La Argentina se encuentra entre los países con peor competitividad del mundo. En efecto, de acuerdo al Instituto para el Desarrollo Empresarial con base Suiza, en el año 2025 nuestro país ocupaba el puesto 62 sobre 69 naciones, ubicándose solo por encima de Eslovaquia, Sudáfrica, Mongolia, Turquía, Nigeria, Namibia y Venezuela.
Esta falta de competitividad no solo se traduce en un mercado interno empobrecido, sino también en un comercio exterior limitado. De acuerdo a las cifras publicadas por el Indec correspondientes al mes de febrero de 2026, las exportaciones totalizaron US$ 5.962 millones (-2,9%). Por su parte, las importaciones alcanzaron un total de US$ 5.174 millones (-11,8%). Consecuentemente, la balanza comercial presentó un superávit de US$ 788 millones, lo que implicó un incremento de US$ 513 millones respecto al mismo mes de 2025. Si bien a simple vista las últimas cifras publicadas del intercambio comercial argentino resultan favorables, no podemos ignorar la contracción evidente del comercio exterior argentino, con cifras negativas tanto para importaciones como exportaciones.
Con todo, al comparar nuestro desempeño con el de Brasil quedamos pasmados por la superioridad comercial de nuestro vecino. Brasil registró un fuerte crecimiento de sus exportaciones, que aumentaron (+15,6%) en febrero interanual, pasando de US$ 22.754 millones a US$ 26.306 millones. En contraste, las importaciones brasileñas cayeron (-4,8%), al descender de US$ 23.221 millones a US$ 22.098 millones. Como resultado, el balance comercial de Brasil registró un sólido superávit de US$ 4.208 millones.
En otras palabras, resulta fácil advertir que Brasil es un país más competitivo que la Argentina en materia comercial pero ¿lo es también como país? El informe citado al comienzo de esta nota da cuenta que Brasil ocupa el lugar 58°, aventajando a la Argentina en cuatro lugares. Si bien no puede establecerse una correlación directa entre la posición de cada país en el ranking de competitividad y el desempeño comercial externo, no cabe duda que muchos de las características allí analizadas son marcadamente sensibles para el desempeño del comercio exterior.
Efectivamente, si repasamos las variables consideradas, rápidamente advertiremos su relevancia. Si bien la competitividad Argentina aún se sostiene gracias a su acceso a importantes recursos naturales y a su capital humano, ello se encuentra fuertemente opacado por la falta de estabilidad macroeconómica, un sistema impositivo regresivo, su mercado laboral rígido y estancado, la falta de integración y apertura económica, su debilidad en materia de instituciones y justicia, una infraestructura subdesarrollada, servicios públicos de baja calidad y una burocracia llena de regulaciones, ineficaz y lenta.
En conclusión, aunque las últimas cifras oficiales de Argentina muestran un comercio exterior superavitario, la comparación con Brasil pone de manifiesto que el país aún tiene un largo camino por recorrer en términos de competitividad global. Los recursos naturales y el talento humano siguen siendo fortalezas latentes, pero actúan bajo el peso de un sistema impositivo asfixiante para los productores, una infraestructura deficiente que incrementa el costo exportador y una burocracia que frena al intercambio comercial.
Para que la Argentina libere todo su potencial exportador, es imperativo abordar esas variables estructurales y transformar ese lastre en un motor que la impulse la senda del desarrollo.
*Politólogo y abogado. Doctor en Ciencias Sociales (Flacso Argentina).