martes 31 de enero de 2023
OPINIóN opinión

La muerte de Jiang Zemin y la sombra de 1989

10-12-2022 00:58

El año 1989 fue sombrío para el Partido Comunista Chino. La feroz represión del mes de junio en la plaza de Tiananmen derivó en una profunda crisis política y agudizó el aislamiento internacional de China. Todo en un contexto de serias penurias económicas y renovado cuestionamiento de los sectores conservadores del partido al rumbo elegido por el reformista Deng Xiaoping, artífice de la China contemporánea. La caída del Muro de Berlín parecía ser el golpe de gracia para el régimen. Muchos pronosticaron, erróneamente, que el gobierno chino replicaría el destino de colapso de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Pero aquellos fallidos pronosticadores no supieron ver la clave del éxito chino bajo el liderazgo de Deng, a la luz del aprendizaje de la experiencia soviética: la apertura del sistema comunista debía ser gradual y solo en el plano económico. Es por eso que a Deng no le tembló el pulso para aplacar con dureza las protestas de 1989. No obstante, su liderazgo quedó muy debilitado, sumado a su edad avanzada. Es en ese contexto en que emergió la figura del alcalde de Shanghái, Jiang Zemin, como el sucesor elegido, pese a la fuerte resistencia de los sectores conservadores del partido. Jiang no era a priori la primera opción para suceder a Deng. Había otras figuras de mayor peso político y trayectoria, como Hu Yaobang, quien había muerto a principios de 1989, y Zhao Ziyang, caído en desgracia tras las purgas post-Tiananmen. 

Sin embargo, Jiang supo resistir el renovado embate de los referentes históricos del partido que querían retornar al modelo económico maoísta y ralentizar o, incluso, directamente cancelar algunas de las reformas económicas impulsadas por Deng. Jiang exhibió desde un primer momento dotes de liderazgo y se caracterizó por un estilo histriónico y carismático, que lo alejaba de los viejos cuadros del partido, al tiempo que lo acercaba a la gente. Toda una novedad. Asimismo, sus aptitudes diplomáticas le permitieron restablecer los lazos con EE.UU. y otras potencias europeas. Jiang se presentó al mundo como un reformista económico de avanzada, que sinceramente admiraba el progreso económico y tecnológico occidental.

Jiang fue así un fiel continuador del legado económico y también político de Deng. Durante los diez años de liderazgo de Jiang, China consolidó su espectacular despegue económico, con tasas de crecimiento superiores al 10% hacia su segundo mandato. Fue el hacedor de la política del “ir hacia afuera”, que permitió la internacionalización de las grandes empresas chinas. En 1997 y en 1999, Jiang fue protagonista de dos hitos históricos para China: la retrocesión de Hong Kong y Macao, respectivamente. Jiang logró coronar su era con la histórica incorporación de China a la OMC, en 2001, entre otros logros destacados. En el ínterin, fue clave para prevenir la guerra con EE.UU., tras el bombardeo “por error” de la Embajada de China en Belgrado. Y quizá lo más importante, en términos de su legado al partido: lo abrió a nuevos sectores e hizo posible la primera transición pacífica de poder, a manos de Hu Jintao, respetando el límite de dos mandatos presidenciales impuesto por Deng.

2022 y la sombra de 1989

Jiang se encontraba desde hacía varios años retirado por sus problemas de salud. Sin embargo, su influencia en el partido a través del otrora decisivo “grupo de Shanghái” se mantenía vigente, mediante el rol de referentes más jóvenes que representaban su ideario aperturista y reformista. Esos sectores fueron definitivamente desplazados de la cúpula del partido tras la reciente entronización de Xi Jinping para un inédito tercer mandato consecutivo. Xi quedó rodeado de todos ultrafieles, en una concentración de poder inédita desde los tiempos de Mao Zedong. Difícil saber si el enfermo y anciano Jiang tuvo la lucidez suficiente en sus últimos días como para apreciar ese proceso. Pero seguramente lo supo anticipar con claridad.

Jiang ha muerto a los 96 años, y el partido afrontó los funerales de Estado más trascendentes desde la muerte de Deng Xiaoping, en 1997. En distintas oportunidades los funerales se convirtieron en disparadores de protestas ciudadanas en China. Lo fueron justamente los del reformista Hu Yaobang, en el preludio de la catástrofe de Tiananmen. Hoy China vive un clima de ebullición inédito con evolución impredecible. Se han desatado masivas manifestaciones contra las draconianas políticas de “Covid 0” que Xi ha convertido en un sinónimo de su propio liderazgo, pese a las funestas consecuencias que estas han tenido sobre la economía china.

Xi Jinping se encuentra ante la difícil disyuntiva de tener que descomprimir rápidamente el creciente malestar social aliviando las medidas, pero a la vez arriesgando una peligrosa disparada de contagios, en un contexto de pobres niveles de vacunación y baja efectividad de las vacunas. Es importante destacar que, pese a que algunos manifestantes han blandido consignas políticas contra Xi, el grueso de quienes protestan simplemente quiere recuperar su vida tal como era en 2019. Poder trabajar, consumir y viajar sin restricciones. Al mismo tiempo, otra parte de la ciudadanía continúa apoyando la dureza de las restricciones por el temor que sigue imperando frente al virus, sobre todo por la amenaza que constituye para los mayores.

¿Cuán relevante puede convertirse el sector que salió a las calles y hasta dónde pueden llegar las consigas de sus demandas? Es una gran pregunta. Un dato especialmente preocupante para el partido han sido las protestas registradas en universidades, algo que no se veía desde 1989. Se trata de una nueva generación muy orgullosa del poderío chino en el siglo XXI, pero deseosa de más libertades. Al recordar a Jiang, Xi destacó con perspicacia su rol durante las protestas de 1989. 

Todo indica que Xi ha tomado nota de la gravedad de la situación. Así lo demuestra el reciente anuncio de alivio de restricciones sanitarias junto con una serie de medidas para apuntalar la alicaída economía. Al mismo tiempo, las fuerzas policiales han sido desplegadas eficazmente en los principales focos protestas, logrando el efecto de disuasión esperado. Pero la historia difícilmente termine allí: la definitiva partida de Jiang, una era que muchos chinos recuerdan con nostalgia, en medio de la agitación social, podría ser el preanuncio de otro año sombrío para el Partido Comunista Chino.

* Director del Observatorio Sino-Argentino. Docente de la Especialización sobre China Contemporánea de la UCA. Candidato doctoral en Estudios Internacionales (UTDT). Master of China Studies y profesor visitante de la Universidad de Zhejiang (China).

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