sábado 27 de noviembre de 2021
OPINIóN 17 de octubre
17-10-2021 02:10
17-10-2021 02:10

¿Se está muriendo?

17-10-2021 02:10

Poco antes de las PASO, cuando aún pensábamos que el peronismo las ganaba por pocos puntos, me junté con Ricardo Rouvier (sociólogo-encuestador y peronista) para hacerle una difícil pregunta: ¿vos que pensás?, ¿el peronismo se está muriendo? “Ahh, qué buena pregunta, me hubieses avisado y me preparaba una semana antes”, comenzó Ricardo. 

Este lunes recibí un mail del editor de PERFILl, invitándome a escribir sobre el mismo tema. En este caso, fue mÁs generoso. Me dio dos días y medio para mandarle la nota. Y confieso que me siento frente al papel en blanco, sin tener una respuesta. Creo que debería arrancar por intentar definir qué cosa es el peronismo. Aún a riesgo de no poder dar una definición completa, y mucho menos, conformar a todos los que nos consideramos peronistas. 

Primer problema: hay demasiados peronismos. En los años setenta un periodista español le pregunta a Perón: “¿General, ¿cómo se divide el panorama político argentino?” “Mire, hay un 30% de radicales, lo que ustedes entienden por liberales. Un 30% de conservadores y otro tanto de socialistas”. “Pero, General, ¿y dónde están los peronistas? ¡Ah, no, peronistas son todos!”

Como voy a explicar después, esta frase encierra el concepto de la conducción del conjunto de Perón. Eso era una fortaleza del peronismo, muy válida para cuando él estaba en vida y repartía palmadas en la espalda a réprobos y elegidos. 

El “peronistas son todos” era válido cuando Perón estaba en vida. Ahora es una debilidad

Pero hoy, sin una conducción estratégica clara, el “peronistas son todos”  pasa a ser una debilidad. Veamos: Macri nunca atacó a Perón, incluso inauguró su monumento junto a Hugo Moyano. La jefa del PRO, Patricia Bulrich, fue militante montonera y “daba la vida por Perón”. Los peronistas “liberales”, como Pichetto, juegan a ser la pata peronista del PRO. Santilli es un muchacho que militó en el peronismo. El espacio kirchnerista sumó mucha militancia venida de la izquierda, entonces están los que son “peronistas de Evita y el Che” (pero no les gusta Perón), los herederos del montonerismo tardío que son “peronistas del primer Perón” (del último no, porque “era facho y nos echó de la plaza”). Los modernistas peronistas del matrimonio igualitario, y los de “la felicidad del pueblo que garcha”. Los regionalistas del peronismo cordobés y puntano. Los “ortodoxos” que se sienten depositarios de la doctrina, pero terminan armando partiditos del 1%.  Los que dicen “yo pienso así” y su pensamiento “es peronismo”. Los que llegan a funcionarios por currículum o amistad, y no tienen ni idea del peronismo. ¿Peronistas somos todos?

El peronismo como litigio inconcluso. Escribió en 1969 Juan José Hernández Arregui: “en la Argentina se empieza y se termina hablando de Perón. Perón, como símbolo político, es el campo de batalla donde se ventila, a través de agitados y enredosos tramos, este litigio histórico entre la colonia y la soberanía nacional”.

Tomo esta definición de Hernandez Arregui, para una primera aproximación a definir al peronismo.

En la película “Actualización Doctrinaria para la toma del poder”, Perón dice: “en la Argentina ha habido una línea anglosajona y una línea hispánica. La línea hispánica ha sido la que siguió con la idea independentista, la otra es la línea colonial. Y en nuestro país, la línea nuestra es la línea de, diremos, de la Primera Junta, que era independentista. Rosas, que defendió eso: Yrigoyen, que fue otro hombre que defendió también. Y Perón. Todos los demás gobiernos argentinos han pertenecido a la línea anglosajona y la han servido, de una manera directa e indirecta”.

Don Arturo Jauretche explicaba que Estados Unidos resolvió ese litigio en 1865, con la guerra que él llamó “de las camisetas”. Porque fue la lucha entre el sur esclavista, mero productor de materias primas (algodón), y el norte industrialista (fabricante de camisetas), que finalmente ganaron los industrialistas. Aquí podríamos llamarla “del cuero”, entre la oligarquía exportadora de carnes y cueros salados, contra el interior fabricante monturas y artículos de cuero. Trasladado al hoy, sería país exclusivamente sojero contra el país agro-industrial con justicia social. 

En 1945 Perón conformó un poderoso frente nacional, que tenía como base la clase trabajadora organizada, sectores de la pequeña y mediana burguesía industrial, el ejército y la Iglesia católica. La lucha era contra el imperialismo inglés-norteamericano y sus aliados locales, la oligarquía agro exportadora. 

1945-1955, diez años de revolución. Cuando podemos recorrer América del Sur, descubrimos sus bajos y muy recientes niveles de industrialización, la ausencia de legislación laboral y social, las dificultades educativas. Rápidamente concluimos que “por aquí no pasó el peronismo”. Recuerdo una chavista explicándome las nuevas leyes sociales que aplicó el “Comandante”, leyes que yo no podría recordar en que lejano año de los 50 había implementado Perón. 

La primera etapa de la revolución peronista sentó bases de una Argentina de la cual pese a los esfuerzos en contrario nunca se pudo volver para atrás. 

Contrariamente a los movimientos que conciben una teoría, la sistematizan, y luego tratan de aplicarla, Perón explica que “nosotros hemos concebido una doctrina y la hemos ejecutado, y después la hemos escrito y la hemos presentado a la consideración de todos los argentinos.”

Derechos laborales y sociales que hoy creemos “vinieron con la naturaleza”, fueron decisión del peronismo hace 75 años. La gratuidad de la universidad pública. El vertiginoso desarrollo industrial. Las facilidades para que los medieros accedieran a parcelas de tierras. La distribución del ingreso que supero el 50% a favor de los trabajadores.

Esta etapa dejó constituido al movimiento revolucionario más grande e importante de América del sur, que resistió todos los embates y llegó renovado y vivificado al siglo XXI. 

La idea de la Comunidad Organizada. En su discurso de cierre del Congreso Nacional de Filosofía de 1949, Perón sentó el fundamento filosófico de la sociedad a la que aspira el justicialismo, a la que llamó Comunidad Organizada.

Lo sintetiza así: “el hombre podrá independizarse solamente en una comunidad organizada. Donde cada uno haga lo suyo, realizándose en una comunidad que también se realiza. Y la condición elemental de la integración del ciudadano en la comunidad es que la sienta como propia, que viva en la convicción libre de que no hay diferencia entre sus principios individuales y los que alienta su patria. Una comunidad donde el individuo tenga realmente algo que ofrecer al bien general, algo que integrar y no solo su presencia muda y temerosa”.

Dionella Guidi, en su libro “Perón, la palabra realizada”, dice: “Perón se distancia tanto del egoísmo liberal como del materialismo marxista, distancia que no es solo filosófica sino política en tiempos de Guerra Fría.  Desde el pensamiento de Perón, la característica de una comunidad sana y vigorosa es la que tiende al equilibrio entre la individualidad y el proyecto colectivo. La armonía no es negación de conflicto, es entender al todo por encima de las partes,(...)  sin que ello signifique la anulación de los particulares, ni que los particulares operen por encima del bien común.”

Armonía entre individuo y comunidad, armonía entre las necesidades materiales del hombre y sus aspiraciones espirituales. El peronismo defiende la libertad individual, pero esa libertad tiene como límite no violentar el bien común. 

Traducido a la economía el peronismo no está contra la propiedad privada, al contrario, busca que los todas las personas puedan acceder como mínimo a una vivienda propia, y si es posible a tierra para trabajar y a capital industrial para generar más trabajo. Pero, el peronismo basado en un concepto de la Doctrina Social de la Iglesia, plantea que la propiedad privada no es un derecho natural y por lo tanto tiene como límite el bien social.

Bueno, he aquí una gran línea conceptual del peronismo, del pensamiento y obra de los gobiernos peronistas. No es anticapital, ni antipropiedad privada, por el contrario, cree que los productores y los empresarios tienen una gran función social que cumplir, que es generar trabajo que dignifique al hombre. Y que el Estado, junto a las organizaciones libres del pueblo cumplen el rol de fijar los límites al derecho de propiedad e intervenir en la economía en búsqueda del bien común. 

Quedaría claro entonces que el peronismo en su concepción y obra no comulgó nunca con el liberalismo capitalista, ni con el socialismo materialista. 

En 1974 luego de su largo aprendizaje de dieciocho años de exilio, Perón dejó esbozada su propuesta para el nuevo siglo. La llamo Modelo Argentino para el Proyecto Nacional. Una convocatoria al 90% de las fuerzas políticas y sociales para establecer acuerdos básicos sobre el modelo de país al que pueden aspirar todos los argentinos de bien. 

Tercera posición y conducción política. La tercera posición geopolítica nace en el mundo bipolar posterior a los acuerdos de Yalta al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Perón incluye a la Argentina dentro del bloque de países no alineados con Estados Unidos o la Unión Soviética.  Su estrategia es no caer en la órbita de ninguno de los dos imperios, y negociar con ambos buscando el favorecer el interés nacional.

Hoy vivimos en un mundo multipolar, con la aparición de China que busca disputarle a Estados Unidos su hegemonía mundial. En este nuevo escenario, la tercera posición en política exterior vuelve a pasar por fortalecer los espacios regionales como Mercosur, Unasur y otros para establecer mejores condiciones de negociación con las grandes potencias.

Por otra parte, Perón construyó el movimiento peronista desde cero. No había peronistas antes de 1943. Perón no heredó ninguna estructura partidaria preexistente. Su único poder derivaba de la influencia que había logrado dentro de la logia militar GOU. Pidió ocupar un cargo menor y gris hasta el momento, el Departamento Nacional de Trabajo. Desde allí comenzó su labor y su prédica con los trabajadores organizados. Su base inicial fueron los trabajadores organizados, cuyos dirigentes provenían de diferentes corrientes de pensamiento. Luego comenzó a sumar sectores políticos: el radicalismo yrigoyenista, nacionalistas católicos, conservadores, socialistas y comunistas. Acercó también a dirigentes empresarios, intelectuales, y parte de la Iglesia católica.

Ese era un cóctel de hombres con diferentes historias e ideas, difícil de empujar en una misma dirección, pero lo pudo hacer. Y le ganó la elección al conjunto de las fuerzas políticas nucleadas en la Unión Democrática, que contaba con el apoyo explícito de Washington y la simpatía de Moscú, a través de su partido local, el PC argentino. 

Perón mantuvo este estilo de conducción toda su vida. Hay quienes casi despectivamente lo llamaron conducción pendular; pero en realidad fue conducción del conjunto. La habilidad de poder sumar particularidades y ponerlas a trabajar en beneficio del todo. Esta forma de conducir esta expresada de muchísimos textos y discursos de Perón. Voy a citar solo tres de ellos.

El primero texto es el de una carta Pancho Gaitán y Ricardo De Luca, dirigentes del Movimiento Revolucionario Peronista (MRP), del 20 de septiembre de 1968. Dice así: “la voz de orden que debe caracterizar este momento es que cada núcleo cumpla su cometido: los tremendistas con sus modalidades; los doctrinarios con las suyas; los ortodoxos con sus reticencias; los de la apertura extrapartidaria con sus contactos; los merodeadores de los cuarteles con sus informaciones alegres, pero entre cada grupo establecer ‘pactos de no agresión’ para no esterilizar los esfuerzos y, al que le tocará jugar decisivamente en el momento oportuno, sumarle el bagaje de los demás pero, en caso alguno atacar a un grupo porque no se identificara con la parcela de lo que hace el otro. (….) “Mi experiencia me dice que en los 25 años que viene actuando el peronismo todos sus éxitos revolucionarios en el gobierno y en la oposición se han afirmado solamente en la unidad y solidaridad de todos los peronistas y sus organizaciones”.

El segundo es parte de una charla con los diferentes grupos de Juventud Peronista el 8 de septiembre de 1973: “Cada uno, dentro del movimiento, tiene una misión. La mía es la más ingrata de todas. Me tengo que tragar el sapo todos los días. Otros se lo tragan de cuando en cuando. En política todos tienen que tragar un poco el sapo, pero yo más, yo hago aquí de padre eterno. Bendigo orbe et urbi. ¿Por qué? Porque mi misión es esa. La misión mía es la de aglutinar al mayor número, porque la política tiene esa técnica, acumular la mayor cantidad de gente proclive o pensante hacia la finalidad y los objetivos que nosotros perseguimos.(... ). Yo estoy para llevarlos a todos, buenos y malos. Porque si quiero llevar solo los buenos voy a quedar con muy poquitos (risas), y en política con muy poquitos no se puede hacer mucho (…) Esta es mi misión, como digo es la más ingrata de todas, porque muchas veces llega un tipo que yo le daría una patada y le tengo que dar un abrazo. Pero la política es así, es un juego de ductilidad, tolerancia y paciencia. ¡Pero qué paciencia hay que tener! Y, si no, no hay que meterse en esta, ¿no? (risas)”.

El tercer texto pertenece a una carta dirigida a John William Cooke, el 25 de agosto de 1964. “Sobre todas las cosas es necesario continuar manteniendo la unidad del Movimiento a toda costa. (…) Todos los peronistas deben apoyar lo existente (aunque sea de mala gana) porque lo mejor suele ser enemigo de lo bueno y, dentro de ello tratar por todos los medios de ir mejorando lo alcanzado. Ese es el camino de la perfectibilidad y por el único que puede llegarse al éxito (…). Yo sé que hay muchas cosas que funcionan mal pero pienso que somos una ‘aplanadora’ que momentáneamente está desarmada. Armémosla y pongámosla en marcha, que, aunque sea despacito, podremos aplastar al que se nos oponga. Si todos los peronistas se deciden a ello, yo no tengo la menor duda que venceremos. Es tarea entonces de todos los dirigentes trabajar para armarla y ponerla en marcha, sin pensar que algunas de sus piezas no funcionan también como fuera necesario”.

Perón construyó el peronismo desde cero. No había peronistas antes de 1943

La base social del peronismo actual. Don Arturo Jauretche, en una carta dirigida al padre Hernán Benítez, fechada en Montevideo el 25 de julio de 1956, reflexiona sobre la derrota de 1955. ¿“Por qué caímos? (…) Se cayó en el error por una apreciación puramente electoral de despreciar sectores de burguesía y clase media. Nuestro movimiento era un partido vertical de base obrera, que tomaba fácilmente el treinta por ciento de clase media, y un quince o veinte por ciento de la burguesía industrial y agraria. Por subestimar ese sector (…) se unificó de hecho la totalidad de la clase media y la burguesía en contra y los resultados están a la vista”.

Cuando los sectores de clase media y pequeña y mediana burguesía se alejaron y enfrentaron al peronismo, el peronismo perdió el gobierno. Sucedió en 1955, 1976 y también en 2015. 

Pero, hoy 2021 existe una situación más compleja. Se ha modificado el entramado social de la Argentina y se ha modificado la base social del Frente de Todos. La desindustrialización ha quitado fuerza a los gremios industriales y han crecido los de servicios. La persistencia de un núcleo duro de pobreza dio origen a los movimientos sociales, que no tienen la fortaleza de las organizaciones sindicales. Y parte de los trabajadores sindicalizados por diferentes motivos han dejado de acompañarnos. Hoy el fuerte de la base social del Frente de Todos lo componen los trabajadores vinculados al estado, y los movimientos sociales cuya identificación política es más diversa.  

Volviendo a la pregunta inicial. Yo creo que sí, que el peronismo está en riesgo de fractura y disolución. Hoy no hay quien cumpla el rol de “padre/madre eterno/a”, quien ejercite la conducción del conjunto, de llevar a los buenos, a los más o menos y a los malos. Esto no sería preocupante si en la militancia y dirigencia media y alta hubiese unidad de concepción. Es decir, si al menos una mayoría de nosotros estuviésemos de acuerdo en que cosa es el peronismo y hacia donde caminar.

El peronismo, si quiere sobreponerse una vez más a los intentos de su disolución,  tiene algunas difíciles tareas por delante, más allá de los coyunturales resultados electorales. Una es recuperar su base de sustentación originaria, el movimiento obrero organizado, amigarse con la clase media y los sectores de la producción nacional. Otra, reordenar y explicitar sus grandes líneas de pensamiento, y democratizar sus conduccioes por elecciones. Y, desde el gobierno, retomar la búsqueda de grandes consensos nacionales, que nos permitan enfrentar entre todos,  las dificultades de un mundo cada vez más complejo y cambiante. 

Como dicen Pablo Gerchunoff y Roy Hora en un diálogo sobre el tema que publicó elDiarioAr.com: “tantas veces me mataron/tantas veces me mori/ sin embargo estoy aquí resucitando”. A mi edad (que no es tanta) ya vi morir y resucitar al peronismo varias veces: el 1 de Julio de 1974 cuando muere el General; en los meses previos al golpe de 1976; en la derrota de 1983; en los meses finales de Menem... y espero confiado en que esta sea una más, y que la resurrección sea rápida, porque está demostrado y claro, que a pesar de todos los pesares, más allá del peronismo esta la nada misma. Pero eso no nos exime de nuestra responsabilidad de (como dijo Perón) rearmar la “aplanadora” que momentáneamente está desarmada. “Es tarea entonces de todos los dirigentes trabajar para armarla y ponerla en marcha, sin pensar que algunas de sus piezas no funcionan también como fuera necesario.”

El futuro de los argentinos nos está esperando.

 

*Autor de Salvados por Francisco y La Lealtad-Los montoneros que se quedaron con Perón.