OPINIóN
Legalización del aborto

Debates y prejuicios sobre la interrupción voluntaria del embarazo

Para hablar de un problema que interpela desde hace décadas a nuestra sociedad, es importante comprender lo que representa dentro del campo de la ética.

Aborto legal
Aborto legal | CEDOC

Hay determinadas situaciones en la vida de los estados, donde lo antagónico se transforma en discurso, y las ideas combaten en un campo irreducible.

El aborto representa un acto que es objetivamente lamentable: la interrupción de una vida en desarrollo. Es necesario comprender la dimensión emocional de un procedimiento irreversible, y solo quienes transitaron por esa terrible situación podrán entender el alcance literal de estas palabras.

No es posible hablar seriamente del aborto y separarlo de la cuestión ética que representa, ya sea para las posturas tanto a favor como en contra de la IVE (Interrupción Voluntaria del Embarazo).

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Nadie está a favor del aborto. Nadie puede desear que una persona tenga que atravesar esa terrible instancia, del mismo modo que nadie está a favor de la interrupción de una vida en desarrollo, independientemente de las posiciones biológicas, filosóficas y jurídicas sobre el origen del ser humano. De lo que se está a favor o en contra, es del derecho a interrumpir voluntariamente el embarazo, aún bajo las consecuencias éticas del acto en sí mismo.

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Es importante no minimizar ningún aspecto de lo que implica una decisión de tal magnitud. Cada una de las posturas, tanto a favor como en contra, entiende que hay un hecho trascendental que no puede separarse de lo que consideran “justo” o “correcto”, incluso de lo que puede constituir según sus más íntimas convicciones, un verdadero crimen. Ya sea para quienes ven como una vulneración de derechos individuales la prohibición de interrumpir libremente un embarazo, como de aquellos que ven en esa interrupción, una violación cabal del derecho a la vida de una persona concebida e independiente de la voluntad del progenitor, y con pleno derecho a existir.

Si queremos hablar seriamente sobre el aborto, abandonemos la superioridad moral de los argumentos.

Para hablar de un problema que interpela desde hace décadas a nuestra sociedad, es importante comprender lo que representa esta problemática dentro del campo de la ética.

Diana Maffia, Doctora en filosofía, analiza con gran lucidez el dilema ético que representa el aborto: “De los conflictos más complejos, que no son entre el bien y el mal (en cuyo caso solo deberíamos elegir el bien) sino un conflicto entre dos males: una maternidad forzada o la interrupción del embarazo”.

No hay soluciones simples ni indoloras, una problemática social de tal magnitud, tiene desde hace muchos años una constante social que diferencia las prácticas clandestinas.

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En las condiciones actuales, el destino de la interrupción quedará librada a la condición social de la persona gestante, optando entre una práctica sanitaria en una institución médica, o un procedimiento en un lugar infrahumano en donde se jugará la vida. Ambos procedimientos son clandestinos, pero muy distintos, la barrera que los separa es social y económica. Aquella persona que puede pagar, accede, la que no, sufre (y muchas veces muere).

Maffia también expresa: “Es necesario escuchar a las mujeres y sus razones para comprender la gravedad de este conflicto, porque la dimensión de la tortura que significa una maternidad forzada puede medirse en que esa mujer arriesga su vida en un aborto clandestino e inseguro para evitarla”.

Representa también un debate pendiente, establecer cuáles son las condiciones del sistema público de salud para dar la atención y contención a la Interrupción Voluntaria del Embarazo. Es importante debatir también qué infraestructura sanitaria estará disponible para un procedimiento médico seguro, que no agrave el problema. Un debate profundo sobre la IVE, tiene que establecer un mismo estándar en cuanto a la infraestructura de salud y la educación sexual integral.

La interrupción de un embarazo es lamentable. Pasa incluso en los países con mejor acceso a la salud reproductiva, lo que nos invita a pensar que hay espacios de la sexualidad humana muy difíciles de controlar o prevenir, incluso por los mejores programas de salud pública. Sin embargo, tanto los métodos anticonceptivos como la educación sexual deben ser la regla general, y deben alcanzar a todos los ciudadanos. Esa meta debe ser un punto irrenunciable por todas las posturas en relación a la IVE.

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En las audiencias públicas sobre el proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo del año 2018, el Cura villero Gustavo Carrara sostuvo: “Si se quiere ayudar hay que luchar contra la pobreza y el Estado tiene las herramientas. Si atentamos contra la vida por nacer, sumamos más muerte a este panorama sombrío". Mónica del Rio, directora del sitio web Notivida sostuvo: "La diferencia entre Argentina y el mundo no es la cantidad de abortos sino la calidad del sistema de salud". Estas posturas, claramente en contra de la IVE, manifiestan la relación de esta problemática con las políticas públicas de salud.

En otro aspecto, gran parte del debate jurídico sobre el aborto se transformó en un debate sobre la concepción misma de la persona, de los alcances generales y las interpretaciones para el caso particular del Pacto de San José de Costa Rica, la Constitución Nacional y el Código Civil y Comercial. Si bien es un debate apasionante, sus alcances finales son casi metafísicos, el origen de la vida es una causa abierta por las distintas corrientes del Derecho y de la Filosofía.

Según el jurista y filósofo de Harvard, John Rawls, una forma de abordar la problemática del aborto, es mediante el análisis de lo que representa una colisión de derechos dentro de una sociedad plural y democrática. Es necesario conseguir un balance razonable, un acuerdo para evitar la anulación mutua de derechos o una discusión que se vuelve interminable: ¿Cuándo termina el debate sobre la existencia de la persona humana?, ¿Cuáles son sus alcances finales?

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Darío Sztajnszrajber hizo una interesante interpretación de Rawls en las audiencias del año 2018. Según el filósofo, el debate tiene que ser sobre un hecho que sucede: los abortos clandestinos, y no guiarnos por un debate de alcance metafísico, o sea, más allá del mundo tangible, lo que conlleva a un análisis filosófico-jurídico sobre el origen de la vida.

Si el debate de ideas se desarrolla con la negación o estigmatización de cualquiera de los sectores en pugna, se están violando los principios básicos sobre los que decidimos formar un gobierno constitucional de iguales. Todas las posiciones deben ser respetadas y todos los argumentos deben ser escuchados. El dolor que el debate genera debe ser comprendido con humanidad y empatía, sin descalificar, sin prejuzgar.

Nuestros gestos deben estar a la altura de nuestras ideas. Sinceremos las posturas y encaremos un problema que exige respuestas.

 

Leonardo Güi. Abogado. Docente de Derechos Humanos desde la Perspectiva Internacional, Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, sede San Isidro, extensión áulica Tigre, Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales.