La estabilidad económica y la inestabilidad política de Perú fueron el punto de partida de una conversación en la que Francisco Sagasti, expresidente del país andino, analizó las diferencias y similitudes con la realidad argentina. Con la llamada “peruanización” como eje, repasó la fragmentación de los partidos, las sucesivas crisis institucionales y los factores que permitieron sostener durante décadas una relativa estabilidad macroeconómica, en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190).
Durante la entrevista con Jorge Fontevecchia, Sagasti explicó por qué un país puede atravesar una profunda crisis de representación política sin que eso implique necesariamente un colapso económico. También se refirió al regreso del sistema bicameral, cuestionó las reformas constitucionales impulsadas en los últimos años y planteó su mirada sobre las elecciones primarias: “El demonio está en los detalles”, advirtió al analizar los mecanismos para limitar la proliferación de partidos políticos.
Es ingeniero industrial, investigador y dirigente político peruano. Se desempeñó como presidente de Perú bajo el gobierno de transición y emergencia entre noviembre de 2020 y julio de 2021. Asumió el cargo por sucesión constitucional en su calidad de presidente del Congreso, tras la destitución de Martín Vizcarra, la renuncia de Manuel Merino y las masivas protestas sociales de noviembre de 2020. Creó el Grupo de Análisis para el Desarrollo (GRADE), donde fue director ejecutivo. Además, trabajó como jefe de planeamiento estratégico del Banco Mundial y presidió el Consejo Consultivo de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo de la ONU.
Francisco, muy buenos días. Jorge Fontevecchia lo saluda. Usted habrá escuchado que se utiliza una especie de neologismo para definir a la Argentina: la “peruanización de la Argentina”. Por eso le prestamos mucha atención a lo que sucede en Perú, tratando de ver y corregir cierto futuro en el que hay aspectos positivos y aspectos negativos. El aspecto positivo, obviamente, es la estabilidad económica de la moneda del Perú; y, por el otro lado, el negativo es la inestabilidad política, de la cual usted mismo es uno de los significantes. ¿Cómo nos podría ayudar a comprender el proceso de Perú, que tuvo tantos presidentes en una década —usted uno de ellos—, lo que hoy significa finalmente el triunfo de Fujimori después de tantos intentos, y la paradoja de que a un país le vaya bien económicamente —o por lo menos eso parece a la distancia— y mal políticamente?
Bien. Muchísimas gracias, señor Fontevecchia. Un gusto estar con usted y con todos los televidentes y oyentes de su programa. En primer lugar, yo creo que, si bien Argentina puede estar aproximándose a Perú, le falta mucho en el sentido de que todavía no han llegado a tener ocho o nueve presidentes en cinco años. En fin, cuando lleguen a ese nivel de inestabilidad, creo que podremos estar en la misma liga. Pero la razón de este descalabro en el Perú es el deterioro del sistema político en la actualidad. En realidad, el Perú representa la vanguardia de este tipo de situación que estamos viendo en otros países también. ¿Qué quiero decir con esto? Que ha habido una fragmentación del espectro político; ya no tenemos dos o tres partidos fuertes. En las últimas elecciones participaron 36 partidos políticos, de los cuales quedaron nueve que pasaron la valla. Eso da una idea de que la política convencional a la que estábamos acostumbrados —con doctrina, ideología y programas— ha sido puesta de lado gradualmente desde principios de los 90. Ahora será absolutamente necesario reconstituir y reconstruir el panorama político en un contexto turbulento, cambiante y sumamente difícil. Este es un proceso histórico que ha acabado con una inestabilidad política. Por el lado económico, la cosa es un poco más sencilla. Al igual que otros países de la región, el Perú depende mucho de las exportaciones de productos primarios. Hemos tenido la suerte de que, durante estos últimos años, los precios de la gran mayoría de los productos de exportación del Perú han estado por las nubes. El Perú, en comparación con otros países del mundo, tiene una enorme diversidad de recursos naturales —lo que he llamado en algún momento una “diversidad de diversidades” de suelos, minerales, fuentes de agua, bosques y pesquerías—, de tal forma que cuando los precios de algunos productos caen, otros suben. Esto nos ha permitido aprovechar los extraordinarios precios del cobre, el oro, la plata, el zinc y de otros productos como la agroindustria y la pesca.
Ahora, Francisco, los países del Atlántico también tienen precios de sus materias primas exportables que han crecido de manera muy contundente, casualmente en las primeras dos décadas o década y media de este siglo. Sin embargo, no tienen el performance económica de Perú. Debe haber algo más.
Sí. A mí me gusta siempre indicar cuáles son los factores estructurales subyacentes sobre los cuales se montan los factores políticos. En los años 80 tuvimos un proceso inflacionario realmente increíble: llegamos hacia el año 1989 y 1990 a tener 1.700 % de inflación anual. Esto creó una situación absolutamente caótica. En ese momento, debido a la hiperinflación y al terrorismo, los ingresos del Gobierno por impuestos representaban solo el 5 % del Producto Bruto Interno. Por lo tanto, hubo que hacer un programa de ajuste brutal durante los 90 y un cambio radical en la política económica. Los peruanos aprendimos de eso y valoramos la estabilidad macroeconómica. Durante los últimos 25 o 30 años hemos visto una política con un Banco Central independiente y, en la mayoría de los casos, un Ministerio de Economía y Finanzas sensato. Hemos visto congresos que no trataron de romper el erario público con gastos, hasta el último Congreso. En la actualidad, Fuerza Popular, el partido que está ahora en el Gobierno y que tiene la presidencia del Senado, aprobó durante los últimos 10 años una serie de medidas que básicamente torpedearon el erario y redujeron los ingresos fiscales, al mismo tiempo que aumentaban el gasto. Ahora el nuevo gobierno de la señora Fujimori se enfrenta a una situación muy compleja que va a ser necesario manejar para mantener esa estabilidad económica que contrasta con la inestabilidad política. Si no toma medidas radicales y claras en el campo de la economía, del gasto público, de las exoneraciones tributarias, de la reducción del aparato estatal y de la apertura de espacio para la inversión privada, vamos a tener una situación muy parecida a la que enfrentan otros países de la región.
Ahora, Francisco, si no entiendo mal, el partido de Keiko Fujimori controlaba el Congreso o era la fuerza mayoritaria. O sea que parte de esas medidas que ella ahora tendría que corregir fueron producidas o estimuladas por su propio partido, ¿o entiendo mal?
Tiene usted toda la razón. Las plantearon, las estimularon o las aceptaron. Ahí realmente hay una de esas maldiciones que tenemos en la política de nuestros países: uno termina enfrentándose a sus propios errores y descalabros. Le voy a dar un ejemplo muy claro: en este momento se trata de hacer una reforma de la Policía. Se ha nombrado a un nuevo ministro del Interior que es una persona muy capaz, fue el jefe del Comando Conjunto en la época de mi Gobierno y con quien tuvimos una excelente relación. Sin embargo, dado que hay una ley que pasó el Congreso, en la cual Fuerza Popular tenía un peso predominante, no se puede cambiar al director general de la Policía por un mínimo de dos años. Ahora se quiere hacer este cambio y el Ejecutivo se encuentra con una restricción que ellos mismos promovieron o apoyaron. Ahí vemos lo que a mí me sorprende como alguien que ha estado estudiando las políticas públicas, el planeamiento estratégico y las estrategias de desarrollo: lo cortos de vista que han sido estos partidos que, por restringir y atacar al Gobierno en ejercicio, no se dan cuenta de que ellos mismos van a enfrentar esas restricciones si llegan al Gobierno.
Francisco, a usted le tocó ser presidente del Perú en un momento en que el Congreso funcionaba de manera unicameral. Desde la perspectiva argentina, esto facilita los impeachments, porque una sola cámara se tiene que poner de acuerdo para deponer a un presidente. Ahora entiendo que vuelven a un sistema bicameral con Senado y Diputados. Como usted mencionó, el partido de Keiko Fujimori controla el Senado, una de las dos cámaras. A su juicio y por su propia experiencia, ¿el sistema unicameral era parte del proceso de inestabilidad? ¿Con el sistema bicameral Perú va a encontrar una mayor estabilidad política?
Mire, hay que distinguir lo que es en principio de lo que es en la práctica. Desde el punto de vista conceptual, un Congreso bicameral es mucho más estable, tanto para el Ejecutivo como para el Parlamento. Sin embargo, el problema está en los detalles. A la hora de aprobar a la carrera —sin consulta pública y en contra de la voluntad popular expresada en un referéndum— el paso a la bicameralidad, se introdujeron una serie de cambios en la Constitución que básicamente debilitan la capacidad del Ejecutivo con respecto al Congreso. Por ejemplo, se ha desvirtuado el tema de la cuestión de confianza. Anteriormente, el Ejecutivo se la planteaba al Congreso y el Congreso tenía que aprobarla o desaprobarla. Pero ahora, en la nueva Constitución —que, dicho sea de paso, a mi juicio convirtió al Congreso anterior en una “asamblea constituyente clandestina”, porque sin debate público y sin tener el mandato modificó más de 50 artículos entre gallos y medianoche—, el Ejecutivo se encuentra en una situación realmente desventajosa. No puede plantear la disolución del Congreso cuando le niega en dos oportunidades un voto de confianza, y solo podría hacerlo si el Congreso acepta ser disuelto. Estamos en una situación muy complicada y difícil, producto de reformas constitucionales hechas de manera atropellada, a la carrera y con objetivos de corto plazo.
Normalmente, el sistema bicameral existe en organizaciones nacionales federales donde hay estados provinciales y el Senado representa a las provincias, mientras que Diputados representa al total de la población. ¿Cuál es el régimen de representación que diferencia al Senado de Diputados en el caso de Perú?
Los requisitos para postular a uno y a otro son distintos, pero en el Senado lo que hay es una mezcla. Algunos senadores son elegidos en circunscripción nacional —es decir, por todos los electores— y otros son elegidos por regiones. Tenemos una mezcla de los dos sistemas que me parece bastante razonable, en el sentido de que algunos representantes en el Congreso deben representar a toda la ciudadanía y otros a los intereses regionales. Es una mezcla lo que tenemos en el Perú en la actualidad.
Para compartir con nuestra audiencia: Perú, a diferencia de Argentina, Brasil y México, como el resto de los países de América Latina, no tiene un sistema federal y no tiene Estados independientes y provinciales.
Todavía no. Lo que se ha hecho es un proceso de regionalización que ya tiene más de 20 o 25 años, pero fue un proceso improvisado y truncado que da responsabilidades a las regiones sin darles los elementos necesarios. Francamente, lo que se ha hecho es democratizar la corrupción: si anteriormente estaba concentrada en el Gobierno central, ahora la tenemos distribuida también en los gobiernos regionales y locales.
Por último, usted mencionaba que uno de los problemas era la fragmentación, con una treintena de partidos presentándose a las elecciones. Al mismo tiempo, algunos analistas peruanos nos contaban en las últimas semanas que en algún momento hubo una ley de PASO —Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias— que luego no se llegó a aplicar. Como en la Argentina existe la discusión sobre eliminar las PASO, me parece muy interesante su visión respecto de qué beneficio tendría una ley de primarias obligatorias y simultáneas que reduzca de 36 candidatos a 10, eliminando el inconveniente que planteaba. ¿Cuál es su visión sobre las PASO?
En principio me parece correcto, y esa discusión ha tenido una amplia difusión en el país. Pero, como se dice, el demonio está en los detalles. Hay que ver exactamente qué se plantea y cuáles son los procedimientos. En el Perú tenemos un dicho que creo que se aplica a toda América Latina: “Hecha la ley, hecha la trampa”. Hay formas de modificarlas. Hay que tener mucho cuidado con los requisitos para que cada partido participe en el proceso de las PASO y con el financiamiento de las campañas electorales. Si dejamos que sea el sector privado —o, en el caso del Perú, el sector de economías ilegales— el que financie a los candidatos y partidos, nos encontramos con que varias de esas tres docenas de agrupaciones tienen claros vínculos con la ilegalidad. Por eso el detalle es clave. Se requiere reflexión y análisis de la experiencia de otros países. En principio, las primarias simultáneas y obligatorias son un mecanismo adecuado para reducir la proliferación de partidos que representan intereses muy específicos, puntuales, personales o de economías ilegales.
Francisco Sagasti, muchísimas gracias. Fue muy claro y didáctico. Valoramos su tiempo y le deseamos lo mejor al Perú y a usted.
Muchas gracias, señor Fontevecchia, a usted y a todos sus oyentes. Hasta otra oportunidad.
Hasta otra oportunidad.
LMM