miércoles 26 de enero de 2022
OPINIóN Nuevo ciclo
09-01-2022 02:47
09-01-2022 02:47

Boric, el hijo ilustre

09-01-2022 02:47

El Consejo Municipal de Punta Arenas decidió quitarle al dictador Augusto Pinochet el título de “ciudadano distinguido” y otorgarle el de “hijo ilustre” a Gabriel Boric. Esta acción inicia de manera simbólico-cultural un nuevo ciclo de vida política que se espera definitivo: el ingreso de Chile al desarrollo capitalista con igualdad.

Hay dos desafíos que enfrenta el presidente electo y afectan de manera decisiva a su propio país y a la región en la cual está inserta la Argentina. Por un lado, si podrá consolidar su renovado concepto de Estado de bienestar e instalar finalmente en Chile las reformas que garanticen una nueva distribución de la riqueza. Por otro, si ese modelo podrá influir en la región, no tan solo en las elecciones por venir, sino en la posibilidad fáctica de construir un neodesarrollismo con bases capitalistas de matriz distributiva.

Para esto, se enfrenta a dos contextos. En el plano externo, la consolidación de lo que Juan Tokatlian denomina la “internacional reaccionaria”. Esta organización –por ahora de hecho– reúne a fuerzas políticas que fomentan dos elementos: un mercado librado a sus propias reglas de concentración y desigualdad, y una política con pretensiones moralistas y  restrictiva a los derechos sociales en todas sus dimensiones.      

En el plano interno, el joven presidente deberá enfrentarse al desmantelamiento de un constructo merca-Estado que consolidó un modelo económico de exclusión, con una elite concentrada que es titular de los medios de producción y de su contraparte reguladora.  Asimismo, construir el poder político –con un respaldo social sostenido en el tiempo– para llevar a cabo su agenda de reformas estructurales con eje en un desarrollo distributivo.  

Pero es en el plano de la política exterior donde reside el interés de Argentina.  Aquí se observan las primeras señales que ponen en tensión un pasado con mucha consistencia y poder real con un futuro iniciado en las protestas de 2019, consolidado en la aprobación de la reforma de la Constitución y canalizado políticamente en la elección reciente.

El marco de esta política bilateral se relaciona con la extensión de la frontera en común; las obras en los pasos fronterizos; el crecimiento del comercio exterior en general (con un superávit para la Argentina de 2.381 millones de dólares en 2021); las exportaciones de gas en particular; el valor de las monedas y las políticas monetarias que se apliquen en relación con su impacto en las exportaciones mencionadas; y  las alianzas regionales e internacionales de ambos países.    

Como primera inquietud, se espera la “visita de Estado” (Lagos, Bachelet y Piñera) que el presidente hace a Argentina en el marco de “una coordinación mayor desde el sur de América Latina mirando al mundo, a Asia y a las potencias como China y Estados Unidos, pero con autonomía política”, según declaró el encargado de relaciones internacionales de la coalición. De producirse esta, deberán hacerse declaraciones robustas que les den estatalidad a las realizadas en la campaña electoral en torno a varios temas de la agenda bilateral.

A su vez, fue positiva la no aceptación a la invitación del presidente saliente como acompañante a las cumbres de la Alianza Atlántica y el Prosur, al marcar un límite al continuismo acrítico. Al interior del frente se distinguen claramente ambos espacios regionales: uno estratégico y el otro “con un claro sentido ideológico”.

A lo largo de la campaña, Boric ha demostrado ser plenamente consciente de un tema anestesiado por años en su país como en toda América Latina: el interés nacional y las políticas de Estado son de alguien y para alguien. Cualquier naturalización de ellas es la cristalización de intereses sectoriales y no colectivos.  

*Politólogo y doctor en Ciencias Sociales. Profesor e investigador de la Universidad de Buenos Aires.

En esta Nota