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OPINIóN / A 44 años del 24 de marzo de 1976
martes 24 marzo, 2020

Golpe cívico-militar: tenemos derecho a la identidad

El sistema de terror de Estado como vehículo de control social se valió del uso sistemático y represivo de la violencia para "aplacar el desorden y la anarquía".

44 años del golpe de estado. Foto: Cedoc Perfil
martes 24 marzo, 2020

El adelanto de elecciones para el 17 de octubre de 1976 decido por Isabel Perón, lejos de resolver la problemática del país, representaba para el pensamiento castrense una llave de acceso hacia la subversión.

Con 78 años y víctima de una enfermedad crónica, el fallecimiento del Gral. Juan Domingo Perón apenas iniciado su tercer mandato catapultó el ascenso de Isabelita. Proscrito desde el golpe de Estado de 1955, Perón es electo Presidente con el 62% de los votos. El regreso de Puerta de Hierro representaba en el imaginario colectivo la esperanza vivencial de transitar por las añoranzas de tiempos pasados que supieron dotar de derechos a la clase trabajadora y llevar a la Argentina a uno de sus mejores momentos. Se abrazaba la idea de un Perón líder de la liberación nacional y social.

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El 20 de junio de 1973, Ezeiza se convirtió en un campo de batalla. La movilizacción en masas encontraba a un peronismo dividido disputándose a Perón. Por un lado,el ala izquierda nucleando organizaciones que respondían a la JP (Juventud Peronista), FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias), Montoneros y su brazo político, Tendencia Revolucionariay; por el otro, los sectores sindicalistas históricos y las organizaciones de la derecha peronista representadas por José López Rega.

Desde ese momento, el curso de la historia cambiaría. Las circunstancias colocaron al General entre dos extremos opuestos. De las facciones de derecha emergería la Triple A(Alianza Anticomunista Argentina) albergando organizaciones parapoliciales que perseguirían a “grupos marxistas terroristas, subversivos e infiltrados” en el movimiento peronista.

Luego de la masacre de Ezeiza, la presidencia de Cámpora llegaba a su ocaso. Aún así, la asunción de Perón ya cristalizaba las fisuras de convivencia social materializadas en las disputas al interno del peronismo.

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La movilización del Día Internacional delos Trabajores, 1 de mayo de 1974 abrirá una herida que, a la fecha, aún no cierra. “¿Qué pasa General, que está lleno de gorilas el gobierno popular?” reclamaban los sectores del peronismo revolucionario. La respuesta de Perón fue tajante: los llamó inberbes, estúpidos e infliltrados. El abandono de la plaza marcó la ruptura que ya flotaba en los aires políticos.

La última vez que el Presidente habla en un acto fue el 12 de junio en Plaza de Mayo con su salud ya amenazada. Allí pide que cuiden sus conquistas laborales porque se avecinaban tiempos difíciles. Fallece el 1ro. de julio de 1974.

Al escenario de tensión política se sumaba el desmanejo económico. La figura de María Estela Martínez de Perón no contaba ni por lejos con el liderazgo necesario para hacer frente a lo que se venía. Para 1975, los rápidos aumentos de las importaciones llevaron a la disminución de las divisas. Sumado a una epidemia de aftosa que provocó la caída en los niveles de compra en carne argentina. Los gastos del Estado in crescendo catapultaron el déficit a 1.000 millones de dólares. Con la muerte de Perón el congelamiento de precios se hizo incontrolable. La inflación pasa de 24,2% en 1974 a 183% en 1975. Como broche de desmanejo, el “Rodrigazo” hace su aparición en escena. El Ministro de Economía devalúa el peso en 160%, duplica las tarifas de los servicios públicos, 200% aumenta la nafta y fija un tope máximo en alza salarial entre 40 y 50%. Los sindicatos amañatados de pies y manos impulsan la movilización general.

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El vacío de poder era evidente brillando por su ausencia la capacidad de contención de las masas populares que tanto caracteriza al peronismo.

La gota que rebalsó el vaso fue la “Operación Primicia”, antesala del golpe militar que venían organizando hacía tres meses Videla y Massera. Bajo las banderas de la“liberación nacional y la Patria Socialista”, un 5 de octubre de 1975, en la Provincia de Formosa,los Montoneros atacan por primera vez un cuartel del Ejército Argentino. El número de muertes que arrojael accionar guerrillero y la conmoción nacional fija la fecha de golpe de Estado: 24 de marzo de 1976.

El Presidente interino Ítalo Luder (entonces Presidente provisional del Senado), a cargo del Ejecutivo por licencia de salud de Isabelita, continúa con los decretos de aniquilamiento, 2771/75 y 2772/75. La orden era clara: “neutralizar y/oaniquilar el accionar de los elementos subversivos”. El primero lleva la firma de María Estela Martínez de Perón con fecha 5 de febrero iniciando el Operativo Independencia en pos de combatir el foco insurreccional de Tucumán y los restantes decretos dictados el 6 de octubre (a posteriori y como consecuencia de la Operación Primicia) suscripto por Luder para así ampliar a todo el territorio nacional la política represiva “antisubversiva” a cargo de las Fuerzas Armadas (FFAA) que ya venían operando desde inicios de 1975.

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El macabro plan de las FFAA escondía tras el “combate a la subversión” un diseño sistemático de desguace estatal en todos sus niveles, desde lo económico hasta la alienación humana utilizando como método de operaciones el terrorismo de Estado. Crímenes de lesa humanidad, desaparición forzada de personas, torturas, asesinatos, robo y apropiación de bebes, sustitición de identidades. Los centros clandestinos de detención como aparato represivo estatal se montaron de manera articulada incluso involucrando a sectores no militares. Grupos empresarios, sectores más conservadores de la Iglesia Católica, medios de comunicación y la propia Sociedad Rural Argentina apoyaron la idea de “restaurar el orden” aún de mano de los militares.

El sistema de terror de Estado como vehículo de control social se valió del uso sistemático y represivo de la violencia para “aplacar el desorden y la anarquía”.

En palabras de Massera: “La guerra contra el terrorismo subversivo fue una guerra justa”. El descaro de la convicción morbosa con la que defendían sus ideales y ocultaban la verdad moviliza a madres y abuelas que al día de hoy continúan su lucha.

“Es un desaparecido, no tiene entidad, no está ni muerto ni vivo, está desaparecido” (Videla).

Lo que no desaparece es el derecho a la identidad. No desaparece la fisura con la que nos arrancaron vidas, sueños, democracia, derechos humanos.“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados” (Mateo 5:6). Por eso, hoy y siempre MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA.


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