lunes 08 de agosto de 2022
OPINIóN Historia

Bolívar y yo no cabemos en Perú

Los días 26 y 27 de julio de 1822 en la ciudad puerto ecuatoriana de Guayaquil, tuvo lugar la reunión cumbre entre los hombres más poderosos de Sudamérica, el Libertador venezolano Simón Bolívar y el Libertador argentino José de San Martín. ¿Qué pasó entre ellos?

27-07-2022 18:25

Los días 26 y 27 de julio de 1822 en la ciudad puerto ecuatoriana de Guayaquil, tuvo lugar la reunión cumbre entre los hombres más poderosos de Sudamérica, el Libertador venezolano Simón Bolívar y el Libertador argentino José de San Martín, con sus realidades políticas convergentes y divergentes.

Ambos habían manifestado “estrechar y garantizar mutuamente los comunes intereses  hispanoamericanos''. Y en los tratados previos a su encuentro se plasmaron las ideas americanistas continentales comunes no sólo militares, sino también políticas de unidad de ideas y miras.

El testamento del General San Martín

En escasas 40 horas, a puertas cerradas y a solas, conversaron y debatieron sobre el futuro de la América. El hermetismo envolvió a las tres entrevistas…

San Martín guardó casi absoluta reserva en torno a lo ocurrido, sólo se permitió decir, el día que renunció al mando y abandonó Perú, ante la sorpresa y desesperación de su amigo y fiel colaborador, Tomas Guido, expresar que: “Le diré a usted sin doblez. Bolívar y yo no cabemos en el Perú”.

Recién en 1827, ante el requerimiento de su antiguo subordinado, Guillermo Miller -que escribía sus memorias- señaló: “En cuanto a mi viaje a Guayaquil, él no tuvo otro objeto que el de reclamar del general Bolívar los auxilios que pudiera prestar para terminar la guerra del Perú, auxilios que una justa retribución (prescindiendo de los intereses generales de América) lo exigía por los que el Perú tan generosamente había prestado para libertar el territorio de Colombia (..) pero mis esperanzas fueron burladas al ver que en mi primer conferencia con el Libertador me declaró que, haciendo todos los esfuerzos posibles, sólo podía desprenderse de tres batallones con la fuerza total de 1.070 plazas …”.

Más tarde, en 1843, el marino francés Gabriel Lafond de Lurcy publicó su obra “Viajes alrededor del mundo y naufragios célebres” en la que incluyó el texto de la carta que el Gran Capitán escribió a Bolívar el 29 de agosto de 1822, mediante la cual dejó de ser un “misterio” lo sucedido en Guayaquil; carta que los partidarios de Bolívar tildaron de apócrifa: 

“Los resultados de nuestra entrevista no han sido los que me prometía para la pronta terminación de la guerra; desgraciadamente yo estoy firmemente convencido, o de que usted no ha creído sincero mi ofrecimiento de servir bajo sus órdenes con la fuerza de mi mando, o de que mi persona le es embarazosa” (…)

“En fin, general, mi partido está irrevocablemente tomado; para el 20 del mes entrante he convocado el primer Congreso del Perú y al siguiente día de su instalación me embarcaré para Chile, convencido de que mi presencia es el único obstáculo que le impide a usted venir al Perú con el ejército de su mando. Para mí hubiera sido el colmo de la felicidad terminar la guerra de la independencia bajo las órdenes de un general a quien América del Sud debe su libertad; el destino lo dispone de otro modo y es preciso conformarse”.

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¿Qué pasó entre ambos líderes?

Conceptos que San Martín reiteró en el epílogo de su vida en carta al presidente del Perú, Ramón Castilla en 1848: “Si algún servicio tiene que agradecerme la América, es el de mi retirada de Lima, paso que no sólo comprometía mi honor y reputación, sino que me era tanto más sensible, cuanto que conocía que con las fuerzas reunidas de Colombia, la guerra de la Independencia hubiera sido terminada en todo el año 23. Pero este costoso sacrificio, y el no pequeño de tener que guardar un silencio absoluto (tan necesario en aquellas circunstancias), de los motivos que me obligaron a dar este paso, son esfuerzos que usted podrá calcular y que no está al alcance de todos el poderlos apreciar”.

Estas fuentes documentales y testimoniales, junto a la memoria del secretario de Bolívar, José Gabriel Pérez, han sido las más abordadas por los historiadores argentinos y americanos durante el siglo XX hasta la actualidad.

Sin embargo, se suele soslayar el valioso testimonio de Mariano Balcarce, yerno del general San Martín, vigía y custodio del legado y archivo documental sanmartiniano.


Una fuente poco valorada

El intercambio epistolar entre Bartolomé Mitre, que escribiría durante años su “Historia de San Martín” y Balcarce comenzó en 1859 y se afianzó a lo largo de los años, como también el envío de los documentos que Mitre utilizó para su obra. En ese marco, en 1882 Balcarce se refirió a Guayaquil:

“Los (documentos) que yo poseo, y es mi deseo y voluntad pasen a sus manos con el tiempo no arrojan ninguna nueva luz sobre la entrevista de Guayaquil y retirada del Perú cuyas causas se hallan explicadas en la carta a Bolívar y me fueron repetidas veces confirmadas en conversaciones continuas por mi ilustre Padre que me aseguró que no habiendo logrado la cooperación que esperaba del libertador para completar rápidamente y sin gran efusión de sangre la independencia del Perú convencido que su presencia era un obstáculo a las aspiraciones de Bolívar, y podía prolongar por mucho tiempo la guerra y la ruina del país, pues el ejército aliado argentino- chileno se hallaba muy debilitado por las pérdidas sufridas en los campos de batalla y por las enfermedades que lo hacían muy inferior en número al de los españoles, resolvió hacer abnegación de su gloria personal y dejar que Bolívar, con su numeroso ejército completase y consolidase la emancipación del Perú, que era ya un hecho indudable y cesasen así inmediatamente los males de la guerra. La entrevista de Guayaquil no tuvo testigos, estuvieron completamente solos los dos generales y las personas de su séquito solo asistieron a las fiestas que en esa ocasión se dieron”.

San Martín íntimo

¿Pueden tacharse de parcialidad esas líneas? Creemos que no. Lo afirmado por Mariano Balcarce representa una valiosísima fuente sobre un suceso tan discutido por la historiografía sudamericana, que guarda relación con los demás documentos salidos de la pluma de San Martín que han visto la luz y con la “carta de Lafond”.

Hubo un gesto de abnegación, incomprendido entonces, porque no buscaba laureles personales. No hay rencores en aquellas líneas de Balcarce, como tampoco las esbozó en vida el propio San Martín.

A doscientos años de aquel célebre encuentro, ya no hay misterio.

*Martín Blanco y Roberto Colimodio son historiadores.

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