OPINIóN
Otras expectativas

Rumbo a 2027: estructuras políticas y confianza electoral

La ciudad cordobesa de Marcos Juárez , con fuerte tradición en la producción e industria agropecuaria, vuelve a tener un intendente peronista, después de 53 años. Por qué este resultado es “una advertencia” que hay que saber interpretar, según el autor.

07-09-2026 Germán Font intendente de Marcos Juárez
GERMÁN FONT, INTENDENTE DE MARCOS JUÁREZ. | REDES SOCIALES/CADENA 3.

El contundente triunfo de Germán Font en Marcos Juárez devuelve al peronismo la intendencia después de 53 años. La elección permite discutir el desgaste de los oficialismos, el peso de los aparatos y los límites de las proyecciones provinciales y nacionales.

En la política argentina, cada elección municipal celebrada fuera del calendario habitual invita a anticipar el futuro. Los ganadores encuentran el comienzo de una tendencia; los derrotados, una advertencia sobre la necesidad de reagruparse. La atención se desplaza hacia la próxima disputa provincial o nacional y las razones de quienes votaron quedan, muchas veces, en segundo plano.

La elección del 6 de septiembre en Marcos Juárez, ciudad del sudeste de Córdoba vinculada a la producción agropecuaria y a la industria de maquinaria agrícola, ofrece elementos para una discusión más amplia. Germán Font, candidato de Generación MJ y cercano al peronismo provincial, obtuvo el 46,09% de los votos, frente al 19,99% de Pedro Dellarossa.

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El peronismo volvió a ganar la intendencia después de 53 años y lo hizo con una diferencia superior a los 26 puntos.

Font consiguió reunir un respaldo que superó ampliamente al de sus competidores y quebró una prolongada secuencia de derrotas municipales del peronismo. El antecedente remite a Osvaldo Sebastián Priotti, elegido en 1973 y al frente del municipio hasta 1976. La distancia histórica y la amplitud de la victoria otorgan al triunfo una relevancia propia. Su explicación exige considerar tanto la construcción política del ganador como las dificultades de sus adversarios.

La repercusión nacional tiene otra referencia ineludible. En 2014, la alianza entre el PRO, el radicalismo y sectores vecinalistas que llevó a Dellarossa a la intendencia fue interpretada como un ensayo de la construcción que luego desembocaría en Cambiemos.

Marcos Juárez quedó asociada al “kilómetro cero” de aquella experiencia. Su condición de única elección ejecutiva del año en Córdoba volvió a concentrar las miradas sobre la ciudad en 2026.

Sin embargo, el lugar que una ciudad ocupa en la memoria política nacional no determina el significado de todas sus elecciones posteriores. El triunfo de Font fortalece al peronismo cordobés y puede modificar expectativas y negociaciones hacia 2027.

Esa consecuencia política es distinta de la capacidad de anticipar cómo votarán otros electorados. Una victoria municipal puede influir sobre las estrategias para disputar la Gobernación o la Presidencia sin constituir una muestra representativa de lo que sucederá después.

Marcos Juárez: el oficialismo provincial celebró el contundente triunfo de Germán Font

La configuración de la contienda ofrece una primera advertencia. Las principales candidaturas compitieron bajo denominaciones locales, con las grandes marcas partidarias relegadas. Las estructuras, en cambio, conservaron protagonismo. Dos grandes aparatos políticos vinculados al ejercicio del gobierno jugaron en la elección: el provincial y el municipal. La menor exposición de los sellos no significó su ausencia.

Los aparatos forman parte habitual de la competencia política. Aportan organización, redes de dirigentes, presencia territorial, difusión y capacidad de movilización. Quienes cuentan con ese respaldo disponen de ventajas frente a las fuerzas que deben construir su campaña sin una estructura equivalente.

Su peso, sin embargo, no vuelve inevitable el resultado: necesitan convertir capacidad organizativa en adhesión electoral. Reconocer su intervención permite comprender las condiciones de la disputa sin restar autonomía a los votantes ni desconocer el respaldo que recibió Font.

El retroceso del espacio gobernante también merece atención. En 2022, Sara Majorel ganó con 8.965 votos. Cuatro años después, Dellarossa obtuvo 3.069: una diferencia de 5.896 sufragios. Cambiaron las alianzas, las candidaturas y la participación, por lo que esa comparación no permite reconstruir las decisiones individuales de los electores. Sí muestra una contracción de aproximadamente dos tercios en los votos reunidos por la candidatura que representó la continuidad municipal.

Ese retroceso se produjo al final de un ciclo de doce años: ocho de Dellarossa y cuatro de Majorel. El tiempo en el poder acumula experiencia y reconocimiento, pero también responsabilidades y demandas pendientes. La permanencia exige renovar la confianza frente a problemas que cambian y expectativas que ya no son las mismas. Allí aparece una pregunta que excede ampliamente a una ciudad cordobesa: qué ocurre cuando la experiencia de gobierno deja de ser suficiente para sostener el respaldo.

Los movimientos políticos de los dirigentes agregan otra dimensión. Dellarossa, asociado al nacimiento de Cambiemos, se incorporó al gobierno provincial de Martín Llaryora. Esa trayectoria muestra la dificultad de interpretar la competencia mediante bloques partidarios estables. También invita a preguntar hasta dónde los electores acompañan los acuerdos y desplazamientos de sus representantes. El resultado permite formular ese interrogante, aunque no medir por sí solo su costo electoral.

Comprender lo sucedido requiere reconocer que la política municipal posee relaciones, trayectorias y conflictos propios. Cambiar la escala de observación modifica las preguntas: permite advertir cómo se atribuyen responsabilidades, qué vínculos sostienen la confianza y por qué una misma identidad partidaria puede adquirir sentidos diferentes según el lugar. La historia política de una comunidad interviene en la forma en que se reciben las propuestas y se evalúa a los candidatos.

La crisis de atención de PAMI y la incertidumbre laboral en Metalfor permiten advertir esas conexiones. El cierre de un sanatorio privó a miles de afiliados de prestaciones locales de mediana y alta complejidad. Los problemas de la empresa de maquinaria agrícola se expresaron en atrasos salariales, reducción de actividad y despidos. Son situaciones que exceden las competencias municipales, pero cuyas consecuencias se viven en la ciudad y generan expectativas de respuesta hacia sus dirigentes.

Esos problemas no autorizan a deducir automáticamente una conducta electoral. Ayudan a comprender el escenario en el que los vecinos evaluaron continuidades y alternativas. Las decisiones nacionales, las respuestas provinciales y las relaciones locales se encuentran en experiencias concretas. Esa combinación tiene particularidades que impiden trasladar el resultado sin mediaciones a futuras elecciones provinciales y nacionales.

Font inicia una nueva etapa con un amplio respaldo. Su desafío será convertir esa adhesión en capacidad de gobierno y sostener la confianza frente a las demandas que acompañaron la elección. La magnitud de su victoria abre posibilidades políticas, al tiempo que establece expectativas sobre la gestión que comenzará en diciembre.

Marcos Juárez deja una experiencia relevante para discutir el desgaste de los oficialismos, la persistencia de los aparatos detrás de los sellos y la fragilidad de los respaldos que parecen consolidados. De cara a 2027, su mayor aporte puede estar en esas preguntas. Comprender cómo se forma y se pierde la confianza resulta más útil que convertir cada resultado municipal en una profecía provincial o nacional.

*Abogado, docente en la Universidad Nacional de Córdoba