miércoles 28 de septiembre de 2022
MODO FONTEVECCHIA RESPETO A LA NATURALEZA

De la carne a la verdura: cómo es la huella de carbono de los alimentos

Una investigación midió el impacto ambiental de su producción y consumo. Confirmaciones, sorpresas y consejos para bajar el daño.

La huella de carbono de los alimentos puede medirse por la cantidad de gases de efecto invernadero (GEI) que se emiten no sólo en su producción, sino también por todos los factores que hacen a la cadena, como el uso de maquinaria y fertilizantes, su conservación y transporte.

Una investigación del sitio Bioguía hizo los cálculos de esos rastros para algunos de los alimentos más populares. Así, determinó que conseguir un kilo de cordero supone la emisión a la atmósfera de 39 kilos de dióxido de carbono (CO2), el equivalente a manejar 145 kilómetros. Con 27 kg de emisiones, la carne de vaca ocupa el segundo lugar.

Además de producir GEI por las deyecciones de los animales, la industria ganadera causa deforestación y consume grandes cantidades de agua. Es responsable de más del 14% de las emisiones del mundo, sobre un total del 26% del rubro alimentario. En la lista de los más perjudiciales también están el queso (13,5 kg de CO2 por cada kilo producido), el atún (6,1 kg) y los huevos (4,8 kg).

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En el otro extremo quedan las frutas, verduras, legumbres y semillas cosechadas en forma local. Para llegar a un kilo de lentejas sólo se emiten 0,9 kg de CO2; para el de tomates, 1,1. Dentro de ese rubro, el arroz y las papas encienden una luz amarilla, con 2,9 y 2,7 kg de CO2.

¿Cómo llegar a una combinación virtuosa de productos saludables tanto para el organismo como para el ambiente? Priorizando los más frescos, de temporada y poco procesados, con envases austeros y un origen cercano. Los que estén dispuestos a un compromiso mayor pueden adoptar una dieta flexitariana, que implica mantener cantidades pequeñas de carnes rojas y blancas, con algo de leche y huevos, agregando más frutas, verduras y proteínas vegetales. Y quienes busquen aun más precisión pueden apelar a las calculadoras de carbono, que además de medir el impacto de las comidas consideran el de los viajes y las compras.

AO PAR