En la película Weapons, (de Zach Cregger) traducida como La hora de la desaparición, 17 niños desaparecen de sus hogares a las 2:17 a.m. A los adultos les sobrevienen básicos procesos que convergen en la pérdida del discernimiento y en la violencia de masas: por un lado, confunden a su enemigo, invistiendo de pulsiones agresivas a la taciturna docente Justine, encarnada por Julia Garner.
Por otro lado, normalizan e integran en su cotidianeidad la circulación de "la Tía Gladys", mujer ominosa encarnada por Amy Madigan, de aspecto innegablemente maligno, pero calculador y orientado a un fin. Esta bruja opera con magia para que los adultos pierdan la capacidad natural que el adulto experimentado ha tenido, con distintas maneras, en distintas civilizaciones a lo largo de la historia de la humanidad: cuidar al cachorro, que nace desvalido.
Argentina se tiene que ordenar. ¿Qué destino tiene el poder descarnado cuando los adultos se distraen de su función esencial en la cadena de las generaciones? ¿Por dónde empezar?
No hay consumos problemáticos, hay epidemia de adicciones
Vale la pena usar la lógica -caja de herramientas realista que debemos a Aristóteles- ante tanto desmadre:
1. Francisco -y antes Benedicto XVI- denunciaron el relativismo como una dictadura contra los pueblos. Si se puede relativizar lo primero, el valor de la vida se puede poner en discusión, a partir de ahí todo. El poder puede sembrar confusión para igualar el derecho a la opinión con la verdad más fundamental, e instalar técnica mediante, mesianismos.
2. El poder descarnado no tiene ideales, tiene intereses: son los recursos vitales, proteínas, agua, aire, litio, tierra vivible, como la Patagonia. Quieren que seamos pocos, según un presidente argentino que sentó posición ante el problema ecológico en la primera Cumbre de la Tierra de Estocolmo de la ONU. Hoy estamos inermes, no podemos financiar el sistema jubilatorio o el sistema de salud y están quedando vacías las escuelas, por falta de jóvenes.
3. Henry Kissinger, protagonista de las negociaciones que estructuraron este orden global hasta avanzado el siglo XXI, presentó formalmente el National Security Study Memorandum 200, redactado en 1974 siendo consejero de Seguridad Nacional del presidente Nixon y que Gerald Ford adoptó como política oficial en 1975. Analizaba cómo el crecimiento de la población mundial afectaba la seguridad nacional de Estados Unidos, dificultando su acceso a recursos naturales estratégicos. Su propuesta era la antinatalidad y recomendaba eufemísticamente promover la "planificación familiar" y métodos de control de natalidad por vías sanitarias e ideológicas.
Algunos años antes, Kissinger publica Armas nucleares y política exterior, en 1957, siendo el canon de la política estadounidense sobre armas nucleares. El experto creía axiomáticamente que las potencias deberían maximizar sus ganancias minimizando las pérdidas, por lo tanto, intentar ganar la guerra nuclear dejaría a todos devastados sin sentido. Se propuso enfrentar la agresión proporcionalmente y en conflictos locales y puntuales: incluida, especialmente, la guerra ideológica en la comunidad. Es decir, por encima de cierto nivel, no pelearse entre potencias para evitar la destrucción nuclear. Por debajo de ese nivel, discordia "tolerable".
4. A cambio de quedarse con todo, nos entregaron la fantasía relativista de poder legislar, literalmente, cualquier cosa. Como si un conjuro lenguajero pudiera crear de la nada una cosa real, como Gepetto, imposibilitado de asumir la finitud, el transhumanismo cree poder “autodiseñarse”.
5. Poderes apátridas lo aplican al interior de las propias potencias, les es indistinta cualquier muerte, incluso en países "desarrollados", donde la epidemia de drogas y depresión iguala o supera a países más pobres.
6. Si se puede cuestionar la inviolabilidad de la vida, como correlato lógico y directo se puede cuestionar los medios para el sostenimiento de la misma. Cuestionado el ser como núcleo principal de una cultura humanista, se allana muy fácilmente la relativización de los soportes y las condiciones de vida del ser.
Si puedo descartarte, desaparecerte, no estoy apremiado por educarte o alimentarte. Es de una lógica evidente, que está instalada de hecho en la civilización, ocurriendo ya cual quebradura expuesta, mientras una comunidad confundida consume su energía en debates secundarios, entre enemigos mal identificados: ¿Por qué no puede el poder cuestionar el valor de darte un pedazo de tierra, un techo, un trabajo, si puedo cuestionar previamente el valor de tu propia vida?
7. Estamos experimentando hace décadas que lo peor para el desarrollo del niño es el desorden, del comer, el dormir, el jugar, el estudiar, el ser amado. Por eso, la injusticia social es un principio de desorden.
8. Exactamente a mediados de los 70, inician ciertas transformaciones profundas en nuestra Patria. En 50 años, recibimos -nosotros, sí, nosotros- una Argentina ordenada y entregamos otra donde los papás son barras bravas en las ligas infantiles, las mamás golpean a las directoras de la escuela, el celular reemplazó a Borges, Spinetta, Cervantes, Mercedes Sosa y Cortázar en la escuela. Raperos reemplazaron a San Martín y los niños dibujan tatuajes en lugar de escenas de aviones recuperando Malvinas.
9. Hicimos causa de "militancia" y movilización juvenil el consumo libre de drogas: hoy explotan las guardias de hospitales con autolesiones y brotes psicóticos. En las plazas de nuestra ciudad adultos jóvenes consumen droga a las cinco de la tarde al lado de mamás que llevan a sus niños a jugar a la pelota: este desorden casi apologético también es injusticia social.
10. El poder resentido de las plataformas, que bien critican Vogl o da Empoli, disocia nuestra comunidad entre algunos que postulan la vida mientras niegan las condiciones materiales y otros, que defienden las condiciones materiales, se afirman en negar la inviolabilidad de la vida del cachorro. Ante este problema fundamental irresuelto, poner un número, 13 o 16, para reconstruir un jarrón roto, es pensamiento mágico, vuelo mental gallináceo.
11. Epstein, incluida su obsesión pseudocientífica por la eugenesia, en este proceso, es una consecuencia lógica de poner dinero e ideología en el lugar de dios. Igual que algunos militares nacionalistas denunciaron el "nuevo orden mundial" que Kissinger y otros venían diseñando, Mel Gibson venía denunciando estos entretelones del jet set que explotan con Epstein. Pero parece que no gustaban los denunciantes.
12. La verdad es, nos plazca más o menos, que cada niño vale en sí mismo. Él vale, independientemente de la opinión o idea de otro. Por eso merece un club, proteínas, agua y aire puro, una escuela, una vivienda, un proyecto de vida laboral. Un sentido, anhelar un destino feliz y una patria grande.
*Psicólogo (U.C.A.), ex Seleccionado Nacional de Rugby, Fundador de Proyecto Deporte Solidario, especialista en salud mental y adicciones; ex Subsecretario de Prevención Investigación y Estadística en Materia de Drogas de la Nación