Vinimos on la familia, desde Tucumán, a vivir a Buenos Aires hace aproximadamente 35 años, viajamos, por razones laborales. Mi anclaje con esta querida –hoy muy querida- ciudad era la militancia con Abelardo Ramos y el Sindicato de Amas de Casa.
Como cualquier migrante tuve un tiempo de adaptación. Ni qué decir mis hijos, sobre todo el menor. Vinimos, nos radicamos, como dice la palabra, echamos raíces aquí, en esta capital de todos los argentinos.Los primeros tiempos no eran muy fáciles, había que hacerse un lugar, conseguir un trabajo, conocer el vecindario, que los chicos se adaptaran a la escuela y el colegio. En fin, la vida.
Siempre el ancla más firme lo tuve en las compañeras del sindicato y en los de la militancia, que nos recibieron con cariño y solidaridad, acompañando nuestra adaptación.
Un día, cualquiera, no sé cuál, encontré en el diario Ámbito Financiero un artículo titulado “Amas de casa pasen por caja”, lo firmaba Samuel Gelblung. Yo no lo conocía –como no conocía a casi ninguno de los periodistas de Buenos Aires. Me emocionó lo fotocopié, se lo mandé a todas las compañeras. Hasta ese momento salvo Abelardo y miles de mujeres que nos abrían la puerta de su hogar, nuestra prédica no lograba conmover a quienes toman decisiones –tanto de gobierno como de seleccionar qué temas poner en debate-.
Hoy podemos decir que el SACRA, en sus 43 años y su trabajo a lo largo y ancho del país ha logrado algunos resultados importantísimos: que se haya popularizado la discusión sobre políticas públicas para atender el cuidado de personas. Del mismo modo acompañamos con gran dedicación la extraordinaria moratoria previsional que puso en marcha Néstor Kirchner, tanto desde el sindicato como desde las diferentes funciones que cumplíamos en provincias y en la nación. Esa moratoria fue de tal magnitud para que más de dos millones de mujeres lograran acceder a algún grado de autonomía económica y se popularizara como Jubilación de Amas de Casa, una de nuestras reivindicaciones más deseadas.
Chiche Gelblung, una vida de televisión, primicias, peleas al aire y la obsesión por el rating
Otras moratorias siguieron incorporando mujeres y varones con la edad suficiente para haber trabajado más de 30 años, pero que no lograron tener el justo reconocimiento de sus derechos laborales.
Hoy desde el oficialismo lo minimizan, lo descalifican, pero no pueden tapar el sol con las manos y muchas familias tienen esa pequeña rendija para sostenerse en medio de la debacle de tanta destrucción.
A Chiche lo he seguido viendo sobre todo en Crónica en tantos programas donde analizaba qué pasa con los precios, el consumo de las familias y esa cotidianeidad de la que nadie puede desprenderse. Y el último año, Chiche entraba a Radio del Plata a las 17 hs. justo cuando terminaba el programa de Moreno “Volver a lo nuestro”; ahí yo lo encontraba cada viernes, hacía bromas, me desalojaba si me demoraba, hacíamos lugar cuando venía recién salido de una internación con una silla de ruedas, incansable, decidido a dejar hasta su último aliento en la pasión de su vida. Nos daba gusto ese encuentro.
Gracias Chiche, siempre seguís vivo en nuestros corazones.
(*) Exsubsecretaria de Defensa del Consumidor durante el gobierno kirchnerista