domingo 19 de septiembre de 2021
OPINIóN EL RECIEN LLEGADO
13-07-2020 14:00

Insólito: Caparrós descubrió los blogs

A pocos días de haber renunciado como colaborador del New York Times en español, Martín Caparrós decide publicar sus intervenciones en un canal propio, pequeño y modesto: un blog.

13-07-2020 14:00

Un acontecimiento de características colosales acaba de ocurrir en el intramuros del periodismo argentino: hace unas semanas Martín Caparrós renunció como colaborador de la versión en español del New York Times y como corolario descubrió los blogs. No todos eso sí, sino la herramienta que le permite tener el propio. Se titula Cháchara, pero al escribir el nombre en la dirección web no debe llevar tilde alguna, es entonces: chachara; término que, como chiste en esta llanura inacabada de los chistes, no es más que una risotada íntima. “Deme una chachara…” “¿La quiere con hielo o sola?” “Con hielo, sola es muy fuerte.”

Pero con tilde, cháchara, remite al año 1984, más precisamente al intercambio televisivo por el tratado del Canal de Beagle entre el canciller del gobierno de Alfonsín, Dante Caputo, y el senador peronista, caudillo provincial ejemplar, Vicente Leonides Saadi​. En tal debate este último gritaba: “¡Basta de cháchara!” Pero la palabra cháchara volvió, un poco condenada por la falta de uso. Por eso vale recordar su significado: (Del it. chiacchiera, en pronunciación infl. por ciacciare). 1. f. Conversación frívola. / 2. f. coloq. Abundancia de palabras inútiles. / 3. f. pl. Baratijas, cachivaches. (Esta última evocando al clac clac, onomatopeya del ruido que provocan los cacharros en movimiento al golpear entre sí.) 

Justamente, el texto inaugural de este blog de Caparrós lleva por título: “Pura cháchara”. Frase que desde un inicio propone varios interrogantes: ¿existe una cháchara impura? Y de ser así, ¿cómo sería? ¿Cómo detectarla? ¿Con qué método empírico llegamos a un grado de pureza aceptable? Todo un misterio. Veamos si el cuerpo de dicha diatriba inicial nos ilumina al respecto. La motivación de publicar in pectore en un blog, en primerísima persona del autor, radica en un hartazgo caparrosiano ante diferencias con sus editores en el New York Times (no ilumina si era por motivos económicos, el tamaño de la tipografía con que aparecía su firma en los artículos, o porque le corregían los textos antes de publicar). Otro misterio. 

La cuestión es que en un tono algo lacrimógeno se victimiza, luego de una trayectoria mediática relevante, dejando en claro que el blog es la última opción, la más digna, ¿la más pura? Pura ante lo que define como Periodismo Gillette: “un periodismo elaborado en los Estados Unidos para ciertas características del pensamiento americano, con perdón del oxímoron. Un periodismo –¿un pensamiento?– que busca, básicamente, la verdad, porque cree que existe una verdad, porque viene de un país que cree en la verdad porque usa unos billetes que dicen que In God we trust, y quien confía en Dios se cree que existe la verdad: Una Verdad. Es la base de la conducta religiosa, contra los incrédulos que pensamos que no existe la verdad sino miradas, diversidad, conflicto. Que la verdad se aplica a hechos tan banales como dónde estaba usted ayer a las ocho menos cuarto –aquí o allá, no en tres lugares– o que si dijo digo no dijo diego, pero nunca a las cuestiones realmente complejas, las que importan, donde lo que hay, siempre, son relatos, visiones.”

Sin ahondar en detalles técnicos sobre el estilo de escritura periodístico que exhibe la pieza, ya sus cinco primeros párrafos son un interesante ejemplo práctico de la cacofonía en exceso: las sílabas me, ma, remiten a la imposibilidad de separar el discurso escrito de la oralidad coloquial. No obstante, ya que estamos en el universo blog (que entre 2003 y 2004 se catapultó como una plataforma opcional de publicación, por fuera de los medios tradicionales), existe uno que se dedica a las hojas de afeitar. Porque al Periodismo Gillette, lo antecede y sobrevive, lo que podríamos denominar como Periodismo Legión Extranjera. En ése blog referido, se publicó en 2013 un reportaje a uno de los hijos de los fundadores y dueños de Legión Extranjera, marca nacional de hojas de afeitar, quien narra que dicho producto llegó a venderse en países tan lejanos como Japón, Alemania y Estados Unidos (ambos ejércitos las usaban durante la Segunda Guerra Mundial), o incluso, bajo marcas como Unión y Falange, se afeitaron ambos bandos durante la Guerra Civil Española. Dejemos la ironía respecto a los “grados de verdad” discursiva en tanto características pilosas del emisor, algo tan caro a la tradición política nacional, y que brinda una amplia gama de chistes. 

El periodismo argentino, del que Caparrós parece ignorar su estado actual, está en situación de Legión Extranjera: en un desierto o tierra arrasada, espera con pocas armas, precarizado, el próximo ataque a la profesión. Incluso, espera el “fuego amigo”, como sería este caso. La crisis del periodismo es material, concreta, ya por la debacle económica, por la pérdida de puestos de trabajo, por las condiciones de inmediatez y pluralidad de tareas que implica la irrupción tecnológica en la forma de generar información, más un largo etcétera que excede a esta página.

Es extraño que Caparrós enuncie un lugar ideal para el periodismo, cuando el destino obra con tiempo y paciencia. El blog fue el único refugio que encontraron los trabajadores de prensa durante el conflicto del diario Crítica de la Argentina, fundado por Lanata y Caparrós. Semejante Titanic, que ambos abandonaron indemnes sabiendo que el iceberg estaba ahí de la mano del empresario español Antonio Mata, se dejó de publicar en abril de 2010 a lo que siguió su quiebra. Los sobrevivientes del naufragio derivaron en una cooperativa, que hoy difunde su información como Revista Cítrica.

Ahora, una actividad adicional que deberá enfrentar el descorazonado Caparrós será la edición de comentarios en su blog. Seguramente allí el debate será furibundo, o no, y sufra un profundo silencio como respuesta, el silencio mortuorio que devuelve el desierto al legionario. Mientras tanto, como gesto algo humanitario, al final de Pura Cháchara se incluye un audio con la lectura del mismo por parte del autor. Medida apropiada para la familia en cuarentena: esos trece minutos de profunda declamación pueden tanto dormir a un bebé como calmar a díscolos infantes escandalosos, hartos del encierro luego de casi cuatro meses...