En diálogo con Modo Fontevecchia, por +Perfil y Radio Perfil (AM 1190), Martín Guzmán ofreció un exhaustivo balance sobre la arquitectura financiera de la Argentina y los desafíos estructurales que condicionan su desarrollo. Con la perspectiva de haber liderado la reestructuración de la deuda en 2020 y la negociación con el Fondo Monetario Internacional, el exministro de Economía analizó la sostenibilidad del esquema actual, las dificultades para regresar a los mercados voluntarios y la encrucijada de los vencimientos a futuro.
A lo largo de la entrevista, Guzmán examina la fragilidad del consumo urbano, el fenómeno crítico del endeudamiento de las familias y el impacto que el escenario político en Estados Unidos puede proyectar sobre la plaza local. Asimismo, reflexiona sobre el rol que debería asumir el peronismo en un eventual retorno al poder, subrayando la necesidad de combinar orden fiscal, capacidad de inversión pública y una alineación política sin fisuras para evitar que las internas desgasten la gestión económica.
Martín Guzmán, economista graduado de la Universidad Nacional de La Plata, fue ministro de Economía de la Nación entre 2019 y 2022, durante el gobierno de Alberto Fernández. Se desempeña como profesor titular de la materia Moneda, Crédito y Bancos en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata y es profesor asociado de Macroeconomía en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires.
—Un gran gusto tener a Martín Guzmán aquí para hacer un análisis retrospectivo y prospectivo. Es decir, por un lado, evaluar si la deuda internacional es el principal problema del país y analizar la discusión interna del peronismo sobre qué hacer con ella ante la posibilidad de volver a ser gobierno a fines del año próximo. Por el otro, abordar el desafío de este propio gobierno sobre cómo llegar a 2027 con los vencimientos de deuda que enfrenta. Me gustaría, Martín, porque creo que sos quien más credenciales tiene para hacer este análisis retrospectivo y prospectivo de lo que la deuda representó, representa y representará.
—Muy bien. Bueno, buen día, Jorge. Gracias por la invitación. A ver, comenzando por la deuda, hoy tenemos una situación en la que hay dos acreedores —o un grupo de acreedores y otro acreedor— que son los más grandes que enfrenta el país. Por un lado, los acreedores privados internacionales. Lo que sucede con ese grupo es que, a pesar de que no hay acceso al mercado de crédito internacional, se está logrando refinanciar por ahora esa deuda, sobre todo con el mercado argentino, con el mercado local. O sea, son los propios argentinos quienes le están dando financiamiento al Gobierno para refinanciar los vencimientos. Esto es posible porque la carga de pagos es históricamente baja, sobre todo en materia de intereses, producto de la reestructuración de la deuda realizada en el año 2020. Argentina le paga hoy a los acreedores externos una tasa de interés promedio del 3 % en dólares, lo cual es muy bajo. El otro acreedor es el Fondo Monetario Internacional, que es el más grande. Esa deuda es imposible de amortizar, dado el tamaño que tiene y la secuencia de vencimientos. El problema con el Fondo se vuelve a abrir el año que viene, cuando el país vuelva a tener pagos netos que hacer; es decir, va a recibir menos financiamiento respecto de los vencimientos que se enfrentan con la institución por 5.700 millones de dólares. O sea que la discusión más inmediata que se viene es la del Fondo Monetario Internacional. El tema de la deuda externa sigue siendo central en todos los frentes y esa discusión eventualmente también se va a reabrir sobre cómo lograr el refinanciamiento con los acreedores privados. Va a ser un tema para cualquier gobierno futuro.
—La lógica sería que la deuda con el Fondo Monetario Internacional sea transitoria en un momento en que se cierren los mercados voluntarios de deuda, para luego sustituirla con estos últimos. Pasados ya los años que se produjeron, nos encaminamos a 10 años desde el momento originario de su emisión y seguimos roleándola con el FMI —e incluso aumentándola— por la imposibilidad de salir a los mercados voluntarios.
—Dentro de los marcos actuales del Fondo, creo que no tiene salida. Para que la deuda con el FMI sea transitoria, el país y el Gobierno en particular tienen que ser capaces de acceder a más financiamiento en los mercados de crédito internacional en dólares para pagarle al Fondo, o bien acumular las reservas suficientes para cancelar esa deuda y que el Tesoro pueda comprárselas al Banco Central. Tiene que tener suficiente excedente para comprar esas reservas. Ahora, si los acreedores privados ven que tenés tanta deuda con el Fondo y es muy improbable que te presten la cantidad que le tenés que pagar, se ahuyentan, porque saben que el FMI está primero en la fila para cobrar. No te metés atrás en esa fila si no sabés cuándo vas a cobrar. Por otra parte, que el Gobierno pueda generar tanto excedente y el Banco Central tantas reservas como para pagarle al Fondo en el corto plazo no es factible; el volumen es demasiado grande. Por lo tanto, esa deuda se va a tener que seguir negociando. El FMI y la Argentina, por el monto de la deuda que tomaron primero Macri (45.000 millones de dólares) y después Milei (con desembolsos por 15.000 millones), están lamentablemente atados por bastante tiempo.
—O sea que no existe la hipótesis de salir a los mercados y sustituir la deuda del Fondo como pretendía el ministro Caputo.
—Por ahora, la salida a los mercados se busca para refinanciar la propia deuda con los acreedores privados. Además, salir al mercado para pagarle al Fondo implica otros montos. No alcanza para todos. De hecho, el ministro Caputo presentó un programa de financiamiento para el año 2027 que es muy demandante. No es imposible, pero es de difícil cumplimiento. Para lograrlo, la Argentina debe refinanciar la deuda con el sector privado o conseguir que el FMI ponga más dinero sobre la mesa. Pero eso representa un problema cada vez más grande para el país que hay que tratar de evitar. De hecho, vino Georgieva hace poco y dijo que la Argentina no necesita pedirle al Fondo; no dijo que el Fondo no le vaya a dar, sino que la Argentina no necesita pedirle. Bueno, ese es un juicio que busca inducir expectativas para autovalidar que así sea. Pero la situación no es sencilla, sobre todo teniendo en cuenta que el mercado percibe dudas sobre la sostenibilidad política de este modelo económico; es decir, si la gente lo va a respaldar. Eso es lo que hoy se cuestiona más que hace un tiempo por la situación real de la economía: el salario ha caído, muchísima gente está en mora porque no puede pagar sus deudas y el descontento social ha ido creciendo, sobre todo en las zonas urbanas.
—Entonces entremos en el imaginario, hagamos una conjetura típica de las ciencias sociales y pensemos: gana el peronismo y asume el poder el 10 de diciembre de 2027. Nuevamente, tenés credenciales como pocos para ver las diferencias internas dentro del peronismo y las dificultades que luego acarrea en el gobierno. La gente a la que le toque asumir no va a tener el problema de las tarifas retrasadas que vos sí tuviste —que fue la principal tensión con el sector de Cristina Kirchner por la presión para no actualizar los precios, lo que generaba un déficit fiscal notorio—. Tampoco va a tener los cortes de calle que implicaban la presión de los movimientos sociales, ni la situación de déficit fiscal. En ese contexto, ¿cómo te imaginás que tendría que ser un gobierno del peronismo? Me imagino con envidia que debés pensar: «Si me hubiese tocado asumir en esas condiciones, qué distinto sería». Pero con la experiencia de haber padecido las internas, ¿qué tendría que suturar el peronismo de sus diferencias para poder gobernar? ¿Casualmente el tema de la deuda?
—A ver, el tema de la deuda hay que ponerlo dentro del esquema más amplio de la cuestión macroeconómica y económica en general. La economía argentina muestra hoy una actividad estancada en las zonas urbanas y, por lo tanto, no hay progreso ni prosperidad en la vida de la gente. Ese es el principal problema actual. Es decir, tenemos una situación de mayor estabilidad en los precios, aun sin haber resuelto el tema, pero sin prosperidad. El próximo gobierno debería poner el foco en reactivar la economía, pero sin generar desequilibrios fiscales ni monetarios que atenten contra el combate a la inflación. Ahora bien, la reactivación no se va a dar sola ni simplemente con inversión privada; de hecho, no está ocurriendo. Si una pyme no vende, ¿por qué va a invertir más? El rol del Estado va a ser importante tanto para reactivar la economía en el corto plazo como para generar condiciones de mayor productividad que incentiven que la inversión a mediano plazo sea mejor. Un país que desinvierte en infraestructura, rutas y conocimiento va a experimentar menos inversión privada. Tiene que haber una redefinición del rol del Estado que no caiga en ninguno de los dos extremos. Ni en el extremo actual, donde se cree que achicando el Estado, cobrando menos impuestos a los de mayor capacidad contributiva y desfinanciando la inversión pública se soluciona todo; ni en el otro extremo, donde no importa el déficit y se financia con emisión monetaria, lo cual subiría la inflación.
La filosofía debería ser parecida a la de cuando asumimos, aunque en una situación diferente: queríamos incentivar la inversión privada sin aumentar el déficit y reactivar la economía. El primer proyecto de ley enviado al Congreso, denominado de Solidaridad Social y Reactivación Productiva, proponía un presupuesto equilibrado que mejoraba la capacidad de inversión pública del Estado con un criterio de tributación progresiva. Al mismo tiempo se reestructuraba la deuda, cuya carga de intereses era mucho mayor que la de ahora. La Argentina no tiene hoy el problema de 2019, cuando pagaba cuatro puntos del producto en intereses de deuda externa; hoy está por debajo de los dos puntos. Desde la perspectiva de los intereses, no hay necesidad de reestructurar la deuda hoy. El tema es afrontar los vencimientos y poder refinanciarlos. Un gobierno peronista necesitaría trabajar en eso. Respecto del Fondo, considero que hay que buscar refinanciar la deuda sin las condicionalidades que el propio FMI —o el Tesoro de los Estados Unidos a través de él— buscaría imponer. Esa es una negociación muy dura. Obviamente, antes que aceptar un programa como el de Macri o el de Milei, prefiero una situación más disruptiva con el FMI. Pero lo ideal es llegar a un acuerdo para tener margen de maniobra en las políticas que un gobierno peronista quiera aplicar, sin condicionalidades contrarias y logrando refinanciar la deuda.
—¿Y cómo sería tener más capacidad de inversión estatal manteniendo la deuda? ¿Cómo se daría el equilibrio fiscal? ¿Con más impuestos?
—La carga tributaria tiene que reacomodarse. Desde mi punto de vista, fue un error bajar el impuesto a los bienes personales —que pagan los 170.000 contribuyentes más ricos de la Argentina— a una alícuota plana del 0,25 %, al tiempo que se ajustaba el gasto en inversión pública. Básicamente, se saca de un lado para recortar en áreas que aportarían más actividad económica en el corto y mediano plazo. Creo que hay muchas cuestiones que deben revisarse. El RIGI es otro esquema que reduce el impuesto a las ganancias en sectores que de todos modos hubieran invertido y que nunca lo pidieron. Lo que pedían era claridad en las reglas de acceso a divisas —lo cual es correcto— y estabilidad fiscal. No pedían bajar el impuesto a las ganancias a un nivel irrisorio con deducciones excesivas. Esto termina generando lo que se observa hoy: en el agregado, la actividad económica crece un poco, pero la recaudación fiscal cae. Crece por sectores como energía, minería, agro e intermediación financiera, mientras el resto de la economía se cae. Y a varios de esos sectores que crecen se les bajaron los impuestos. Entonces, los sectores que crecen aportan menos y los que caen también reducen su aporte. El Estado queda debilitado y no puede aprovechar el crecimiento de estos sectores pujantes. Ocurre lo contrario a lo que pasa en países como Noruega o Australia, donde el Estado capta parte de esas ganancias para invertir en educación u obra pública. Hay que replantear todo ese esquema que resulta nocivo, es contrario para el desarrollo del país. Y permíteme agregar un tema más del cual se va a tener que hacer cargo el próximo gobierno si no lo aborda el actual: el récord en la mora de las personas. Muchísima gente en la Argentina no puede pagar sus deudas. Hay alrededor de seis millones de personas en esa situación, ya sea con billeteras virtuales o con bancos. Esto se debió a una combinación fatal: se desalinearon las tasas de interés —el año pasado saltaron fuertemente— al mismo tiempo que cayeron los ingresos reales. La gente se endeudó y, al refinanciar, no pudo pagar porque se generó una bola de nieve. Ahí hubo mala praxis en la política económica y monetaria, y es un tema del que hay que ocuparse. De hecho, la propia carta orgánica del Banco Central debiera contemplar este punto. Es algo de lo que habrá que ocuparse más pronto que tarde.
—Martín, al mismo tiempo que pasás buena parte del año en Estados Unidos dando clases en la Universidad de Columbia, en Nueva York, se aproximan elecciones de medio término donde se evaluarán los cambios económicos. La sociedad norteamericana vota con el bolsillo y se analizarán las medidas de Trump, con sus famosas tarifas de importación y su disputa con China. ¿Qué balance hacés de estos dos años de la economía de Trump y qué creés que va a pasar en las elecciones?
—Hoy en Estados Unidos se ve una heterogeneidad muy grande entre sectores. Por un lado, hay un boom de la inteligencia artificial que aporta a las estadísticas de crecimiento económico general. Por el otro, hay sectores que se están contrayendo y la situación del empleo en los servicios urbanos es más difícil. El gobierno de Trump dispuso aranceles muy elevados a la importación con la idea de recuperar empleos perdidos frente a la competencia asiática, pero eso no ocurrió ni va a ocurrir en la manufactura. De hecho, se está dando una redefinición de las cadenas globales de valor: empresas importantes que trabajaban con firmas de Estados Unidos fuera de su territorio están redefiniendo a sus proveedores porque el esquema no les funciona. Las encuestas señalan un panorama difícil para el oficialismo, pero como han fallado mucho, las miro con cautela y no me arriesgaría a hacer un pronóstico. La realidad es que las elecciones son el 3 de noviembre y ese resultado es sumamente importante para la Argentina. La estabilidad cambiaria del año pasado en el país se sostuvo por la intervención directa del Tesoro de los Estados Unidos, que tuvo un gran capacidad de acción. Si el oficialismo perdiera poder político —lo que ocurriría si pierde en ambas cámaras del Congreso—, surgirían dudas sobre la capacidad de acción del gobierno norteamericano para asistir a otros países. Eso abriría nuevas dudas entre el mercado y el Gobierno que podrían afectar la situación cambiaria en la Argentina. Pero primero hay que ver qué pasa en las elecciones.
—¿La mayor importancia que tiene América Latina para Estados Unidos es una política de Estado que trasciende a un gobierno republicano o demócrata, o es una perspectiva exclusiva del presidente Trump?
—Hay cuestiones que trascienden, pero no veo a Estados Unidos tan organizado en este momento histórico. Es distinto a otros períodos; la penetración de intereses corporativos en la agenda de política exterior es muy fuerte y diversa. Se vive una situación inédita desde la Guerra Civil: la coexistencia de dos establishments enfrentados entre sí. Existen temas prioritarios para cualquier facción, como los datos, el control del espacio y los minerales estratégicos, pero las agendas no están cohesionadas. Por lo tanto, hay cierta inestabilidad en la política exterior estadounidense que no se veía en décadas previas.
—Al mismo tiempo integrás la Pontificia Academia. El papa León XIV visitará la Argentina justo después de las elecciones de Estados Unidos, Brasil e Israel, en un momento cúlmine de posible cambio geopolítico mundial. ¿Cuál es tu visión sobre la mirada económica de León XIV sobre la Argentina y Estados Unidos? ¿Qué continuidad económica puede haber con el papa Francisco?
—No creo que tenga una visión específica sobre cada país en particular. Lo que se puede observar es lo expuesto en su primera encíclica, cuyo foco principal fue la inteligencia artificial y la importancia de que los Estados la regulen para que la humanidad mantenga el control de cuestiones fundamentales. Por ejemplo, la relevancia de no tener entidades o empresas jurídicas autónomas constituidas plenamente sobre IA, ni que la inteligencia artificial defina cuándo atacar a un país o tome decisiones de defensa. Veo un contrapunto claro con la posición del gobierno argentino, manifestada en una columna del presidente Milei en el Financial Times, donde promocionaba un proyecto de ley para dar a la IA la posibilidad de actuar como persona jurídica autónoma. Ahí hay un contraste muy importante entre lo planteado por el papa León y la postura del Gobierno.
—¿Y en el caso del Gobierno norte americano, el hecho de que el papa Prevost sea estadounidense genera alguna tensión comparable a la que generaba Francisco en la Argentina, o influye que el catolicismo no sea la religión mayoritaria en Estados Unidos como lo es en Argentina no?
—La figura de Francisco en la Argentina tenía un peso enorme en relación con lo que veo en Estados Unidos. De todos modos, el papado de León XIV recién comienza. Pero por ahora estoy viendo diferencias.
—Vuelvo a la Argentina y a la deuda como el nudo gordiano que te tocó sortear porque la deuda con el FMI se emitió suponiendo que Macri ganaba y que se volvería automáticamente a los mercados. No fue así. Ante las turbulencias cambiarias de cada año electoral, ¿cómo imaginás la situación cambiaria en los meses previos a las elecciones, considerando que las PASO comienzan en agosto y hacia junio ya estarán los candidatos ya determinados? ¿Cómo te imaginás ese escenario macroeconómico y cambiario?
—Falta mucho para eso, Jorge, pero te describo la secuencia. En los próximos meses, al menos hasta las elecciones de Estados Unidos, veo más de lo mismo en la Argentina. No observo un motor real de reactivación económica. Hay medidas aisladas que el Gobierno está tomando, como la última de los créditos financiados con fondos del FGS de la ANSES, ninguna de esa medias por sí sola van a tener un impacto macroeconómico. Pueden tener cierto impacto ayudar a ciertos segmentos, pero la inversión privada no va a responder. Y lo que se está haciendo es sobre todo del lado público (lo de la ANSES), pero de una magnitud que que está lejos de impulsar una real recuperación de la actividad económica. Veo una inversión y una actividad urbana estancadas, un problema social importante que por ahora no tiene consecuencias de inestabilidad bancaria, que es el de la morosidad de las personas que es un tema que hay que aboradr desde el punto de vista de lo que significa para tanta gente y una estabilidad cambiaria relativa, el tipo de cambio se pues mover dentro de las bandas, con la inflación bajando un poquito. Es un deterioro gradual de las condiciones económicas y laborales dentro de un marco de relativa estabilidad cambiaria y su consecuencia sobre los precios. Después hay que ver qué pasa en las elecciones de Estados Unidos y eso abre una nueva etapa, recién ahí podremos analizar. Si que el año próximo es un año que todo el mundo va a estar esperando para tomar decisiones económicas, pero después siempre pasa lo mismo, como me decías: muchos esperaban que si Macri ganaba la elección Argentina reaccedía al mercado de créditos. Siempre se dice lo mismo, es un contrafáctico, imposible de testear y cuando Macri iba a la reelección ya tenía 45.000 millones de deuda con el Fondo. Esa era la situación nueva con la cual los mercados iba a decidir si prestar o no, muy difícil. Bueno, ahora es lo mismo. Muy difícil desde ese punto de vista. Bueno, hacia allí está yendo la Argentina.
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—Te voy a tener que volver a preguntar después de las elecciones de Estados Unidos. Ahora, dejame un corolario final: ¿Qué le dirías a quien le toque, en el caso de que el peronismo gane las elecciones, ser ministro de Economía el 10 de diciembre de 2027?
—¿Si me lo proponen a mí decís?
—Si te lo proponen a vos o qué le dirías al que se lo propusieran.
—Creo que es muy importante que haya una capacidad de gobierno decisiva. Si hay alguien que en el camino se logró imponer como el líder y no le debe nada a nadie y tiene la fuerza política para llevar adelante... eso es una gran ventaja para quien sea, para cualquier funcionario, sobre todo en Economía que es lo que va a ser lo más importante. Si no es así...
—Que no agarre (risas).
—No. Alguien va a tener que resolver los líos que el país y me parece muy importante y muy sano tener la actitud para eso, pero tiene que haber poder político alineado con el programa económico; si no, es muy difícil. Tiene que haber una conciencia muy clara de que cualquier esquema de recuperación tiene que estar enmarcado en un programa de sostenibilidad fiscal y ser claro con todos los participantes de la economía, incluido el mercado que es un participante muy importante. Sin eso no hay forma de progresar. No es que alcanza, para nada, está lejos de ser una condición suficiente pero es una condición necesaria.
—Dijiste: "Si me lo propusieran a mi" ¿Y si te lo propusieran ser ministro de Economía, volverías a aceptar?
—Mi pasión más grande siempre tiene que ver con la Argentina, pero tendría que percibir que puedo hacer aquello que pienso que es lo mejor para el país. Eso es lo que tendría que considerar con quien sea, en el momento de mi vida que sea.
—O sea que tendrían que ser distintas a la condiciones que había en la interna del peronismo cuando vos renunciaste.
—En ese momento obviamente era imposible. Sí, tendría que ser muy distinto que eso.
—Martín, muchísimas gracias. Quedamos en volver a juntarnos después de las elecciones en Estados Unidos y nos hacés tu perspectiva para el año próximo.
—Me parece muy bien, Jorge.
—Un gran gusto estrenar esta nueva escenografía con vos en nuestro primer programa. Gracias por estar acá.
—Felicitaciones, realmente se ve muy bien.
—Muchas gracias.
MEG