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MODO FONTEVECCHIA
Libertad de expresión

Presidente de FOPEA: “Los ataques de Milei al periodismo se reproducen en todas las provincias”

Fernando Stanich advirtió que existe una “censura ambiental” que favorece la autocensura y sostuvo que los mecanismos de hostigamiento contra la prensa se están replicando en distintas provincias del país.

Milei con las Fuerzas del Cielo
Milei con las Fuerzas del Cielo | CEDOC

La situación de la libertad de prensa y el aumento de las agresiones contra periodistas se han convertido en un tema de creciente preocupación en Argentina, a partir de informes que registran un incremento de los ataques y denuncias de hostigamiento. A partir de su entrevista en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), Fernando Stanich afirmó que “los ataques de Milei al periodismo se reproducen en todas las provincias” y advirtió sobre el impacto que este clima de confrontación tiene sobre la libertad de expresión y el ejercicio de la actividad periodística.

El periodista y columnista político tucumano con trayectoria en medios gráficos, radiales y televisivos, Fernando Stanich, fue editor y columnista de Política en el diario La Gaceta, fue coautor de libros de investigación periodística y se especializó en temas políticos y de libertad de expresión. Actualmente preside el Foro de Periodismo Argentino para el período 2025-2028. Dentro de la organización coordinó durante varios años el Monitoreo de la Libertad de Expresión y es una de las voces más activas en la defensa del periodismo y la libertad de prensa en Argentina.

Hoy comenzamos nuestro programa con una editorial sobre el periodismo y queríamos terminar de la misma manera. A vos, como referente del periodismo y presidente de FOPEA, que registró 278 ataques en el último año, un récord histórico contra el periodismo en la Argentina, de los cuales 119 fueron atribuidos directamente al Presidente, queremos escucharte alguna reflexión para compartir con nuestra audiencia.

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La reflexión que podríamos hacer es que yo califico a la censura que estamos viviendo en la Argentina como una censura ambiental. Digo “ambiental” porque no hay una forma de silenciamiento que sea espectacular o sanguinaria, sino una manera muy corrosiva de ir limitando la libertad de expresión y de prensa en el país a través de mecanismos burocráticos, campañas de desprestigio, estigmatizaciones, insultos y la utilización de la Justicia, tanto civil como penal, para ir amedrentando periodistas.

Todo eso va generando un campo minado donde los periodistas tenemos que desenvolvernos y desarrollar nuestra tarea, y eso provoca cada vez mayores niveles de autocensura.

Mencionabas recién los 278 casos que nuestro monitoreo relevó el año pasado, siendo 2025 el peor año para la libertad de expresión en la Argentina desde 2008, que es cuando FOPEA mide año tras año la evolución de la libertad de expresión. Pero eso muestra solamente los casos en los que el periodista se atreve a denunciar la situación de vulneración de derechos en la que se ha visto involucrado. Hay un sinfín de otros casos en los que se ha naturalizado el silenciamiento por parte de los colegas, sobre todo en el interior del país.

Uno se queda con la imagen de un Presidente que agrede e insulta, pero eso se va replicando en cada una de las provincias y, peor aún, los modos se multiplican y se repiten.

Hoy uno se encuentra con el mismo esquema de ejército digital y de trolls atacando periodistas en diferentes provincias. Esos colegas, muchas veces, están mucho más indefensos y tienen menos capacidad de protección que quienes trabajan para un medio importante a nivel nacional.

Lo que vos me estás diciendo es que hay gobernadores e intendentes que imitan a Milei atacando periodistas de la misma manera o con modos similares.

Sí. Y también hay un esquema político vinculado a La Libertad Avanza que en las provincias va replicando el modelo Milei, por llamarlo de alguna manera, de relación con la prensa.

Se han creado cuentas anónimas en redes sociales mediante las cuales periodistas de muchas provincias son hostigados de manera permanente cada vez que publican algo que incomoda al gobierno local o genera algún roce con los referentes libertarios de esa provincia.

O sea, ya no es simplemente la autoridad gubernamental, que sería el gobernador, sino la propia La Libertad Avanza criticando a los periodistas del lugar, aun sin ser gobierno todavía.

Totalmente. Eso se va replicando. Sucede en muchas provincias de la Argentina y se incrementa a medida que se acerca, entiendo yo —esto ya es una valoración muy personal—, el escenario electoral de 2027.

Sobre todo con los periodistas críticos, con los periodistas que realizan análisis político en cada una de las provincias. Ellos son los que terminan siendo víctimas de estas campañas de desprestigio.

Reporteros Sin Fronteras bajó a la Argentina entre 2023 y 2026 a la mitad de la tabla. Estábamos en el puesto 40 y descendimos al 98. Al mismo tiempo, la Academia Nacional de Periodismo publicó ayer una solicitada en la que critica a los partidos políticos republicanos que eran tan críticos del kirchnerismo cuando cuestionaba al periodismo y no lo hacen ahora, marcando una especie de doble vara y sosteniendo que no importa del sector que provenga una actitud antirrepublicana: merece la misma crítica. Me gustaría una reflexión tuya sobre eso.

Coincido plenamente con esto de la doble vara respecto de quién es el emisor del mensaje.

Me parece que ahí hay una gravedad, o por lo menos una hipocresía, desde el punto de vista del civismo, de la democracia y del valor que tiene el debate público. Si en algún momento se criticaba a un sector político o a un gobierno por su relación con la prensa, por los agravios y por la estigmatización, se tiene que medir con la misma vara la actuación de este gobierno. Y eso no lo estamos viendo.

Nosotros, desde FOPEA, venimos advirtiendo desde hace tiempo que hay un silencio muy importante de sectores de la política, sobre todo de partidos con una historia vinculada a la defensa de los valores democráticos, una característica muy identitaria de esas agrupaciones, que hoy permanecen callados o, por lo menos, son permisivos en cuanto a las formas. Y cuando hablamos de las formas, no hablamos solamente de una cuestión de buen o mal gusto. Hablamos directamente de lo que generan esas formas, porque el insulto, el agravio y la discriminación discursiva terminan produciendo un efecto multiplicador en las provincias.

Y no solamente desde lo discursivo, sino también desde la posibilidad de la violencia física.

Porque si un referente político, la máxima voz de la Argentina y de un espacio político, se refiere de esa manera al periodismo o a periodistas con nombre y apellido, después los militantes políticos de ese espacio pueden sentirse habilitados para hacer lo propio. Y eso es lo que está ocurriendo. Frente a eso se hace silencio y no se termina de ponderar la gravedad de lo que está pasando.

El año pasado tuvimos un caso de violencia extrema en el que Pablo Grillo casi pierde la vida. Todavía se está recuperando ese fotoperiodista de la agresión que sufrió durante la cobertura de una movilización en Buenos Aires.

Estamos muy cerca de sobrepasar límites que pueden llegar a ser sumamente peligrosos en la Argentina.

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Me parece que tanto las fuerzas políticas vinculadas a la democracia y a los valores democráticos como las organizaciones de la sociedad civil que defendemos la pluralidad de voces y el debate cívico tenemos que alertar sobre la gravedad de lo que está pasando.

Y, para cerrar, estuve hace un par de semanas en México en un evento organizado por la UNESCO. Todo esto de lo que estamos hablando ahora en la Argentina es algo que precedió a la violencia que hoy tienen enquistada en el debate político y público algunos países de Centroamérica.

Son momentos en los que hay que pensar que estamos muy cerca de cruzar límites que pueden llegar a ser realmente peligrosos y de los que después quizás sea muy difícil volver atrás.

MV / EM