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MODO FONTEVECCHIA
Entrevista exclusiva

Laura Ramos: "Mi niñera era de la KGB y participó en el asesinato de Trotsky"

La escritora y periodista reconstruyó en su último libro la vida secreta de la mujer que la cuidó en la infancia y que integró la elite soviética en América Latina. “Es un personaje complejo, que es una heroína y también tal vez una asesina”, dijo.

Laura Ramos
Laura Ramos | Captura web

La escritora Laura Ramos conversó en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190) sobre “Mi niñera de la KGB", su último libro, que cuenta cómo la modista que la cuidó en su infancia, era en realidad agente soviética involucrada en el crimen del revolucionario León Trotsky. “No era una soplona de cuarta categoría, era una espía de elite", afirmó.

Laura Ramos es una destacada escritora y periodista argentina, conocida por sus crónicas de la cultura joven de los años 90 y sus investigaciones históricas sobre figuras femeninas y el siglo XIX. Se desempeñó como periodista en diferentes medios nacionales, como La Nación, Clarín y Página 12, entre otros. Por su trayectoria en letras ha sido reconocida por la Fundación Konex. Entre sus obras más destacadas se encuentran "Buenos Aires me mata", "Las señoritas" y "Diario íntimo de una niña anticuada". Su publicación más reciente es "Mi niñera de la KGB", donde reconstruye la historia de su infancia en Uruguay y Argentina junto a una mujer llamada María Luisa, que resultó ser la espía soviética África de las Heras.

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Quedamos conmocionados con la historia de quien la cuidaba a usted y a su hermano, que era una espía de la KGB.

Sí, fue realmente un shock cuando vino mi hermano un día, hace muy pocos años, creo que fue en 2019. Yo estaba trabajando en un libro sobre las maestras que trajo Sarmiento, en el siglo XIX, y viene mi hermano con esta historia del siglo XX y me dice: “Laura, ¿te acordás de María Luisa?”. Y yo le digo: “María Luisa, la modista, claro, la señora que nos cuidaba”. Y me dice: “Bueno, era una espía de la KGB”. Yo me quedé estupefacta y no le creí. Dije: “No, no puede ser. ¿Qué me estás diciendo?”. Entonces él había viajado a Montevideo en esos días, y me trajo una documentación de las confesiones de un ex espía de la KGB, que fue el jefe de ella, el que dirigió el asesinato de Trotsky. Y en este libro él habla de África de las Heras, “nuestra mejor espía”, así la llama. No era una espía de segunda, no era una soplona de cuarta categoría, era una espía de elite.

Me gustaría que pusiera en contexto a nuestra audiencia, incluso a aquellos más jóvenes, que no alcanzan a comprender por qué podría haber interés de la ex Unión Soviética en colocar un espía en su casa.

En realidad, nosotros éramos solo su tapadera, porque ella pertenecía a la elite de la KGB. Mi niñera era de la KGB y participó en el asesinato de Trotsky. Entonces la KGB necesitaba poner en América Latina un centro de la KGB, tener una unidad básica en América Latina, y eligieron Montevideo porque era un país muy tranquilo, no había tantos movimientos políticos como en otros países. Entonces mandan a esta española a París a conquistar a un escritor uruguayo, Felisberto Hernández, uno de los más grandes escritores uruguayos, que era pobrísimo, vivía en una pensión donde tenía que lavar los platos en el bidet. Le mandan a esta mujer muy seductora, hermosa, que tenía 36 años y era muy sexy, y tenía un gran poder sobre los hombres. La mandan, se presenta ella como una modista de alta costura, burguesa, de buen pasar, y lo seduce en cinco minutos. Logra casarse con él, logra la ciudadanía uruguaya y se instala en Montevideo.

Ahí se pone en contacto con los amigos de Felisberto, que eran intelectuales. Entre ellos estaba mi madre, que era muy jovencita en ese momento. Esto pasó en el año 1947. A fines del 47 se instala María Luisa, porque su nombre de guerra era María Luisa la modista. Se instala en Montevideo, conoce a mi madre en el 48. Mi madre se vuelve a Buenos Aires y, cuando nosotros volvemos a Montevideo, mi madre, mi hermano y yo, en el año 1961, mi madre se pone en contacto con sus viejos amigos de Montevideo, entre ellos con María Luisa la modista. Entonces nuestra infancia pasa en este círculo de intelectuales y de artistas que eran la cobertura de ella, porque ella estaba montando la base de la KGB que iba a recibir a los espías soviéticos que iban rumbo a Estados Unidos.

Stalin, cuando la mandó en el 47, estaba detrás de la bomba atómica. Entonces él quería espiar los secretos atómicos de Estados Unidos, pero ¿cómo iba a lograr insertar a estos espías soviéticos en Estados Unidos? No podía insertarlos directamente. Entonces los mandaba a Montevideo, ella les confeccionaba documentos falsos y, con esos documentos falsos, se iban estos rubios de dos metros llamados Ramón González a Estados Unidos a insertarse en los círculos de los secretos atómicos.

Pero ¿cómo conseguía María Luisa la modista estos documentos? Ella se tomaba un ómnibus ahí en el centro, en la plaza Cagancha, en Montevideo, que nos hacía reír mucho a los chicos el nombre. Se tomaba el ómnibus y se iba a los pueblitos del interior, a los cementerios, a buscar las tumbas de los niños muertos. Entonces encontraba la tumba de un niño muerto y veía que la edad del niño, si hubiera vivido, coincidía con la del espía que le iban a mandar. Conseguía el certificado de nacimiento y en Montevideo los soviéticos habían encontrado una línea muy fina en la oficina donde se hacían los documentos: el empleado que sacaba la foto no era el mismo que recibía la firma de la persona que se hacía el documento. Entonces llevaban a una persona de un asilo, de un lugar de enfermos mentales, le hacían firmar y después el que se sacaba la foto era el espía soviético, y así le conseguía los documentos.

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¿Qué tenía que ver ella con el asesinato de Trotsky en México?

Esto es muy interesante. Ella era de habla española, había participado en la guerra civil y se había destacado como luchadora. Entonces la KGB vio que era una mujer muy arrojada. Vio el cuadro y la captó para sus filas. Mientras tanto, Trotsky, que era uno de los líderes de la revolución luego de la muerte de Lenin, confronta con Stalin. Eran los dos candidatos a seguir la revolución. En esta puja de poder, Trotsky, derrotado, empieza a peregrinar por el mundo porque no encontraba visa. Entonces México, a instancias de Diego Rivera y de Frida Kahlo, la pareja de pintores, se entusiasman con Trotsky y consiguen una visa. Desde Noruega se toma un barco rumbo a México y la KGB mira inmediatamente a sus cuadros españoles, porque se va a un país de habla española, y qué mejor que esta joven, sexy, inteligentísima guerrera, África de las Heras.

La mandan a México y ella logra insertarse en el estrecho secretariado de Trotsky como traductora del francés. Allí hace un plano de la casa de Frida, porque Trotsky se alojó en una primera instancia en la casa de Frida Kahlo, que ella le ofreció, la casa de su infancia. Ella vivía con Diego a pocas cuadras. Entonces él se instala en la casa de Frida y allí, en un momento, hacen como una especie de contrajuicio de Moscú contra Stalin. La toman por tres meses a María Luisa como secretaria y traductora. Ella dibuja los planos, se los da a su jefe de la KGB y hace un sumario muy detallado de todo el secretariado, quiénes eran, cuáles eran los movimientos de la casa, quiénes rodeaban a Trotsky, porque Stalin estaba planeando su asesinato.

¿Estuvo alguna vez allí, en la casa de Trotsky en México?

Sí, por supuesto.

Vio qué austeridad, ¿no?

Sí, pero la vegetación es tan colorida. Para alguien que venía de la Unión Soviética y había estado exiliado, para Trotsky y para su mujer, Natasha Sedova, fue una gran alegría.

¿Qué importancia tiene el poder de las mujeres sobre los hombres en toda esta historia de espías? No solo la seducción del escritor uruguayo, sino también la propia Frida Kahlo tuvo alguna relación con Trotsky. ¿Hasta qué punto en esta historia de espías el poder femenino sobre la masculinidad termina siendo una herramienta letal?

Lo que pasa es que si juntamos la inteligencia de una mujer, la capacidad de lucha junto con su atractivo es infalible. Y esas cualidades no siempre se dan o no siempre la sociedad permitía que afloraran. En este momento, estas mujeres, justamente usted nombra a Frida Kahlo, que era una mujer que, como África de las Heras y como mi madre y el círculo de mujeres que la rodeaba en Montevideo, tenían ideas feministas muy avanzadas para la época. Tenían ideas sobre la libertad sexual que equiparaban la libertad sexual de las mujeres a la de los hombres.

Este conocimiento que yo tuve sobre mi madre y el grupo de mi madre, y por lo tanto las amigas, que eran un poco discípulas de África porque eran más jóvenes, me permitió comprender algunas de las habladurías que había sobre África. Esto no es una habladuría, está documentado en un libro de un republicano, Jaime Miravitlles, que dice en ese libro que África, cuando era joven y estaba en la guerra civil española, ella

Las patrullas de control de Barcelona que buscaban fascistas, y ella era la jefa de los interrogadores, con seis hombres a su cargo. Esta patrulla, según este historiador republicano que escribió este libro, cuando terminaban de interrogar a los fascistas a la madrugada participaban de orgías dirigidas por África. Según este republicano, ella participaba y alentaba estas orgías y ella tenía sexo con todos y cada uno, y más de una vez, dice él en este libro.

Cuando yo leí esto me horroricé, pensé que era una calumnia contra ella. En la investigación tuve que ir a África, al norte de África, que es donde ella nació, a Cambridge a buscar los papeles de un espía arrepentido y viajé por varios lugares, entre ellos fui a Cuba. En Cuba me encontré con una amiga de mi madre y una muy joven amiga de África de las Heras que no me desmintió en absoluto. Me dijo que la moral de ella y la ética sexual de ellas, permitía perfectamente este tipo de actividades sexuales y el goce para la mujer era equiparable al de los hombres. No me documentó esta historia, pero me la aseveró, me dijo que podía haber sido posible y que en tal caso no era tomado por ellas como una calumnia, sino en tal caso como una descripción de una vida de una mujer libre.

¿Estuvo en Rusia?

No, no pude ir porque en ese momento se declaró la guerra.

Lo interesante en el caso de África Las Heras es que me parece importante compartir con la audiencia nuevamente más joven la diferencia de la importancia del español en Rusia antes y después de Cuba. Es decir, en lo que usted me está contando era difícil encontrar espías que hablaran español. Entonces, el reclutamiento de la guerra civil española parecía el lugar más natural. Después de Cuba, todo por el contrario. Ya caída la ex Unión Soviética, la Academia Nacional de Moscú tenía 80 expertos en relaciones internacionales que hablaban perfecto español, más que el Departamento de Estado norteamericano, por Cuba. Eso marca una diferencia sustancial a partir de los 60.

Claro.

¿Qué pasó con ella después?

Ella activó así en Montevideo durante casi 20 años, porque fue en el 48 y se fue en el 67. Ella después se fue a la Unión Soviética. Después de México se fue a la Unión Soviética, donde recibió adiestramiento como espía, participó en la Segunda Guerra, se tiró en paracaídas sobre las tropas alemanas en retirada. Ella se tiró en paracaídas, María Luisa la modista, la señora que me cuidaba, sobre las tropas alemanas de la retaguardia en Ucrania y participó como radista, porque la adiestraron como radista. Ella era, según los documentos a los que accedí, la mejor radista y la más arriesgada. Ella obtuvo un adiestramiento de guerrera. Después de esto le dan la nacionalidad soviética, la nombran agente internacional y la mandan a París. Allí seduce a Felisberto Hernández, al uruguayo, se va a Montevideo. Y en Montevideo, hasta la publicación de este libro, no se sabía qué había sucedido. A grandes rasgos se había pensado que ella simplemente se dedicaba a hacer los documentos para los espías soviéticos.

Sin embargo, como yo participaba del círculo de amigos de ella, fui a ver a mis antiguos amigos de la infancia y allí descubrí dos crímenes que presuntamente ella cometió. Yo no la puedo acusar porque yo no tengo pruebas, que lo decida la justicia, pero hay dos crímenes sin resolver en Montevideo. Uno, de un aparente atentado al Che Guevara. El Che Guevara fue en el año 1961 a Montevideo, fue a la conferencia de Punta del Este y, de regreso de la conferencia de Punta del Este, pasó por Montevideo y dio una conferencia. A esa conferencia fue un joven historiador que, al salir, fue asesinado. La policía en un primer momento pensó que había sido un crimen, una bala destinada al Che Guevara, y eso es lo que pensó todo el mundo. Sin embargo, lo que descubrí en estos viajes a Montevideo que hice fue que este historiador había sido cooptado por María Luisa como espía y había querido salirse de la KGB. Y cuando quiso salirse, según su viuda, ella lo mandó a asesinar.

La KGB también desconfiaba del propio Che Guevara...

Exacto.

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Me gustaría que hablara de su padre.

A me dolió mucho esta historia porque nosotros éramos hijos de dos trosquistas. Mi padre en su juventud era un trosquista romántico y mi madre también, porque toda la peregrinación de Trosky en el exilio había sido seguida por los jóvenes de todo el mundo como si fuera una novela por entregas, porque iban día a día viendo que los países le cerraban la entrada, que era un profeta exiliado. Entonces se creó un mito romántico muy afectivo, muy emocional alrededor de la figura de Trosky. Y cuando nosotros, mi hermano y yo, éramos chicos, mi padre nos contaba, como si otro padre le puede contar a sus hijos las travesuras de su abuelo o las historias familiares, él nos contaba las historias de Trosky y los títeres en la casa familiar eran: Trosky era el bueno y Stalin era el malo. Entonces, con un palo el títere de Trosky le pegaba a Stalin y nosotros aplaudíamos. Para nosotros Trosky era una figura muy familiar, muy íntima.

Hay una frase muy linda sobre Honoré de Balzac, por un personaje de Balzac que se suicida, que se llama Luciano de Rubempré. La frase dice: “La mayor tragedia de mi vida fue el suicidio de Luciano de Rubempré”, un personaje literario. Y yo creo que de alguna manera podríamos decir que la mayor tragedia de nuestra vida había sido el asesinato de Trosky. Para nosotros era algo que nos causaba dolor y enterarnos de que la señora que nos cuidaba había sido parte del equipo del asesinato de Trosky fue una herida terrible. Mi padre después viró del trosquismo, creó su propio partido, actuó en la Argentina, fue candidato a presidente, embajador y tuvo bastante actuación política. Y él se hubiera sorprendido muchísimo de saber que había tenido contacto con una espía soviética que había participado en el asesinato de su gran héroe, el gran héroe de su juventud.

Para mí fue una gran herida. Tuve que sobrellevarla, tuve que hacer una especie de pacto con el diablo para escribir este libro, porque yo no podía escribir un libro en el que odiara a mi personaje, no podía. Entonces tuve que también reconciliarme con el personaje y me reconcilié porque las actividades de ella como guerrillera en Ucrania sobre las tropas nazis me parecieron dignas de una heroína y porque ella, según muchos, en la propia guerra civil española, cuando ganó Franco, hizo cruzar por los Pirineos a decenas y cientos de españoles republicanos que huían y que escriben en sus blogs muy emocionados sobre ella. Ella fue muy querida y salvó muchas vidas.

Entonces es un personaje complejo, que es una heroína y también tal vez una asesina, porque además el segundo asesinato que descubrí en Montevideo que cometió fue su tercer marido. Cuando ella se divorcia de Felisberto, una vez que obtiene la nacionalidad uruguaya, Felisberto no le sirve más y lo despacha, se divorcia de él inmediatamente. Y cuando se producen los procesos de Moscú y viene Nikita Kruschev a barrer con el estalinismo, le mandan un jefe. Ella no tenía jefe. En ese momento le mandan un jefe, que es un espía soviético muy relevante, había sido secretario de Palmiro Togliatti, un famoso comunista italiano, se casa con él, hace un casamiento en Montevideo y en un momento este hombre muere repentinamente.

Y yo descubro un cassette grabado que dejó antes de morir la esposa del historiador asesinado y ella cuenta que ella también había sido cooptada por María Luisa como espía y había ido ella a los cementerios a buscar las lápidas de los niños muertos y que ella había sido quien le había ayudado a María Luisa a arrastrar el cadáver de Valentino, tal era el nombre ficticio del espía italiano, que la ayudó a arrastrar el cadáver de un cuarto a otro de la casa de la calle Williman, donde nos cuidaba a nosotros. Según esta grabación, María Luisa habría asesinado también a su tercer marido en la misma casa donde nos cuidaba a nosotros.

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