22 sep 2020
OPINIóN |El Líbano
jueves 6 agosto, 2020

La explosión en Beirut y el fantasma de la violencia política

Lo acontecido en el puerto de la capital libanesa dejó dudas sobre las posibilidades de que algunas facciones hayan recurrido a los atentados para hacer prevalecer sus posiciones.

Vistas del puerto de Beirut, donde se produjo la explosión que dejó cerca de 100 muertos y miles de heridos. Foto: Agencia Afp
jueves 6 agosto, 2020

La explosión en el Puerto de Beirut sumó un infortunio más a la grave situación por la cual atraviesa El Líbano desde hace años. El estallido de un depósito de municiones hasta ahora por causas contingentes provocó cientos de muertos y miles de heridos; las ondas expansivas se extendieron por toda la ciudad creando escenas de pánico en un país acostumbrado a las pesadillas de la guerra.

El Líbano nunca pudo sustraerse a los conflictos que dominan el Medio Oriente a pesar de los esfuerzos para mantener su neutralidad.  La estratégica ubicación  sobre El Mediterráneo, situado entre Israel y Siria  y su escasa población dividida entre musulmanes y cristianos contribuyeron al fracaso de todos los intentos para mantener su neutralidad. La guerra civil entre 1975/1990 dejó profundas cicatrices que dificultaron la formación de un gobierno de unidad nacional que pueda superar las facciones religiosas.

 La estratégica ubicación  sobre El Mediterráneo, situado entre Israel y Siria  y su escasa población dividida entre musulmanes y cristianos contribuyeron al fracaso de todos los intentos para mantener su neutralidad

Las fuerzas de la Organización Palestina de Liberación (PLO) lograron asentarse en el sur de El Líbano en especial después de su expulsión forzosa de Jordania en los desplazamientos conocidos como Setiembre Negro desde los cuales realizaban acciones contra Israel. El ejército sirio ingresó a  El Líbano en 1975 y partió después del asesinato del Primer Ministro Rafic Hariri en 2005. Israel invadió el país en 1978 y 1982 para apoyar a las milicias cristianas contra el PLO. Las fuerzas de paz de las Naciones Unidas creadas por el Consejo de Seguridad en 1978, cuyo mandato fue renovado en 2006, ocuparon la región para garantizar el cese de hostilidades. En 1985 surge Hezbollah con el apoyo de Irán y Siria en representación de los chiitas que constituyen el grupo musulmán mayoritario.

La gobernabilidad de un país dividido en facciones religiosas y condicionadas por las presiones de las fuerzas que buscan la hegemonía en el Medio Oriente no sólo es complicado sino que tiene un elevado riesgo por el fanatismo y naturalidad para los asesinatos políticos. El actual Presidente Michel Aoun, fundados del Movimiento Patriótico Libre (MPL), maronista,  fue elegido en octubre  2016. El Primer Ministro Hassan Diab, fue nombrado en enero de este año con el apoyo de Hezbollah para reemplazar a Saad Hariri quien renunció en octubre último ante las masivas protestas contra la debacle financiera.

El Líbano está inmerso en una profunda crisis financiera. Mientras el precio oficial del dólar es 1500 libras libanesas, en el mercado no-oficial se cotiza a 9000 con una expectativa de inflación del 250%. Los depósitos en dólares están congelados y sólo se permite retirar 400 por semana.  El Líbano inició negociaciones con el FMI en mayo después de suspender el pago de los vencimientos de su deuda externa pero no pudo alcanzar un acuerdo en las diecisiete reuniones. El FMI alega que no existe un criterio unánime para la implementación de un Programa de Recuperación que requerirá el reordenamiento de las finanzas públicas, la independencia del Banco Central, regulaciones para evitar el blanqueo de dinero,  la recapitalización de los bancos y control del movimiento de capitales. Francia y los Estados Unidos han indicado su predisposición a apoyar los esfuerzos para las reformas económicas. Sin embargo, el Secretario Mike Pompeo expresó su oposición a cualquier intromisión de Irán.

El drama del Covid-19 que se abate también sobre el Líbano pareciera no contener las ambiciones y la corrupción desenfrenada de los grupos que anteponen los intereses facciosos sobre el bienestar común

La explosión en el Puerto de Beirut trajo inmediatos recuerdos de la violencia política y las posibilidades de que una vez más algunas de las facciones haya recurrido a los atentados para hacer prevalecer sus posiciones. El espectro de la guerra y el terrorismo todavía están presentes en la memoria y más aún cuando no existe acuerdo de los partidos sobre objetivos nacionales comunes porque no está presente el concepto de Nación. En las últimas semanas Israel denunció  incursiones de Hezbollah en su territorio y se llevaron a cabo operaciones en Siria contra miembros del mismo grupo.

La situación en El Líbano no deja de constituir una preocupación cuando uno observa la crisis económica y la lucha fratricida que impiden la reconstrucción para evitar mayores penurias a los habitantes. El drama del Covid-19 que se abate también sobre El Líbano pareciera no contener las ambiciones y la corrupción desenfrenada de los grupos que anteponen los intereses facciosos sobre el bienestar común.  

  


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