martes 18 de mayo de 2021
OPINIóN OPINION
18-06-2020 20:02

Apropiación de los medios de producción y reproducción

Desde hace muchos años, los feminismos discutimos ampliamente el tema de la soberanía de las mujeres sobre nuestros cuerpos y las decisiones que deberíamos tomar respecto a ellos.

18-06-2020 20:02

Por estos días el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación publicó un formulario web para ser completado por trabajadores y trabajadoras de la economía informal/popular/social. Sorprendentemente, dos de las categorías por las que la ciudadanía podía optar eran “Streepers” y otra “Trabajo Sexual”.

Sorprendente por varias razones. La primera, y de fondo, es que la Constitución Nacional incorpora a su texto instrumentos internacionales que obligan a nuestro país a propender a la abolición de la prostitución.

Por otra parte, por primera vez en nuestra historia contamos con un Ministerio específicamente creado para atender estas realidades y que si bien no ha tenido una postura institucional expresa sobre el tema, debería inexorablemente ser parte de esta discusión que se ha “filtrado” soslayadamente por la crisis desatada por la pandemia Covid-19.

Liderazgos en tiempos del Covid-19: ¿mujeres?

Desde hace muchos años los feminismos discutimos ampliamente el tema de la soberanía de las mujeres sobre nuestros cuerpos y las decisiones que deberíamos tomar respecto a ellos.

Estas discusiones no son las más difundidas cotidianamente. El primer lugar en el podio de los temas de los feminismos lo ocupa claramente el tema de la violencia física  que padecemos las mujeres en tanto colectivo. A veces me pregunto el porqué de este agrado por presentar a la sociedad casos. Siempre como aislados. Siempre acompañados por una exhortación a la denuncia como salvavidas. Siempre con un ideario de mujer-víctima a la que “hay que ayudar”. Siempre con la exposición ante la sociedad de detalles escabrosos que hasta llegan a parecerse a protocolos de procedimiento sugeridos a los agresores. Siempre sin considerar las consecuencias de dichos modos de difundir que la mayoría de las veces traen consigo la instauración de “modas” en el modo de perpetrar los femicidios.

Y creo que es porque encajan con la visión estructural y estructurante que de nosotras tiene el patriarcado: víctimas/pasivas/pasibles de tutela/seres “capacitables”/dependientes de instituciones.

Aborto y prostitución – los dos grandes temas de soberanía a los que antes aludo – ya no gozan de tanta disposición para ser expuestos y planteados como “tema público”. Porque van al centro de eso  que no se tensa: la estructura de dominación del patriarcado. Y del capitalismo. Porque hablar de estos temas implica la posibilidad de que las mujeres nos adueñemos de los medios de reproducción con los que la naturaleza nos ha dotado; o que los entreguemos gustosas a un mecanismo de control y regulación cuyos objetivos pueden siempre ser oscuros. Y quedan siempre reducidos a posturas “a favor” o “en contra”, con una simplificación que resulta ofensiva.

Violencia de género, Justicia y el día después

A modo de ejemplo, algunas mujeres que desde hace muchísimos años militamos la legalización del aborto, no por eso dejamos de visualizar las consecuencias que su legalización podría tener para controlar las tasas de reproducción de comunidades históricamente vulneradas. Sin embargo, también desde hace mucho nos hemos llamado a silencio, ya que en este contexto de “a favor”/”en contra” que mencioné podemos ser apedreadas y linchadas por nuestras propias hermanas en la lucha. Y esta reducción del debate a dos posturas lo empobrece y nos deja expuestas a no contar con estrategias posibles para afrontar un uso autoritario e indebido del derecho por el que luchamos en caso  que lo conquistemos. Tampoco incluimos en el debate el abanico de políticas públicas que podrían ayudarnos en la toma de esa decisión con mayor libertad: acceso a la educación, al empleo, a cuidados garantizados…Apuntamos más a la enunciación del derecho (reconocimiento), que a la redistribución de bienes que debería involucrar este derecho para garantizar la libertad de elección de las mujeres.

Con la prostitución el debate se simplifica más aún. La cuestión involucra tantas variables a discutir, que su reducción a abolicionismo/reglamentarismo termina inexorablemente en  irracionalidad argumentativa que generalmente se salda con insultos y descalificaciones entre ambos bandos. Un festín para un patriarcado que comprueba su a-priori de que “las mujeres somos complicadas y no podemos ponernos de acuerdo.” Discutimos acerca de cuestiones a veces inexistentes. Ejemplo: el reglamentarismo que hoy pugna por instaurar el blanqueo de esta realidad social como “trabajo”, aludiendo a la posibilidad de acceso a una jubilación y a contar con obra social nos lleva a invertir horas en un debate que en los hechos ya es realidad. Desde hace muchos años en Argentina existe el Monotributo, en el que cualquier cuidadano/a puede inscribirse en la categoría “servicios” teniendo así acceso a los dos derechos que el reglamentarismo exige acceso. Por lo tanto, cuando nos quieren arrastrar a esa falsa discusión, queriéndonos hacer pasar a las abolicionistas por personas con poca sensibilidad social, impedidoras consuetudinarias del acceso a derechos tan elementales, moralistas y pacatas, y los etcéteras de rigor; si nos enganchamos perdemos tiempo en discutir el fondo.

Diversidad de feminismos y la defensa de género

Ese fondo al que con humildad interrogo desde mi práctica feminista.

 ¿Por qué hay tanta necesidad de eliminar a las mujeres discursivamente, hablar con la “e”, pensar políticas “de género”, equiparar nuestras demandas históricas a las de las diversidades genéricas (que – también históricamente – han sido parte de nuestros reclamos)?

¿Qué intereses puede haber detrás del hecho de que en momentos de aguda tensión social por la pandemia se “filtre” un blanqueo de facto de la prostitución como trabajo aduciendo la “necesidad de asistir a los más perjudicados por la caída de la actividad económica”?

¿Qué beneficios puede implicar hacerlo? ¿Y para quiénes?

¿Qué relación existe entre la legitimación de la prostitución como trabajo y el alquiler de vientres, la venta de óvulos, y otras prácticas para la reproducción asistida?

¿Hasta qué punto nos beneficia ser multitudes, ola o marea – como gustan llamarnos los medios de comunicación que “nos descubrieron” hace tres años? ¿Estamos cada una de las sujetas que formamos esa multitud listas para esbozar estrategias que salgan de los slogans?

¿Hasta qué punto nos beneficia el hecho de “ser más en los lugares de toma de decisión” y coso?

¿Decidimos más? ¿Ahora sí nos escuchan? ¿Ahora sí nos ven?

¿O es que ahora salimos muchas en una foto que refuerza la idea de que el patriarcado es inclusivo, y nos hace creer que “se va a caer, se va a caer”…?

 

* Mg. en Estudios de Mujeres y de Género. Militante feminista. T: @deliaras / https://twitter.com/deliaras / Instagram: deliaanionsuarez / Facebook: Delia Anion Suárez