03 dic 2020
OPINIóN |Otras grietas
viernes 20 noviembre, 2020

Conectividad universal y educación

La pandemia hizo visible la poca atención brindada desde las políticas públicas de educación y de inclusión digital a la educación no presencial y asincrónica.

Alberto C. Taquini (h.)* y Fernando L. Andonegui**

Niños con tablets Foto: Agencia Shutterstock

La continuidad de la escolarización mediada por tecnologías alcanzó una difusión nunca antes vista, evidenciando al mismo tiempo la enorme brecha en la inclusión digital. Recientemente el Think Tank Nueva Educación elaboró un informe de coyuntura sobre coectividad universal y educación que expone datos clave para el contexto argentino.

Según la encuesta nacional de consumos culturales, sólo un 8% de las personas de sectores de ingresos bajos utilizan Internet al menos una vez al día para estudiar, cuando en los sectores medio bajo ese número es de aproximadamente el 13%, y en el sector alto toca el 50% de los encuestados. Al relevar a la par el uso diario de Youtube, en los sectores bajos se registra un 17% y en los medios un 30% (duplica el ratio de estudio). En los altos, el porcentaje es del 40%. El panorama delata cierto rasgo de subutilización de los medios digitales con fines educativos por parte de los sectores más bajos, a favor de consumos de plataformas de entretenimiento. Asimismo, aunque muchos proyectos de continuidad pedagógica se basaron en el correo electrónico, la misma encuesta revela que casi ocho de cada diez personas de mayores ingresos chequea diariamente o casi diariamente el email, mientras que sólo uno de cada diez de los de menores ingresos lo hace. Estas diferencias requieren de la atención de patrones culturales, contextos habilitantes, oferta de consumos educativos, e incentivos o acciones concretas que los promuevan, o que la norma facilite modelos experimentales disruptivos.

Según la encuesta nacional de consumos culturales, sólo un 8% de las personas de sectores de ingresos bajos utilizan Internet al menos una vez al día para estudiar y en el sector alto el 50% 

La pandemia hizo visible la poca atención brindada desde las políticas públicas de educación y de inclusión digital a la educación no presencial y asincrónica, al mismo tiempo que mostró las falencias de los esfuerzos previos en esa dirección. Estas fallas quedaron expuestas en la inexistencia de plataformas públicas de educación virtual en Argentina previas a la pandemia, debiendo subsanarse parcialmente con las propuestas del Plan Federal Juana Manso recién en agosto, tras casi seis meses de aislamiento. Por su parte, la falta de formación que reciben los docentes para brindar clases asincrónicas y la inadecuación de los programas también se hicieron visibles: tuvieron que cubrir con esfuerzos propios los baches en su formación inicial. Otro tanto ocurrió con los problemas que enfrentaron las instituciones educativas para coordinar sus recursos de manera remota. Como resultado, las distancias sociales que la escuela en parte diluye con sus medios y equipamiento homogéneos, han sido acrecentadas por el aislamiento. Y lo más crítico es que aún no tenemos datos concretos sobre ello.

Aunque seamos un país con más smartphones que personas, se registran debilidades en el dominio de las tecnologías, tanto de los propios estudiantes como de su entorno familiar o social, que presenta limitaciones a sortear para guiarlos en el proceso de aprendizaje en general.

Aunque seamos un país con más smartphones que personas, se registran debilidades en el dominio de las tecnologías, tanto de los propios estudiantes como de su entorno familiar o social

Argentina, si bien posee una conectividad superior a la media global y continental, presenta aún brechas significativas respecto de hogares con computadoras (80% en CABA versus 56% en Gran San Juan), accesibilidad a Internet (92% en CABA versus 71% en Formosa) y velocidad de descarga (59 Mbps en CABA en promedio, menos de la mitad en el 90% del país, con mínimos en Patagonia y Cuyo). Al abordar poblaciones rurales, se registra que sólo dos de cada diez cuentan con acceso a Internet en su establecimiento y cuatro de cada diez en su celular.

Ya no se puede ignorar que el espacio educativo excede al aula física. La nueva educación debería ser capaz de integrar virtualidad y presencialidad como un único espacio legítimo de aprendizaje. Es, así, altamente probable que se generen lugares de encuentro y formas distintas a la escuela tradicional, cambiando también sus roles y objetivos, priorizando prácticas y el descubrimiento más que la transmisión.

Por lo antedicho, la transformación de la educación está asociada a la potencialidad de los recursos para la conectividad. Para que todos estén a bordo del cambio, la alerta constante estará en identificar que en nombre de la reducción de la brecha digital, ésta no se maximice. Serán tiempos en los que las acciones sólidas y sostenidas ganen a las promesas y discursos vacíos.

*Director e ** integrante del think tank Nueva Educación.


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