miércoles 27 de octubre de 2021
OPINIóN Se cumplen 70 años
28-09-2021 06:30
28-09-2021 06:30

28 de septiembre de 1951 | El primer intento de golpe de Estado contra Perón

Durante sus tres mandatos constitucionales como presidente, Perón fue víctima de tres golpes: 1951, 1955 y 1976. El primero fracasó por completo y los otros dos tuvieron trágicas y crueles consecuencias, que en la actualidad nuestra patria sigue padeciendo.

28-09-2021 06:30

Los golpes militares en la Argentina, siempre tuvieron como matriz la ruptura del orden constitucional, se movilizaron la mayoría de las veces con apoyo y financiamiento del imperialismo, con el aditamento de contar siempre con el canto de sirenas de civiles reaccionarios de todos los pelajes, esto es de políticos devenidos en opositores de quiénes gobernaban.

En lo que tiene que ver con los tres mandatos constitucionales de Perón como presidente, se dio el caso que fue víctima de tres golpes: 1951, 1955 y 1976. El primero fracasó por completo (del que se cumplen hoy 70 años), y los otros dos sabemos muy bien cuales fueron sus trágicas y crueles consecuencias, que en la actualidad nuestra patria sigue padeciendo.

 

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Juan Domingo Perón fue víctima de tres golpes a lo largo de sus mandatos constitucionales.

 

En la cena anual de camaradería del ejército que se realizó el viernes 6 de julio de 1951, Perón pronunció un discurso refiriéndose indirectamente a las elecciones presidenciales del 11 de noviembre recordando los conflictos de 1945, al decir: “Los grupos que, consciente o inconscientemente, directa o indirectamente, sirven a las fuerzas internacionales para la disociación (…) Las mismas fuerzas vuelven ahora con el intento fracasado, utilizando los mismos procedimientos, con el único añadido de la pasión desorbitada que en esta oportunidad los enceguece, en virtud de la nueva e irremediable derrota que prevén”.

A partir de la segunda quincena de agosto los generales Arturo Rawson, Fortunato Giovannoni, Bautista Molina y Benjamín Andrés Menéndez, junto con los coroneles Bartolomé Gallo, José Francisco Suárez y otros (todos en situación de retiro), y el capitán Elbio Leandro Anaya comenzaron a preparar un levantamiento, con el objetivo de matar a Perón. El líder de esa rebelión fue el general de división Menéndez (1885–1975), y lo acompañaron también los militares Julio Alsogaray, Tomás Sánchez de Bustamante y Alejandro Agustín Lanusse. Los políticos que participaron de la conspiración fueron Arturo Frondizi (UCR), Américo Ghioldi (Socialista), Horacio Thedy (Demócrata Progresista), Reynaldo Pastor (Demócrata Nacional), entre tantos otros.

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El general Menéndez, no era un personaje importante, pertenecía al arma de caballería –tradicional enemiga de Perón– y tenía una vasta experiencia en actividades golpistas. Al decir de Pavón Pereyra: “Era un arribista trepador, un oportunista insensato, un hombre sin convicciones férreas”. Conspiró contra todos los gobiernos posteriores al régimen de Agustín P. Justo. Mantuvo dos reuniones secretas con Eduardo Lonardi en agosto de 1951, donde no se pusieron de acuerdo; para el primero había llegado la hora, para el segundo, faltaba maduración para lograr el éxito del golpe de estado. Ni lerdo ni perezoso, Menéndez movido por su orgullo personal y ambición quiso tener protagonismo, y por ello se salió con la suya.

Al mismo tiempo Raúl Lamuraglia, un hombre de negocios, que había financiado la campaña de la Unión Democrática a través de millonarios cheques del Bank of New York, aportaría recursos para apoyar este intento de golpe de Estado contra Perón y en 1955 financiaría el Bombardeo de Plaza de Mayo.

El movimiento sedicioso que encabezó estalló en las primeras horas del viernes 28 de septiembre, donde expresó: “Vamos a sacar la Escuela de Caballería de Campo de Mayo y treinta tanques del Regimiento C–8 para marchar hasta El Palomar. Concentraremos las fuerzas terrestres frente al Colegio Militar, cuya oficialidad se encuentra políticamente sublevada. El destacamento mecanizado de La Tablada tomará la base aérea de Morón y luego se nos unirá. Con todos esos efectivos entraremos a la ciudad a la altura de la Av. Juan B. Justo y luego marcharemos por Rivadavia, para recorrer Buenos Aires de punta a punta”.

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En su proclama de fuerte corte oligárquico, acusó al gobierno de haber llevado a la Nación a “una quiebra total de su crédito interno y externo, tanto en lo moral y espiritual como en lo material”, y expuso que el plan militar “tenía el apoyo de las fuerzas militares, en su mayoría militares inactivos, y el respaldo de figuras prominentes de los partidos políticos convencidos de la necesidad de una verdadera democracia, que asegurara la conciliación nacional y el retorno a una vida digna”.

La eficiente intervención del comandante en jefe del ejército general Ángel Solari, quien se trasladó hasta el lugar de los focos sediciosos (principalmente a la Escuela de Caballería y a La Tablada), logró doblegar a todos y cada uno de ellos. Es para ponderar que los revolucionarios encontraron la resistencia de los suboficiales leales a Perón, que tenían a su cargo los tanques (de los treinta sólo pudieron mover siete).

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Todas estas acciones de defensa de la democracia y la institucionalidad, fueron las que llevaron a los rebeldes a rendirse. Perón decretó el estado de guerra interno y la CGT dispuso un paro general por 24 horas, congregándose ese mismo día una gran multitud que se precipitó a la calle desde todos los rincones, dirigiéndose a la Plaza de Mayo donde Perón pronunció las siguientes palabras: “Ante todo deseo estrechar simbólicamente la mano a todos estos trabajadores, que vistiendo el honroso uniforme de trabajo, llegan en su gesto de solidaridad y lealtad. Compañeros: un grupo de malos argentinos ha deshonrado el uniforme de la patria. Pero hay muchos oficiales que lo visten con honra. Por eso nuestra primera palabra de agradecimiento, en nombre de la República, va para esos virtuosos soldados que han sabido cumplir con su deber. Afortunadamente está este pueblo de pechos fuertes para oponerlos a la traición. Compañeros sabemos bien que estos criminales no actuaban por su cuenta; sabemos bien que detrás de ellos están las fuerzas oscuras del capitalismo y del imperialismo. Esta «Chirinada» ha terminado, cobarde y oscuramente, como terminan todos los que luchan contra la patria (…) Por eso yo les pido, compañeros, que regresen tranquilos a sus casas y que den a sus mujeres y a sus hijos un beso, que es el beso de la República liberada (…) Compañeros esto marcará la unión definitiva del pueblo y de sus fuerzas armadas: la unión sagrada de ese pueblo que es uno sólo en la defensa de los bienes y de la grandeza de la Nación”. En ese momento, sobrevoló una escuadrilla de 20 aviones desde Punta Indio dispuestas a bombardear la Casa de Gobierno, pero el jefe de la Aviación Naval, capitán de navío Vicente Baroja advertido de la presencia de los manifestantes, decidió abortar la operación para evitar una masacre. A las tres de la tarde todo había terminado, cuando fue claro el fracaso, el comandante Baroja escapó al Uruguay. Otros tantos fueron capturados.

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La rebelión provocó la renuncia de los ministros de Aeronáutica César Ojeda y de Marina Enrique García. Hubo un solo muerto leal al gobierno: el cabo Miguel Farina, sepultado con todos los honores. El jefe rebelde y sus más estrechos colaboradores fueron detenidos y enjuiciados inmediatamente. Las condenas recayeron en: Menéndez (15 años de prisión); Rodolfo Larcher, Armando Repetto y Agustín de Elía(6 años de prisión); Julio Alsogaray (5 años de prisión); Luis Busetti, Julio Costa Paz y Anacleto Losa (4 años de prisión); y Manuel Reimundes (3 años de prisión). Hubo más de 100 oficiales de las tres armas que fueron condenados a penas mínimas de prisión, y a unos 60 se les dio de baja.

Una apostilla para esta deplorable historia, es el rol de Eva Perón. Iciar Recalde en su excelente y documentado libro Santa Eva Perón, relata que el 21 se septiembre de 1951 se había confirmado que Evita padecía de cáncer de útero. “Una semana más tarde, el 28 de septiembre mientras comienzan a tratarla con rayos, se produce la sublevación del General Menéndez con el objeto de asesinar a Perón. La Confederación General del Trabajo se moviliza en defensa del gobierno y logra sofocar el levantamiento junto a las Fuerzas Armadas”.

 

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El 21 se septiembre de 1951 se había confirmado que Evita Perón padecía de cáncer de útero.

 

Aplacado el intento, Perón le comunica a Eva lo ocurrido, quien sobreponiéndose a las dificultades de su grave enfermedad y con una gran indignación, exige hablar desde su alcoba al pueblo argentino pronunciando un discurso ese mismo 28 de septiembre a las 21 horas desde su lecho de enferma y transmitido por Radiotelefonía: “El General Perón acaba de enterarme de los acontecimientos producidos en el día de hoy. (...) No quiero que termine este día memorable sin hacerles llegar mi palabra de agradecimiento y de homenaje, uniendo así mi corazón de mujer argentina y peronista al corazón de mi pueblo, que hoy ha sabido probar, una vez más, la grandeza de su alma y el heroísmo de su corazón. (...) Lo mejor de este pueblo tiene que ser defendido así como hoy (...) por los trabajadores, que han sabido convertirse en escudo y trinchera de Perón, por las mujeres que han dado en esta jornada histórica una lección de fortaleza y de fervor por la causa de Perón, y por las Fuerzas Armadas, que han sabido ser dignas de la grandeza de su pueblo. Yo les doy a todos las gracias en nombre de los humildes, de los descamisados, por quienes he dejado gustosa en mi camino jirones de mi salud pero no de mi bandera. (...) Espero estar pronto en la lucha con ustedes, como todos los días de estos años felices de esta nueva Argentina de Perón, y por eso les pido que rueguen a Dios para que me devuelva la salud que he perdido, no para mí, sino para Perón y para ustedes, para mis descamisados. A todos les dejo un gran abrazo de mi corazón. Para mí no hay otra cosa en el mundo que el amor de Perón y de mi pueblo”.

El 11 de noviembre, o sea trece días después de la “Chirinada”, se llevaron a cabo las elecciones presidenciales, donde las mujeres pudieron votar por primera vez, y fueron además las primeras en las que los ciudadanos votaron directamente al presidente, conforme a la reforma Constitucional de 1949. Ese día la fórmula Perón–Quijano del Partido Peronista y Peronista Femenino ganó por el 63,51 % de los votos, venciendo al binomio de la UCR Balbín–Frondizi, que sólo logró el 32,33% de los votos.

El acuerdo entre Lanusse y Perón que permitió las elecciones de 1973

Al año siguiente el 26 de julio de 1952 Eva Perón pasó a la inmortalidad como "santa del pueblo". Ese mismo año, el 3 de febrero de 1952 el coronel José Francisco Suárez, con la colaboración de un reducido grupo de militares y civiles, planificó una operación con el sólo objetivo de matar a Perón en el Palacio Unzué.

El 15 de abril de 1953 se produjo un atentado en la Plaza de Mayo, donde se perpetró el primer ataque terrorista de guerrilla urbana, protagonizado por un comando de la oligarquía, integrado por un grupo de furibundos antiperonistas, que detonaron dos bombas: una en el Hotel Mayo (ubicado en la esquina de Defensa e Hipólito Yrigoyen) y la otra en la estación Plaza de Mayo de la Línea A de Subterráneos. Como resultado murieron seis personas, noventa y tres quedaron heridas y diecinueve mutilados para siempre. Dos años más tarde se produjo el bombardeo o masacre de Plaza de Mayo, el 16 de junio de 1955 donde treinta y cuatro aviones de la Marina y la Aeronáutica tiraron bombas contra la población civil, arrojando un saldo de trescientos sesenta y cuatro muertos, y casi ochocientos heridos.

La reelección de Perón, que fue la primera que se produjo en la historia argentina, no pudo terminar su mandato constitucional, al ser derrocado el 16 de septiembre de 1955 precisamente por el general Eduardo Lonardi, el mismo que había mantenido dos reuniones secretas con Menéndez en agosto de 1951 cómplices de la revuelta del 28 de septiembre, referenciadas más arriba. Se ve que para Lonardi había madurado el momento para derrocar a Perón, y dar rienda suelta a 18 largos años de exilio, persecuciones, fusilamientos, asesinatos y proscripciones. El odio a Perón y al Peronismo que estimuló la oligarquía se enquistó desde entonces entre nosotros y lamentablemente hoy continúa vigente.

 

* Ignacio Cloppet. Miembro de la Academia Argentina de la Historia.