viernes 23 de abril de 2021
OPINIóN La gran incertidumbre nacional II
20-03-2021 02:30

Las élites y el pueblo

20-03-2021 02:30

Es habitual que muchos comentaristas políticos hablen de las diferencias entre Cristina Kirchner y Alberto Fernández. De sus conflictos, sus tira y aflojes. Sin embargo, pienso que no hay tal antagonismo. Han demostrado hasta el momento gran armonía en cuanto a los resultados políticos de lo que han actuado.

Los comentaristas mencionados se refieren al deseo de la Vicepresidenta de quedar liberada de sus acusaciones ante la justicia, acerca de las cuales no hay hasta el momento ningún avance en los aspectos legales. Sin embargo, el propio Presidente ha dicho que no le da un indulto porque no puede legalmente hacerlo (Cristina todavía no está condenada) y además ella no pretende un indulto sino que las acusaciones queden anuladas. La otra salida sería una amnistía generada en el Congreso Nacional, bastante curiosa, tratándose de amnistiar delitos de corrupción, y no delitos políticos, que es lo que la doctrina y la tradición nacional establecen. ¿Justificar la corrupción de los dirigentes, de eso se trata? ¿Tan bajo hemos caído los argentinos? ¿Éstas son nuestras élites?

Se ha nacionalizado un modelo que desde hace mucho se impuso en algunas provincias: una oligarquía burocrática, a través del control del partido mayoritario, va copando el control de todos los resortes del Estado. No solamente el poder Ejecutivo y el Legislativo, también el manejo de la obra pública, y del poder judicial. Esto pasó y pasa en Santa Cruz, y en Formosa, como ya ocurrió en el  pasado en Santiago del Estero y Catamarca. Este modelo está en pelea actualmente a nivel nacional, y deriva la política que debería estar centrada en la salud y la pobreza hacia temas personales y familiares que meten en el baile al conjunto de la nación.

Para  imponer este modelo trabajan tanto Cristina como Alberto Fernández, quien toda su vida política la dedicó, con Néstor Kirchner a remar en el mismo sentido. Si volvemos a la pregunta de quién manda, que obsesiona a ciertos comentaristas políticos, me parece que la respuesta es que manda un equipo dirigido por dos personas. ¿Es acaso imposición de una sobre el otro? No importa decirlo así, el asunto es que resulta una coincidencia de medidas.

Pero la salida nacional no viene desde esas élites políticas actuales, fracasadas todas. No nos proponen un ideal trascendente sino una encarnizada pelea de barrio.

Si las élites están dedicadas a cuestiones absolutamente personales, atentas a sus fortunas, debemos dirigir la mirada hacia el pueblo que todos los días construye el país. Los objetivos son superar la pandemia  —una tarea de nivel mundial, por cierto—, mejorar la seguridad de la población, agravada con la miseria imperante, y hacer una construcción espiritual para no caer en el desánimo.

El pueblo peronista se ha mantenido unido para defenderse del neoliberalismo, pero también ha sido traicionado por quienes desvirtuaron el mandato del general Perón, y Menem es el caso extremo. Pero no solo Menem, de allí la encrucijada actual en la cual desaparecen los referentes nítidos de ese peronismo popular y doctrinario que con un grupo de compañeros denominamos hace unos años “peronismo peronista”

Hay una gran incertidumbre nacional, por la pandemia viral, por la gran pobreza y hasta miseria en que está la sociedad argentina, por la crisis de inseguridad en los más variados centros urbanos. Las peleas políticas empeoran todo esto, y hay que salir de ellas.

No debemos agregar una incertidumbre cultural que nos lleve a considerarnos atascados en esta mala situación. Los liderazgos políticos están degradados, la criminalidad ha aumentado y la voz iluminada del Papa argentino suena solitaria.

Las reservas morales del pueblo son nuestra gran esperanza. Una moral que se funda en las tradiciones y hábitos nacionales: el problema no es la situación de las élites, sino la situación del pueblo. Esa reserva es por ahora latente pero está viva y resuelta a resurgir.

*Poeta, crítico literario y ensayista.

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