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OPINIóN / A 50 años del Cordobazo
martes 28 mayo, 2019

"¡Obreros y estudiantes, unidos y adelante!"

Las explicaciones del llamado "cordobazo" no pueden dejar de lado aspectos tales como la procedencia de la fuerza laboral.

por Ángel Cabaña

Imágenes del Cordobazo Foto: Ceodc

La década de los 60 es agitada. La juventud de los países opulentos irrumpe con sus reclamos insolentes, objeta lo establecido, impone sus preferencias en el vestir y la música, adopta prácticas como el budismo zen y el yoga, crea un entorno colorido y sonoro –a veces estridente–, y sintetiza sus aspiraciones en frases como “haga el amor, no la guerra” y “La imaginación al poder”.

En Estados Unidos, la gente de color se alza en defensa de sus derechos y los muchachos –blancos o negros–, eluden el reclutamiento para la guerra de Vietnam y crean el arte y la cultura pop, mientras se difunden la píldora anticonceptiva y la vacuna oral Sabin, el rayo láser y las centrales nucleares.

La década de los 60 trasciende por sus cambios culturales; la humanidad se asoma al espacio y pone sus pies en la Luna. El papa Juan XXIII reclama un mundo más justo y solidario cuando al convocar en 1962 al Concilio Vaticano II, cobra nuevo impulso el Consejo del Episcopado Latinoamericano, cuya declaración en Medellín de 1968 –año de la rebelión estudiantil de París y de la fugaz primavera de Praga–, dice: “América Latina parece vivir bajo el signo trágico del subdesarrollo que no sólo aparta a nuestros hermanos del goce de los bienes terrenales, sino de su misma realización humana.”

Cómo el Cordobazo le abrió el camino de regreso al peronismo

En Argentina, el decenio se cierra en mayo de 1969 en la ciudad de Córdoba, donde están instaladas la mayoría de las fábricas de automotores del país, y la universidad más antigua. Los obreros que trabajan en esas fábricas reciben salarios más altos que el salario promedio industrial en otras provincias, el desempleo es del 5 %, lo que fortalece al sindicalismo. Unos están afiliados a la CGT dirigida por antiguos dirigentes peronistas que habían apoyado la llegada de Onganía –e incluso asistido a su asunción en la Casa Rosada–; y los otros a la CGT de los Argentinos, dirigida por Raimundo Ongaro, opuesta a la racionalización de la administración mediante suspensiones y despidos, puesta en marcha por la autollamada Revolución Argentina.

El mundo estudiantil universitario ve incorporarse a jóvenes de la clase media baja que estudian y trabajan, sensibilizados por la “noche de los bastones largos”, y las muertes de los activistas Santiago Pampillón, Juan José Cabral y Alberto R. Bello,devoran los escritos de los teóricos de la dependencia y la nueva novelística latinoamericana, las canciones de Violeta Parra, Víctor Jara, Daniel Viglietti, Caetano Veloso y la Nueva Trova Cubana.

Me gustan los estudiantes
que marchan sobre la ruina.
Con las banderas en alto
va toda la estudiantina:
son químicos y doctores,
cirujanos y dentistas.
Caramba y zamba la cosa
¡vivan los especialistas!

Que vivan los estudiantes,
jardín de las alegrías!
Son aves que no se asustan
de animal ni policía,
y no le asustan las balas
ni el ladrar de la jauría.
Caramba y zamba la cosa,
¡que viva la astronomía!

Un periodista y una cobertura magnífica: el Cordobazo

A un problema estudiantil de relativa importancia, como es el precio de la comida en los comedores universitarios, se suma la decisión del gobierno provincial de suprimir el llamado “sábado inglés” pago, es decir, la media jornada laboral, que se remontaba a la década de 1930.

Los gremios más poderosos –SMATA (Sindicato de los Mecánicos de Automotores y Transportes de la Argentina), Luz y Fuerza, y la Unión Tranviaria Automotor (UTA)– en los que tienen un peso significativo los cuerpos de delegados y las comisiones internas, convocan a un paro activo y toman todas las medidas pertinentes, previendo que el gobierno prohibirá la medida de fuerza y reprimirá. También se suman los sindicatos de la empresa Fiat Concord (Sitrac) y de Materfer (Sitram), obreros de otras empresas (Perdriel, Ilasa, Perkins, IME, etc.), empleados públicos, comerciantes y profesionales.

El 29 estalla el “Cordobazo”. La ciudad de Córdoba se vibra el día 29 de mayo cuando a las 10 de la mañana los obreros abandonan las fábricas y rumbo al centro de la ciudad van dejando atrás los sucesivos cordones policiales que los esperan armas en mano. Portan banderas, gritan consignas contra el gobierno, organizan actos relámpagos, controlan que no haya pillaje, corean el Himno Nacional, mientras la gente les demuestra su solidaridad.

Con el presentimiento de posibles actos represivos, algunos de los manifestantes llevan clavos miguelito, tornillos, tuercas y bulones y gomeras y bombas de estruendo y, uno que otro, un arma de fuego. En su avance hacia el centro, se incorporan grupos de estudiantes universitarios al grito de:

¡Obreros y estudiantes, unidos y adelante!”

Ante el intento de la policía de bloquearles el paso, la reacción de los manifestantes no se hace esperar, y la ciudad se convierte en un campo de batalla.

“Luche, luche, no deje de luchar,

por un gobierno obrero y popular”

Al mediodía es muerto el obrero mecánico Máximo Mena. Pequeños grupos organizados levantan barricadas en las esquinas, derriban cables eléctricos, con bolitas de acero de los rulemanes hacen resbalar y caer a los caballos de la policía, arrojan adoquines y bombas Molotov ante los gases lacrimógenos y las granadas de la policía, rompen vidrieras, saquean comercios, destrozan bancos de plaza, muebles, mercaderías, arrancan árboles y carteles de la vía pública,producen incendios de automóviles, oficinas estatales (Dirección General de Rentas, la Aduana)y empresas extranjeras (Xerox y Citroen); los estudiantes liberan los gatos que habían embolsado la noche anterior y sacan de quicio a los perros de la policía; por la noche francotiradores en las terrazas de los edificios constituyen un dolor de cabeza para los soldados.

Desbordadas las fuerzas policiales, el gobierno tuvo que enviar al ejército al mando del general Elidoro Sánchez Lahoz quien, después de haber restablecido el orden en el centro de la ciudad, declarará haberse sentido al frente “de un ejército británico durante las invasiones inglesas, dado que la gente arrojaba de todo desde sus balcones y azoteas”. Desde la Semana Trágica del 7 al 14 enero de 1919 bajo la presidencia de Hipólito Yrigoyen, no había ocurrido algo similar en la ciudad de Buenos Aires.

Toque de queda, allanamiento a la CGT de los Argentinos, detención de  dirigentes, su juzgamiento y condena por los Tribunales Militares Especiales. Cuatro muertos, 170 heridos, 300 detenidos, entre los cuales figuran Agustín José Tosco, sentenciado a 8 años y 3 meses de prisión; Elpidio Ángel Torres, 4 años y 8 meses; Viador Moreno, 5 años; Mario Soresi, 1 año y 3 meses; Hugo Armando Osadán, 8 meses, además de cuantiosos daños materiales.

El Poder Ejecutivo dicta la ley 18.235 que faculta la expulsión de extranjeros “indeseables”, y propone reprimir las actividades comunistas con prisión de 1 a 6 años.

Puesto que la revuelta se llevó a cabo sólo en Córdoba a partir de uno o dos disparadores de escasa monta –lo que da pie al gobierno para lavarse las manos y atribuirla a una ingerencia internacional obra de ideólogos, especialmente marxistas– hoy, a cincuenta años, las explicaciones del llamado “cordobazo” no pueden dejar de lado aspectos tales como la procedencia de la fuerza laboral y su relación con las actitudes que legitiman el uso de la violencia con fines políticos; el impacto de la revolución cubana y la iglesia pos-conciliar en el estudiantado universitario, en sectores de la izquierda y del justicialismo; el anticomunismo como una concepción dominante en las fuerzas armadas; una clara señal de rechazo al proyecto de la dictadura del general Juan Carlos Onganía de reestructurar políticamente el país en otro contexto social y cultural, y a su alianza con ciertos sectores de la CGT moderada.


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