El sociólogo Artemio López presenta su libro Historizar a Milei, una obra colectiva que vincula el modelo económico actual con el neoliberalismo instaurado durante la dictadura de 1976, y sostiene que el ascenso de la ultraderecha en Argentina se explica por la decepción social acumulada tras las gestiones de Macri y Alberto Fernández. Ante ese escenario, resume su mirada, en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), con la frase: “De la proscripción se vuelve, pero de defraudar al pueblo es más difícil”.
El sociólogo y analista político especializado en opinión pública y comportamiento electoral, Artemio López, es el director de la consultora Equis, una firma dedicada a estudios de mercado y análisis de tendencias políticas en Argentina. Se destacó por medir clima social, intención de voto y percepciones sobre gobiernos, con una mirada asociada al peronismo.
Artemio López presenta su libro Historizar a Milei y nos comentaba las dificultades iniciales que atravesó, así como la capacidad profética que tuvo, probablemente directamente proporcional a su capacidad de acierto y de anticipación respecto de los problemas de distribución que enfrentó.
Es un libro que fue escrito por varios, son 10 autores. Yo compilo, hago un trabajo y el prólogo es de Amado Boudou. No me quiero olvidar de nadie, son muchos, por lo tanto no quiero abundar. Hay muy buenos autores haciendo artículos importantes, con la particularidad de que fue hecho antes de que asumiera Milei.
Y nuestra tarea en general del libro pretendió historizarlo, es decir, el proyecto que él va a llevar adelante en Argentina tiene una historia. Y el título es por demás elocuente: “Historizar a Milei, de la picana a la motosierra”.
Con lo cual el libro planteaba que efectivamente en la precuela de Milei hay que rastrearla a partir de la dictadura que inauguró el modelo neoliberal en Argentina en 1976, y había que también esperar comportamientos que no igualan a aquel régimen dictatorial, pero con un nivel de autoritarismo inédito en democracia.
Podés ser este un ejemplo y podés dar cuenta de que efectivamente los niveles de persecución y autoritarismo que lleva adelante —porque creo que eso no ha desaparecido— el actual gobierno no tienen antecedentes en democracia.
El exsecretario de Relaciones Exteriores de Argentina, Juan Archibaldo Lanús, planteaba esta guerra con Irán muestra que Trump puede tener sus particularidades, sus locuras, pero que se trata de una política de Estado de Estados Unidos. Que Estados Unidos, cuando cae el Muro de Berlín y se termina la confrontación con la exUnión Soviética, necesita un nuevo enemigo, y que ese enemigo termina siendo el terrorismo internacional. En ese momento, cuando todavía China no tenía la capacidad de desafiar su hegemonía, si uno mira el recorrido ve Libia, Siria e Irak de manera sucesiva, y que esto forma parte de un proceso que Trump puede exacerbar y llevar al paroxismo, pero que tiene una continuidad histórica. Entonces, si uno historiza a Milei, la pregunta es si hay un porcentaje importante de la sociedad argentina comparte sin embargo las ideas de Milei. Y que probablemente pueda ser un 20 o un 30% de la población, dependiendo de los momentos, cifras que se acercan a lo que puede representar de manera más o menos estable un 30% o 40% del peronismo.
Así es. Yo creo que eso está planteado en el libro: hay un sector social históricamente que acompañó proyectos conservadores y autoritarios. Y que efectivamente remitimos a la dictadura, no porque no hubiera antecedente.
Perón llenaba plazas y la Revolución Libertadora también las llenaba, o sea, eso permanece desde hace tiempo en la sociedad argentina. Pero situamos el origen de la historicidad de Milei en la dictadura, porque el plan económico que inaugura Martínez de Hoz es adaptado a la coyuntura, a una réplica de lo que está llevando adelante.
Te caracterizás siempre, además, por poner los números. Haceme un análisis actual de lo que estás viendo. ¿Cuánto dura? Yo recuerdo a Duhalde diciéndonos hace dos años: “Esto va a durar todo el tiempo que Estados Unidos esté dispuesto a enviarle dólares a la Argentina”. Estados Unidos como un significante, podríamos decir el mercado. ¿Cuánto tiempo dura? ¿Ves que va a durar? Los economistas siempre dicen “yo sé lo que te va a pasar, no sé cuándo va a pasar”. Pero, ¿cómo ves el presente de lo que está sucediendo ahora?
Habría que tener bastante más conocimiento que el que yo tengo y un poco más de osadía, porque los años además te van quitando. Si me lo hubieras preguntado a los 20, te lo contestaba. Hoy ya no.
En Perfil nosotros comunicamos, informamos y analizamos. Por qué había un nivel de tolerancia que a muchos nos resultaba extraño, me incluyo. Y apelamos a la famosa paradoja de Tocqueville: lo contrario de lo que se supone, las políticas públicas progres generan mayor deseo de igualdad y por lo tanto demandas sectoriales.
Lo que vivimos de manera plena, sobre todo entre 2003 y 2015, donde se peleaba por el aumento del impuesto a las ganancias como indicador relevante. Sin embargo, cuando las políticas son regresivas, el deseo de igualdad decae y la tolerancia se hace muy extensa. Debemos recordar que la emergencia del fenómeno Milei se corresponde con dos procesos anteriores muy defraudatorios.
Vamos al tema estructural: la distribución del ingreso en Argentina. Una de las emergencias de la ultraderecha tiene como base una concentración del ingreso inédita. Cristina se va del gobierno con 51,7 de participación del factor trabajo. Macri la hace descender a 46. Ese descenso fue equivalente, en términos de magnitud económica, al acuerdo stand-by por USD 57.000 millones.
Surge un gobierno peronista y ese 41,6 no se modifica. Los dos gobiernos fueron continuidad en términos de deuda. Macri toma una deuda ilegal e ilegítima. Viola el estatuto del Fondo. Alberto la convalida y le da estatus legal, la pasa por el Parlamento. Eso provocó la renuncia de Máximo Kirchner al bloque de diputados.
La cuestión distributiva se implica con la deuda externa. Era de esperar que un sector de la ciudadanía buscara otras alternativas. En 2021, 4,1 millones de electores del peronismo no repiten el voto.
En 2023 esa búsqueda se expresa y está en la base de la emergencia de Milei. Por eso perdura este fenómeno.
La sociedad recibe más fuerte la defraudación que la proscripción.
¿La dificultad del peronismo hoy es mayor que en el 55?
Tiene que remontar las cuestas de un gobierno defraudatorio, entre otras cosas.
Yo no lo quiero dejar pasar porque forma parte de las herramientas que dispone este gobierno. Bueno, lo dijo el presidente Milei: “Yo me encargué de que Cristina Fernández vaya presa”.
Mencionás la paradoja: más igualdad genera más demanda de igualdad, más desigualdad aplaca demandas.
Ese límite no lo podemos pronosticar. Y alguien incluso podría decir que, de manera sostenida, se construye una especie de bálsamo, no sé, casi como una especie de anestesia, porque vemos países con muchos niveles de desigualdad que, a lo largo de generaciones, lo toleran como algo que se naturaliza, por decirlo de alguna manera.
El caso de Perú ayer, por ejemplo, o la mayoría de los países latinoamericanos.
El presidente utilizó por primera vez una palabra que resulta disonante con su discurso: “paciencia”. No sé si estoy forzando la interpretación, pero algo sugiere allí. Un liderazgo que se define por inmediatez, aceleración y decisión incorpora un término más asociado a otro tipo de conducción. ¿Esa expresión te hizo ruido?
Observa que los resultados ya no permiten sostener el discurso de la esperanza y recurre a la paciencia como reemplazo. En rigor, el esquema actual no se sostiene. Este programa económico ya recibió al menos cuatro rescates. El último, con intervención electoral en octubre del año pasado, incluso con indicaciones de voto por parte de Trump.
El modelo se originó y hoy depende de un escenario extremadamente frágil. A medida que avanza el tiempo, las alternativas se vuelven más estrechas. Además, la dependencia ya no recae solo en el gobierno estadounidense, sino en una figura específica y en un sector de la coalición, ya fragmentada. El margen de maniobra es mínimo.
El único que interpreta con claridad el tablero geopolítico es Milei, con su lectura de “Milei y Trump”, junto a un grupo reducido. Ayer incluso se produjo la salida de un integrante de ese espacio.
Planteaste que la decepción es difícil de revertir. Lo es. Y, al mismo tiempo, hubo dos gestiones que no colmaron expectativas. Ese desencanto también podría alcanzar al PRO, no exclusivamente a este sector. El desgaste ya es transversal. Si este programa resultara inviable en algún momento —sin horizonte definido—, la pregunta inevitable es qué vendría después. ¿Desde tu experiencia, hacia dónde debería enfocarse la mirada?
Sostengo que solo los liderazgos populares democráticos pueden encauzar y dominar una crisis de estas características. Sin esa condición, el desenlace tiende a ser aleatorio. La crisis de 2001, vista en perspectiva, fue absorbida de manera azarosa. La irrupción de Néstor Kirchner ocurrió en un escenario donde coexistían proyectos que proponían regresar al mismo esquema que había desencadenado el colapso, con cerca de la mitad del electorado.
Su aparición fue inesperada, circunstancial y decisiva, pero no planificada. Sin embargo, confiar en la aleatoriedad como método es un error: no hay garantías de repetición. Sin una conducción que ordene desde un programa de integración, crecimiento y justicia social, cualquier desenlace es posible. Incluso la reelección de este presidente.
La ausencia de liderazgo, especialmente en las fuerzas populares democráticas que estructuran la oposición, deriva en lo que C. Wright Mills describía en los años 60 al referirse a Perú: “gigantes invertebrados”.
Hoy, el liderazgo con capacidad de articulación se encuentra condicionado por situaciones de proscripción y restricción.
¿Cómo evaluás el rol de Kicillof en ese esquema?
Es uno de los emergentes de este proceso. No tengo elementos para juzgar su capacidad de conducción. Sí me generó inquietud la decisión del desdoblamiento electoral en 2025, que terminó funcionando como una especie de balotaje indirecto. Históricamente, el peronismo nunca logró imponerse en una segunda vuelta. Ese antecedente pesa.
Esa estrategia deja dudas sobre la posibilidad de gestionar una crisis futura en caso de un recambio, que considero probable en algún momento. Después de este ciclo, el conflicto será de otra escala y exigirá conducción estatal firme.
En ese sentido, creo que se subestimó el peso de decisiones internas por encima de factores externos como la intervención de Trump o del Tesoro, a los que se les atribuyó todo el impacto. Casos como el de Orbán muestran que ese tipo de injerencia no es determinante por sí sola.
¿Sería un error para el peronismo apostar a ganar el balotaje, es decir, intentar construir algo similar a lo que hizo Lula en Brasil, una especie de frente de todo lo que esté en contra de Milei, considerando que existe un componente antiperonista que haría que el peronismo, incluso frente a un escenario de economía no exitosa?
El componente antiperonista en la sociedad argentina es muy difícil de quebrar. Lo que sí puede pasar es una construcción en torno a un liderazgo potente, con un programa de gobierno importante, que pueda resolver las elecciones en primera vuelta. El escenario que está planteado hoy es de segunda vuelta. No hay nada que muestre que se pueda eludir el balotaje. Yo me refiero más que a las últimas elecciones a la evidencia anterior, ya que los comicios más recientes que tenemos disponibles son del electorado nacional, con especial peso en la provincia de Buenos Aires.
La señal de septiembre produjo la unificación del electorado. Septiembre, ¿por qué se explica? El peronismo no ganó casi votos. 200.000 votos más sacó, pero no es que creció porque no hubo alianza de la Libertad Avanza y el PRO.
¿Quién lo unió? El balotaje. Y entonces apareció octubre como un resultado que fue agónico, porque la verdad es que el gobierno ganó apenas, fue un empate, pero la realidad es que remontó 14 puntos que había perdido producto de que no pudo constituir esa alianza. Ahora veremos, porque hay mucho más desgaste en términos socioeconómicos.
Pero yo no quiero apresurar pronósticos, porque no me parece adecuado, además porque me parece un error creer que esto ya está terminado o que hay un frente antimilei que es capaz de resolverlo todo. Eso en Argentina no pasa.
MV / EM