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La anatomía del espejismo digital

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Rosalía. Las redes son solo una parte de la realidad. | cedoc

En la Argentina posterior al Mundial ocurrió algo bastante conocido. Frente a un resultado que no nos gustó, antes que aceptar que España había jugado mejor la final, nuestra argentinidad “al palo” encontró conspiraciones, manos negras, planes de la FIFA y hasta logró involucrar a Trump en algunas elucubraciones. Sin embargo, lo más interesante ocurrió después.

Las redes organizaron rápidamente la discusión alrededor de una polarización emocional extrema: pro-Argentina o anti-Argentina. Incluso algunas figuras internacionales, como Samuel L. Jackson, quedaron atrapadas en esa dinámica. Entonces apareció Rosalía.

La cantante reposteó un mensaje contra la Argentina que, según explicó, había compartido porque utilizaba una canción suya de fondo. Alcanzó para que la burbuja explotara: hubo posteos, insultos, pedidos de cancelación, posibles marchas y reclamos para devolver entradas. La televisión, los streamings, las radios y las propias plataformas multiplicaron la discusión hasta producir una sensación conocida: parecía que todo el país estaba hablando de lo mismo.

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El problema es que una conversación muy visible no necesariamente es una conversación mayoritaria. La final del Mundial se había jugado el 19 de julio de 2026 y, apenas 11 días después, Rosalía tenía cuatro funciones agotadas en el Movistar Arena de Buenos Aires. Sin embargo, en las redes ya se anticipaba un fracaso.

Después llegó lo real: los pedidos de devolución no alcanzaron al 2% de las entradas vendidas y los cuatro recitales fueron una fiesta. Hubo artistas argentinos invitados, una enorme repercusión y Rosalía recorrió Buenos Aires recibida como la estrella internacional que es.

¿Qué había pasado, entonces? Nada demasiado extraño. Vivimos dentro de un ecosistema en el que una conversación puede comenzar entre relativamente pocas personas, ser amplificada por usuarios, cuentas y algoritmos, convertirse en tendencia, saltar a los medios tradicionales y regresar a las redes transformada en un supuesto “tema nacional”.

La repetición produce una ilusión de mayoría: si todos los que vemos hablan de algo, tendemos a creer que todos están hablando de eso. Pero nuestro feed no es el país.

Las redes son reales. Las personas, las opiniones y las indignaciones que encontramos allí también lo son. Lo que no necesariamente son es representativas del conjunto de la sociedad.

Una conversación puede ser intensa sin ser mayoritaria. Puede generar miles de interacciones sin modificar comportamientos y alcanzar millones de impresiones mientras expresa apenas a una pequeña porción de la sociedad. Rosalía nos dejó una demostración casi perfecta: muchísimo ruido digital, menos del 2% de devoluciones y cuatro funciones agotadas.

En política, confundir esas dimensiones es bastante más peligroso. Dirigentes, funcionarios, periodistas y consultores pasamos demasiadas horas mirando pantallas, y ese hábito puede llevarnos a confundir visibilidad con importancia, interacción con adhesión, seguidores con representación e intensidad con mayoría.

Las redes importan. Instalan temas, construyen identidades, organizan comunidades, movilizan y pueden modificar decisiones. Pero influencia y representación no son la misma cosa.

Nuestra democracia, además, conserva una característica maravillosamente analógica: determinado día tenemos que salir de nuestras casas e ir a votar. Nadie es electo por la cantidad de likes que recibe, nadie gobierna porque tiene más seguidores y ningún trending topic entrega un cargo público.

Somos humanos anfibios: habitamos simultáneamente las pantallas y las calles, y cada vez resulta más difícil separar ambos mundos. Por eso, quizás el desafío no sea abandonar la burbuja, sino aprender a dimensionarla; mirar las redes, estudiarlas y escucharlas sin olvidar que son una parte de la realidad, pero no necesariamente su representación completa.

Rosalía simplemente nos lo recordó. Cuatro recitales agotados después, la vida real todavía está en las calles y parece gozar de buena salud.

* Consultor, analista político.
** Docente y director de PDM Argentina.