sábado 17 de abril del 2021
OPINIóN Acuerdo de precios y salarios
01-03-2021 13:01

Un Consejo económico y social solo para “la platea”

El flamante organismo debería estar implicado en la resolución de los problemas de hoy y su conexión con los del futuro.

Javier Gentilini*
01-03-2021 13:01

Una prueba más de que al Gobierno le encanta tirar la pelota afuera, como también esconderla, es el desenganche del “acuerdo de precios y salarios” con los propósitos del Consejo Económico y Social recientemente lanzado, luego de un imperdonable año de demora.

El error conceptual, como el afán comunicacional, se comprueban rápidamente. Un organismo de estas características debiera estar llamado a articular las distintas capacidades sectoriales con las del Gobierno, en función de objetivos definidos en común para el corto, mediano y largo plazo. Encadenando, por lógica, los acuerdos y acciones más inmediatas con las necesidades y metas de las etapas siguientes, en atención al crecimiento y desarrollo que la Argentina se debe desde hace décadas.  

Por ejemplo, el apremio inflacionario no está desligado del modelo productivo y no se reduce únicamente a la puja distributiva, ni tampoco al déficit fiscal o la emisión monetaria. A todo eso se suman más ítems y la confianza, como las expectativas (condición necesaria de cualquier pacto), no sólo se deben coordinar parcialmente y para el año en curso como busca el Poder Ejecutivo.

Consejo económico y social, las expectativas de los protagonistas

Cualquiera de los sectores convocados, desde una obvia racionalidad de cálculo, relaciona la devaluación estimada con los costos y beneficios esperados. Si hasta las organizaciones sociales lo hacen, cómo no lo van a hacer empresas y sindicatos.

Por lo que resulta muy sospechoso que el Gobierno no quiera discutir el todo y con todos, cuando es al que más le tendría que interesar el alineamiento compartido del conjunto de los factores intervinientes en el circuito de inversión, circulación y consumo, con la mira puesta en cerrar la mejor ecuación macroenómica para el 2021 y los años venideros; sobre la base de consensuar márgenes de producción, sueldos, ganancias, tributos para el Estado y sus desembolsos, más los precios resultantes.

Lo que, por otra parte, resolvería muy prácticamente un “equivalente de intercambio” estable, mediante la fijación también pactada del valor de la moneda (y respetada a rajatabla en el tiempo) para poner definitivamente en caja la inflación.  

La inexplicable desconexión entre el corto plazo del “acuerdo de precios y salarios”, que corre detrás de la pauta oficial del 29% (baja para todas las proyecciones, alta para sacrificar el paradigma del consenso), y el mediano plazo del Consejo Económico y Social, que se va a tomar mil días (?!) para concluir algunas consignas, es un verdadero despropósito.

 La mejor manera de hacer fracasar y desprestigiar una buena política pública es ejecutarla mal y parcialmente

Si “No son materia del CES los asuntos de coyuntura o relativos al funcionamiento corriente de los sectores que ya tienen sus propias instancias de negociación colectiva o abordaje técnico específico (salarios, precios, tarifas, calendarios, interpretación de normas)” como reza parte de su presentación, el consejo permanecerá en el limbo de la abstracción discursiva; sin anclaje, ni encadenamiento secuencial, en la resolución eficiente de los problemas de hoy y su conexión con los del futuro.

Sin contar que, al cabo de semejante plazo, el trabajo de las Misiones, Equipos de Transformación, investigadores locales y asesores extranjeros (que van desde ex presidentes a organismos globales), tendrá una magra implementación; ya que sólo estará vinculado al sistema de financiamiento público internacional” (?!), como confesó el propio Béliz a cargo de la “criatura”, y que justamente por eso no hará más que redundar en el rol (subordinado) que el país ya tiene en el marco del intercambio desigual de la actual economía planetaria, en proceso de ponerse mucho más agresiva. Todo muy decepcionante, pero comprensible, viniendo entre otros de quien empeñó casi todo el 2020 en su frustrada candidatura a presidir el BID.

Como ya dijimos, la mejor manera de hacer fracasar y desprestigiar una buena política pública es ejecutarla mal y parcialmente. Pues bien, el Gobierno acaba de hacerlo y con una de sus principales banderas de campaña.

*Politólogo y docente de la UBA.

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