambió la pandemia
Serlever diferenció las vacunas basadas en plataformas tradicionales de aquellas desarrolladas con ARN mensajero, como Pfizer-BioNTech y Moderna. “En menos de un año se identificó el virus, se hicieron los ensayos clínicos y las vacunas estaban producidas en escala industrial en todo el mundo”, destacó.
“Eso cambió la historia y ese es el aprendizaje”, afirmó al recordar cómo se modificó la percepción sobre el COVID-19 después de la expansión de la vacunación. Para Serlever, aun considerando la existencia de efectos adversos, el balance debe analizarse frente al riesgo sanitario que representaba la propia enfermedad.
¿Estamos mejor preparados para otra pandemia?
“Nadie estaba preparado, la humanidad no estaba preparada”, respondió Serlever ante la pregunta sobre la capacidad de Argentina para enfrentar una nueva emergencia sanitaria. A su juicio, lo ocurrido en 2020 mostró que incluso los sistemas de salud con mayores recursos debieron improvisar respuestas frente a un agente desconocido.
El especialista evitó establecer una única estrategia como modelo y recordó que distintos países aplicaron políticas diferentes. “Nadie estaba preparado”, insistió, al mencionar casos como Suecia, que adoptó restricciones distintas de las implementadas en Argentina.
Para Serlever, la principal herramienta que dejó aquella experiencia fue la capacidad científica para reaccionar con rapidez. “Eso cambió la historia y ese es el aprendizaje”, concluyó, al reivindicar la coordinación internacional y el desarrollo acelerado de vacunas como dos de las enseñanzas centrales frente a futuras amenazas sanitarias.