OPINIóN
Qué nos dice la Biblia

Tiempo para reconstruir

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2020. El Covid-19 abrió una herida que dejará una cicatriz en la memoria colectiva de la humanidad. | cedoc

Al preparar mi predicación de los domingos me pregunto cuál es el mensaje bíblico para esa comunidad, es decir, cómo traduzco un mensaje de más de 2000 años al creyente de hoy. También busco entender cómo esas lecturas iluminan la situación vital, concreta. Resulta claro que es imposible hacer una interpretación literal de la Biblia y de cualquier otro texto. Aún en un relato los personajes pueden cobrar en el lector una vida que el mismo autor no imaginaba. Esto es lo que se conoce como el círculo hermenéutico. Para los creyentes hay un actor que juega un rol importantísimo en ese círculo, el Espíritu de Dios, que inspiró al autor sagrado y que también inspira al lector orante de la Biblia. Aclaración: los católicos no tenemos la exclusividad del Espíritu Santo, sopla cuando, donde y en quien quiere. También en los creyentes de otras religiones y en los no creyentes, aunque tal vez no lo sepan.

Tratando de encontrar una imagen que describa lo que la humanidad está viviendo, diría que el huracán Covid-19 nos tomó impreparados y que lentamente comienza a perder fuerza como cuando los huracanes tocan tierra firme. Las vacunas anunciadas y deseadas por la humanidad harán de tierra firme. Así como los huracanes dejan importantes destrozos a su paso, la pandemia ya ha dejado graves daños económicos, sociales y psicológicos, especialmente entre los más vulnerables. El Covid-19 en el 2020, ha abierto una herida que dejará una cicatriz en la memoria colectiva de la humanidad.

Por deformación profesional me gusta interpretar la historia universal -de universo- con categorías bíblicas, se me ocurre pensar que comienza un tiempo de reconstrucción. Uno de mis libros favoritos de la Biblia es el Eclesiastés que reporta las sentencias del sabio Qohélet quien afirma que hay un tiempo para demoler y un tiempo para edificar, un tiempo para abrazarse y un tiempo para separarse. La sabiduría consiste en discernir el tiempo apropiado para cada una de estas acciones que en si mismas no tienen un valor ético predeterminado. Por ejemplo, sería insensato abrazarse en tiempos de aislamiento.

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Pensando en términos de reconstrucción, recuerdo que el pueblo de Israel vivió una experiencia traumática cuando las murallas de Jerusalén y el Templo fueron destruidos y su clase dirigente fue deportada a Babilonia por Nabucodonosor a fines del siglo VI A. C.. Después de 50 años de destierro Ciro autoriza a los judíos a volver a Jerusalén para reconstruir las murallas y el Templo. Comienza entonces un regreso escalonado liderado por Esdras, escriba, y Nehemías, gobernador de Judea. Ojalá que el Espíritu de Dios inspire a muchas y muchos para que surjan nuevos Esdras y Nehemías.

También por deformación profesional no puedo dejar de pensar la realidad utilizando alguna métrica. En estos meses hemos aprendido que la intensidad de una pandemia es descripta por el factor R0 que corresponde al número de casos que se atribuye a una persona infectada durante el período de contagio. Además, sabemos que la curva que traza el número de casos ha alcanzado una meseta alta. Mientras esperamos que esa meseta descienda, nos queda anhelar y actuar para que el mundo nuevo que se está gestando sea mejor. Hoy necesitamos que el R0 de la colaboración aumente exponencialmente. Esto requiere dejar de lado intereses egoístas y desarrollar una actitud que favorezca la cooperación. Todo suma, aún nuestra pobreza. Termino con la Oración del remanso de Jorge Fandermole: “Cristo de las redes. No nos abandones. No pienses que nos perdiste, es que la pobreza nos pone tristes. Agua del río viejo, llévate pronto este canto lejos que está aclarando…”

*Jesuita, doctor en Astronomía, Conicet-Universidad Católica de Córdoba, ex director del Observatorio Vaticano.