martes 28 de septiembre de 2021
PERIODISMO PURO Covid-19, ciencia y política
10-09-2021 23:55
10-09-2021 23:55

Marta Cohen: "El G7 estima que a fin de 2022 estará todo el mundo vacunado y terminará la pandemia"

Desde el Reino Unido, la médica argentina se transformó en una referencia, dado que puede ver lo que pasa con la pandemia con ojos argentinos y anticipar cuestiones que luego se producirán. Así, sostiene que en este momento hay dos pandemias: la de los países desarrollados y con población vacunada mayoritariamente y la de las naciones emergentes. Señala los errores del gobierno argentino y sugiere que reconocerlos sería un paso adelante para prevenir situaciones futuras.

10-09-2021 23:55

—Fue sonora la suspensión del partido de fútbol entre Argentina y Brasil porque había cuatro jugadores que venían del Reino Unido. Inglaterra tuvo una política de permisos para los futbolistas diferente de la de otras naciones europeas. ¿Cómo es la normativa en Inglaterra respecto de Brasil y en general de América Latina? ¿Cuál es tu opinión sobre la política migratoria del Reino Unido?

—Debería haber estado en Argentina para el festejo de los cien años de mi padre. La razón por la que estoy en Inglaterra es que la política sanitaria del Reino Unido exigiría que al regresar hiciera diez días de cuarentena bajo vigilancia en un hotel en el aeropuerto o la ciudad de Londres. Es porque se considera que en toda Latinoamérica son países en lista roja. De igual manera, cuando uno llega a Argentina, o a Brasil, una persona común, no un jugador de fútbol, que a lo mejor puede estar eximido, debería al llegar hacer la cuarentena también en un hotel. Tenemos dos pandemias paralelas.

Marta Cohen, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.
COMPARACIONES. “En Argentina aún hay más muertos que en Reino Unido. Estos días hubo alrededor de unos 45 fallecidos en el Reino Unido con 32 mil casos o 45 mil casos,
 mientras que en Argentina hay menos, pero el promedio es de más fallecimientos”. (Foto: Pablo Cuarterolo)

—Si una persona llega a Gran Bretaña desde Estados Unidos o Europa continental, no tiene que hacerlo. ¿Si una persona viniera de Latinoamérica, parara dos días en Madrid y luego continuara a Gran Bretaña, también debería hacer esa cuarentena estricta?

—Por eso hablo de dos pandemias paralelas. Se está separando el mundo occidental desarrollado de los países emergentes. En el Reino Unido se reconoce que las personas vacunadas de Estados Unidos y Europa pueden venir con un test negativo sin necesidad de cuarentena. En cambio, si viene de Argentina, aunque pase dos días en Madrid, debe hacer la cuarentena. Es diferente si hace la cuarentena en Madrid y luego viene. Pero es obligatoria la cuarentena. A su vez, hay dos sistemas dentro de Europa. Uno es el de la Unión Europea, que requiere certificado de vacunación por vacunas reconocidas en Europa. No es el caso de las Sputnik. En el Reino Unido no está ese sistema, sino un listado de colores. Si es un país verde, no hay que hacer cuarentena. Si es uno amarillo, tampoco hay que hacer cuarentena si viene con las dos vacunas. En los rojos, como toda Latinoamérica, sí o sí hay cuarentena obligatoria. Por esa razón no fui al cumpleaños de mi papá.

“Haber cerrado todo tan rápido, considero que no fue lo adecuado.”

—¿Hay un grado de arbitrariedad en la determinación de los colores? En Inglaterra hay más casos que en Argentina, dada la incidencia de la variante Delta.

—No lo sé. En Argentina aún hay más muertos que en el Reino Unido. Estos días hubo alrededor de unos 45 fallecidos en el Reino Unido con 32 mil o 45 mil casos, mientras que en Argentina hay menos, pero el promedio es de más fallecimientos. Las cifras no indicarían que hubiera esa inequidad. No solo en Argentina, en toda América Latina baja el número de casos. Tampoco ingresó la variante delta, que hizo explosión en Europa, en el Reino Unido. En Estados Unidos hay 204 mil casos diarios algunos días. Es también la geopolítica.

—¿Las muertes que se están produciendo son por contagios de hace dos meses y los contagios permiten pronosticar que habrá muchas menos muertes dentro de dos meses?

—No tomaría como hace dos meses, pero sí de 28 días. Se consideran los fallecidos dentro de los últimos 28 días de contagiados. Por eso pronostiqué que habría una disminución en el número de muertes en Argentina porque diminuyó el número de camas de terapia intensiva. No tengo dudas de que ahora seguirán disminuyendo. Primero baja el número de casos; luego, las internaciones en terapia intensiva y luego los fallecimientos. El número de camas de terapia intensiva está muy por debajo del 40%. Los fallecimientos también disminuirán, pero es en los 28 días siguientes al contagio.

—¿Cambió la estrategia que Boris Johnson luego de su propia enfermedad?

—Boris Johnson no creía en la pandemia. Quizá no tanto, pero hablaba de la inmunidad de rebaño. Decía que nos teníamos que contagiar todos, hacernos inmunes y reducir el número de casos. Lo dijo el 5 de marzo de 2020. El 16 de marzo lo que determinó que cambiara la estrategia fue un modelo matemático epidemiológico publicado por el Imperial College London que demostraba la cantidad de fallecimientos que habría si no se hacía nada. Proponían tres modelos. Uno era no hacer nada y la consiguiente saturación de camas de terapia y los millones de muertos que habría. El 80% de la población se enfermaría. Eso no era posible. Otra opción era mitigar solamente. Y otra, la mitigación con distanciamiento social. Era lo que debía hacerse por lo menos por cinco meses, con cierre de escuelas, de universidades y el trabajo desde la casa de la gente, excepto personal esencial. No habiendo vacunas, marzo de 2020, era la mejor estrategia. El 23 de marzo cambió la estrategia del primer ministro. Dio lugar a la cuarentena. La segunda medida importante fue el uso del barbijo. Tampoco lo querían, hasta que se demostró que protegía en el 67% de los casos. No solo protegía de que contagiara a otro, sino de que otra persona me contagiara. De los barbijos el mejor es el quirúrgico. Eso se adoptó en Europa hacia fines de junio. Nuevamente el Reino Unido lo aceptó tardíamente. Recién lo hizo cerca del 26 de julio, cuando 120 países del mundo lo habían tomado. Fueron dos medidas importantes que contribuyeron a que la pandemia se enlenteciera.

—¿Qué hizo bien y qué hizo mal Argentina?

—Lamentablemente, muchas cosas se hicieron mal. No hay crítica. Todos debemos aprender de los errores. Así como la OMS hizo una evaluación de qué se hizo mal y llegó a la conclusión de que, por ejemplo, se había perdido todo el mes de febrero en 2020, es muy importante que el Gobierno ordene una evaluación del manejo de la pandemia. Sirve como aprendizaje. No fue necesario haber cerrado todo en marzo. Se cerró antes de lo necesario, antes que el Reino Unido. Cuando Argentina necesitó la cuarentena, hacia el mes de junio/julio, cuando empezaron a aumentar los casos significativamente, la gente estaba cansada. Haber cerrado todo rápidamente no fue adecuado. También en agosto, cuando Vladimir Putin aprueba la vacuna del Instituto Gamaleya prometiendo inmunidad de 24 meses, como si eso se pudiera prometer, la comunidad científica sabía que el problema que tendría el Instituto Gamaleya eran los elementos para fabricar en cantidad necesaria los millones de dosis para la segunda aplicación. No habría problemas con la primera, pero sí con la segunda. Si yo, médica que leo ciencia, lo sabía, ¿por qué el gobierno argentino apostó? No digo que no sea buena, pero sí que iba a tener los problemas que tuvo. Fue un error estratégico apuntar a una vacuna en desmedro de otras como la Pfizer. Otro error importante fue, cuando comienza la variante delta, haber cerrado las puertas. Limitar 600 argentinos diarios. No fue causante de que la variante delta no llegara a Argentina o no produjera una tercera ola en la Argentina. Países como Chile o Uruguay tampoco tienen la variante delta y no tenían las puertas cerradas para sus residentes. Quedaron 42 mil argentinos, agravaron la crisis económica instalada. Hubo aerolíneas que dejaron de viajar a Latinoamérica, incluida Argentina. Fueron tres errores estratégicos importantes. Todo lo que es un error hay que reportarlo como incidente. Se investiga y trae un aprendizaje. No es para castigar a nadie. Si no aprendemos como personas o como país, no podemos progresar.

—¿Por qué la variante delta tiene baja incidencia en América Latina y tan alta en Europa?

—Nadie sabe qué pasó. El New York Times publicó un artículo al respecto. Yo esperaba que ocurriera hacia el 10 de agosto, más o menos. Lo importante es no dormirse porque puede llegar. Podría ser que en Latinoamérica las variantes predominantes hayan sido la lambda de Perú y la Manaos. Ambas eran más contagiosas y producían mayor resistencia a las vacunas. Podría ser que hayan sido competidoras naturales de la delta. En Inglaterra teníamos la variante alfa y llegó la variante delta. Era 60% más contagiosa que la alfa británica. La desplazó y ahora es el 100%. En Gran Bretaña y Estados Unidos había mucha variante delta. Probablemente, la variante lambda haya sido una buena competidora para la delta y por eso no tomó la prevalencia de otras partes del mundo. No hubo muchos estudios genómicos que compararan la variante delta con la lambda o la Manaos. Es algo que queda por investigar.

—Christian Drosten, el virólogo alemán que consulta Angela Merkel, dijo que recién cuando las personas fueran vacunadas se adquiriría la inmunidad de rebaño. ¿Es algo factible?

—Conrado Estol dijo que era algo sacado de contexto. Estoy de acuerdo. El coronavirus es una familia de virus zoonóticos que se conoce desde el año 1962. Es el virus que produce el resfrío. Nos resfriamos seguido, porque la inmunidad por coronavirus dura poco. Lo mismo pasa con el covid-19. Cuando uno se contagia, adquiere inmunidad por un lapso de tres a siete meses. Por eso no se puede adquirir la inmunidad de rebaño. Por eso la inmunidad por las vacunas también dura menos para las que son de virus inactivado, alrededor de seis meses. Probablemente sean ocho meses para las vacunas vectorizadas y un poquito más para las vacunas sintéticas de ARN mensajero. No es posible que la inmunidad de rebaño, natural o artificial, dure para siempre. Mientras dure la pandemia se necesitará de las vacunas. Se comenzó a hacer un ensayo en el Reino Unido, exactamente hace una semana, con los dobles vacunados que se contagian. Se está haciendo un ensayo de investigación para ver si esas personas adquieren una inmunidad con un nivel de anticuerpos importante. Analizan si esas personas no necesitarán la tercera dosis y de esa manera ahorrar una tercera dosis. Faltan vacunas en el mundo.

—Se dijo que, habiendo tenido covid y una dosis de vacuna, no se necesitaba la segunda.

—Se suponía. El Reino Unido está haciendo la investigación. A cada persona que se va a hacer una PCR y que da positiva, le preguntarán si tiene el certificado de las dos vacunas y quiere participar. Buscan 8 mil personas mayores de 18 años, a quienes les van a dar dos tubitos. El primer día harán un ensayo con sangre en un dedo, lo mandan y ahí van a ver el nivel de anticuerpos, que se repetirá a las dos semanas. Si la escala de anticuerpos ascendió al nivel comparable al de la vacuna, reemplazará a la tercera dosis.

—¿Tendremos un mundo sin barbijos en algún momento del año próximo?

—Hay dos mundos paralelos. En el Reino Unido, a pesar de tener increíble número de contagios, no hay tantos fallecimientos, y el barbijo no es obligatorio, aunque puede que vuelva. Esperan una nueva ola en septiembre. Estimo que hacia el fin de 2021, con 32 millones de terceras dosis, las modificadas en Europa, en Israel, en Estados Unidos, se podrá controlar el número de casos y podamos vivir sin barbijo. En Londres se ve gente con barbijo, aunque no es obligatorio. Pero en el resto del mundo la pandemia continuará. Hay tres pilares para terminar la pandemia: responsabilidad individual, testeos y vacunación masiva. En los países emergentes donde faltan vacunas, los testeos y la gente tiene mucho trabajo irregular y no puede ejercer tanto la responsabilidad individual, estimo que continuará hasta fines de 2022. Se presume, de acuerdo a las estimaciones del G7, que todo el mundo podrá estar vacunado.

— ¿Cómo fue el trabajo de la Universidad de Oxford y AstraZeneca? ¿Cuánto hay de académico y de económico en el proyecto?

—AstraZeneca es un laboratorio de origen belga que tiene sede también en el Reino Unido y colaboró con la Universidad de Oxford con el equipo donde están la doctora Sarah Gilbert y el profesor Andrew Pollard. Son la parte científica y AstraZeneca la de producción para hacer esta vacuna que se vende a precio de costo. No habría, según lo que leí y lo que ha sido publicado aquí, una intervención del gobierno británico para comenzar a elaborar la vacuna, pero se vende a precio de costo. No hay ganancia. Por eso tuvo problemas con Europa, sumado al Brexit, y le echaron tierra, diciendo lo de las complicaciones, que en realidad no es solamente de esta vacuna porque también es por la de Johnson&Johnson, Pfizer y la de Moderna. En realidad, es una iniciativa que intenta, según dicen ellos, no lucrar porque se vende a precios de costo.

“La comunidad científica sabía que el Instituto Gamaleya tendría dificultades para producir segundas dosis.”

—¿Qué le produce la pelea geopolítica a una científica como vos?

—Dolor.

—Las vacunas más usadas en Argentina son AstraZeneca y Sputnik. En el caso de Sputnik, se trata de una tecnología más arcaica, ¿da más seguridad una tecnología más arcaica y probada?

—La vacuna de Sputink tiene la misma plataforma que la de Oxford/AstraZeneca. Las dos son de vector. Utilizan un adenovirus. En la vacuna de Oxford/AstraZeneca es un adenovirus atenuado de chimpancé que produciría resfrío de chimpancé atenuado. La vacuna Sputnik utiliza dos adenovirus humanos. La de Johnson&Johnson también utiliza adenovirus humano. No se usa en Argentina, pero la de Sputnik tiene una plataforma similar por vector. La plataforma más antigua es la de Sinopharm. Usa tecnología de hace setenta años, que es el virus completo pero inactivado. Es la misma de la vacuna para el virus de la polio. Probablemente será la última vez que se utilice. Es eficaz, pero de duración corta, probablemente cinco o seis meses. Por eso el gobierno argentino debería estar considerando dar una tercera dosis a las personas vacunadas con Sinopharm. En Emiratos Árabes o Turquía sucedió que la inmunidad disminuía demasiado a partir de los cinco o seis meses. La tecnología detrás de Pfizer no es de Pfizer, sino de un laboratorio alemán, BioNTech. Me llamó la atención que cuando Joe Biden dijo que liberaría las patentes de Moderna y de Pfizer, Angela Merkel dijo que no. Investigué y me enteré de que en realidad todo era de este matrimonio turco. Generaron la tecnología del ARN mensajero. Deberían recibir un Premio Nobel. Un descubrimiento alemán. Fui a la página de BioNTech y me anoticio de que hizo en marzo de 2021 un convenio con un laboratorio chino, que se llama Fosum Pharma, y que China comenzará a producir la vacuna de ARN mensajero de BioNTech y va a ser Fosum Pharma, que ya estaría próximo para producir mil millones de dosis de Pfizer. Pero no será Pfizer, sino BioNTech/Fosum Pharma. Algo no solamente para la vacuna, sino para otras tecnologías de la industria farmacéutica. Me puse a pensar para qué podrían usarlo. Imaginate cómo sería para el cáncer. En Europa y en Estados Unidos, todos los cánceres se analizan genéticamente. Ante un cáncer se hace un secuenciamiento genético. Así se sabe cuáles son los genes alterados que lo producen. Con la tecnología de ARN podrá haber tratamientos personalizados eventualmente. De acuerdo a cada gen, se puede introducir el mensaje al receptor para que el propio organismo produzca la proteína que lo bloquee. Ahí se me prendió la lamparita. Y tiene un contrato por 15 años. Habrá una revolución de la farmacología con la tecnología del ARN mensajero.

—Moderna también es un laboratorio que no tenía ni siquiera probados otros medicamentos exitosos y volaron sus acciones. También su tecnología tendría otras aplicaciones, por ejemplo en el agro. ¿Después del coronavirus la ciencia habrá pegado un salto que beneficie la vida de distintas especies, incluyendo la humana?

—No lo dudo. Se aprende con los errores. La humanidad aprendió. Fue increíble la colaboración científica interdisciplinaria. Solo así se puede ver el mundo y mejorar. No dudo de que después de esto la humanidad irá para adelante. También en cuanto a las tecnologías virtuales, la alternativa de trabajar de manera más flexible desde la casa. El trabajo digital se da en mi especialidad, la patología. Próximamente no habrá más microscopios. La gente tendrá otra modalidad de trabajo. Es un mundo nuevo.

“Hay geopolítica en algunas restricciones migratorias en Inglaterra.”

—¿Cómo se explica la poquísima cantidad de casos de China?

—No sabemos si la información es real. Si sabemos todo o parte de lo que sucede. Hay artículos muy interesantes sobre el origen del covid-19. Aún no se sabe si fue un accidente de laboratorio o si fue transmitido de una persona. No dan a conocer suficientemente los datos. Además, aprendieron muy rápidamente de los errores. No dudo de que hubo un error de parte de ellos porque lo notificaron a la Organización Mundial de la Salud tarde. No creo que el primer caso fuera en diciembre. Según dicen, a partir de septiembre ya había casos de una infección respiratoria rara, hubo datos que se subieron y después fueron bajados, Cuando llegó la variante delta a partir de un viajero o de algunos viajeros de Rusia que llegaron a China, a la provincia de Guangdong, se encontraron con unos 450 casos, algunos en Wuhan. Fue donde surgió o habría surgido todo. Cerraron la ciudad de Wuhan e hicieron 11 millones de PCR. Aprendieron. A los contactos no los aíslan en la casa sino, obligatoriamente, en un hotel. Los aislaron y aprovecharon a hacer el análisis de la variante delta. Es el estudio más serio que vi sobre la variante delta. Cómo se multiplica, se incuba, los síntomas. Fue precisamente porque siguieron a estos 167 contactos. Más allá de la falta de datos iniciales, lo cierto es que aprendieron.

—¿Puede haber componentes de experiencias anteriores con virus similares que hayan dejado algún tipo de protección a los orientales, independientemente de la desconfianza por las estadísticas chinas? ¿Podría haber componentes en los que determinadas variantes ataquen con mayor letalidad a persona con hábitos de vida o culturas diferentes?

—Tenían experiencia porque habían padecido la epidemia del SARS, precisamente en Guangdong, con una letalidad tan alta que por eso mismo no se convirtió en pandemia. El estilo de vida de la población asiática, especialmente la china, ayudó para que la transmisión se enlenteciera y que hayan controlado mejor la pandemia. Los asiáticos suelen usar barbijos. Cuando uno va a Norteamérica, hay población asiática en Los Ángeles, San Francisco, Vancouver que es reconocible porque va siempre con barbijo. Guardan ese distanciamiento social natural. También puede ser algo genético. En las personas de raza negra y de la India, el covid evolucionó de una manera más grave. Y cuando vieron el porqué, encontraron que hay dos genes que se presentan con más frecuencia en las personas que tienen una evolución más grave del coronavirus. Estos genes son más comunes en la población negra.

Marta Cohen, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.
SALTO ADELANTE. “No dudo de que después de esto la humanidad irá para adelante. 
También en cuanto a las tecnologías virtuales, la alternativa de trabajar de manera más flexible desde la casa. El trabajo digital se da en mi especialidad, la patología”. (Foto: Pablo Cuarterolo)

—¿Qué enseñanzas se obtiene de las experiencias de Australia, Israel y Japón, en donde parecería que el oficialismo perderá las elecciones, dado el malestar de la población con el manejo de la pandemia?

—En Israel, una de las cosas que pasaron fue que vacunaron muy rápidamente. Aquí también hay una cuestión de equidad. Pagaron por la dosis más de lo que la vacuna valía, y vacunaron a todos. Como tenían vacunas disponibles, la segunda dosis fue exactamente a los 21 días. Un estudio de la Universidad de Oxford mostró que como en Inglaterra no había vacunas para todos, se demoraron dos y tres meses entre la primera y la segunda dosis. Y se demostró que la separación de las dosis hasta dos meses es mejor. Es una de las cuestiones que se aducen para explicar qué pasó en Israel, además de los contactos de gente que viaja. Haber separado tan al pie de la letra las dosis en 21 días era lo ensayado, pero aparentemente no lo mejor. Y no olvidemos que en Japón estuvieron las Olimpíadas. Tuvo que renunciar el primer ministro, pobre. No sé si pobre, pero tuvo que renunciar porque se hicieron las cosas mal. Fíjese la honorabilidad. Tanto en Japón como en Australia e Israel, demuestran que vivimos en un mundo conectado. Por eso la pandemia terminará cuando el mundo entero esté vacunado, no solo un país. Mientras sigan los contactos, podrán desarrollarse nuevas variantes. Y una nueva variante distinta, como pasó en Australia, implica que reaparezcan casos. Las vacunas aún son prehistóricas. El coronavirus tuvo muchísimas evoluciones, unas 29 por lo menos, desde la variante inicial de Wuhan, la L, hasta la delta. Las vacunas que el mundo administra despiertan anticuerpos contra el virus original. Esa variante ya no existe. Es como la competencia entre un Fórmula 1 y un Ford A. No es lo mismo. Cuando hay una nueva variante y las vacunas no están adaptadas, como sucede hasta ahora, puede recomenzar a expandirse de la misma manera que sucedió en Australia o Japón.

“Habrá una revolución de la farmacología con la tecnología del ARN mensajero.”

—¿Cómo se explica que en los hospitales de niños de Argentina se reporta mayor crecimiento de otros virus respiratorios de niños?

—El año pasado aquí hubo disminución de casos de otros virus respiratorios, los de la gripe y sincitial respiratorio, que también producen internaciones en chicos. Como todo el mundo estaba guardado en la casa por la cuarentena, vimos una disminución en general del número de infecciones respiratorias. Es lo mismo que sucede en Buenos Aires. Recibo un reporte diario del número de casos de internaciones en mi hospital, y noto que hay veces que hay mayor número de virus sincitial respiratorio que de covid-19. Probablemente es porque estamos prestándole más atención diariamente y no por una compensación. Porque el virus sincitial respiratorio existió siempre, como el de la gripe también. La gripe produce en el Reino Unido 17 mil muertes al año. Pero hasta ahora era como que no lo considerábamos. Acá también notamos un aumento del número de virus sincitial respiratorio respecto al covid-19. No veo un aumento significativo. Los infectólogos de mi hospital no me lo dijeron. Simplemente, estamos mirando bajo la lupa día a día lo que sucede momento a momento.

—¿Por qué en la Argentina no hubo eso que se vio en países mucho más desarrollados que fue falta de camas de terapia intensiva?

—A que de alguna manera los pacientes o no fueron internados o no evolucionaron con un cuadro tan grave. Aquí en el Reino Unido lo vimos durante la segunda ola, pero no en todas las ciudades. Sucedió solamente en Londres; hubo que derivar pacientes a otras ciudades. Es positivo que no se hayan saturado las camas de terapia intensiva, como sucedió en otros países como India, Italia o España.

“La pandemia terminará cuando todo el mundo esté vacunado.”

—Por el cumpleaños de tu papá escribiste: “Pienso en cien años atrás, cuando un 31 de agosto de 1921 llegaste al mundo de Iquitos, en el corazón de Amazonia. Allí nunca te faltó amor de tu madre ni de tu abuela, a quienes perdiste a una edad tan temprana. Mi memoria me trae el recuerdo de tu tío Abner, quien fuera fundamental a lo largo de tu recorrido, que te condujo por la Facultad de Medicina a la Universidad de Buenos Aires”. ¿Cuánto de tu padre afectó tu carrera y cómo la idea de su viaje de Iquitos a la Argentina inspiró tu viaje de Argentina a Inglaterra?

—No solo somos ciudadanos del mundo. Yo vivo acá y allá. Mi hija me dice: “Vivís en Argentina pero estás en el Reino Unido”. Mi papá no tuvo papá desde muy chiquito. Fue huérfano a los 8 años y a los 8 años sabía castellano y le daba clase a los nativos. Hasta que su hermano Abner vino de Lima y le dijo que debía estudiar en el secundario. De ahí vino a Argentina y estudió Medicina. Eso es resiliencia. Es una persona admirable, sin maldad, muy empática. Cuando le hablo termino quebrándome y llorando como ahora. Me emociona hablar de él. Los que tenemos la suerte de haber tenido una familia sólida, que te guía, que te da confianza, que te permite la educación, que te protege, que te abraza, tenemos más posibilidades de llegar que otros que no tuvieron eso. Mi papá no lo tuvo. Sin embargo, llegó lejos brindando ese amor, esa empatía, esa confianza, esa solidez. Antes de haberme venido acá, fui a Sudáfrica. Siempre digo que la vida es como un rompecabezas. Cada paso me llevó al siguiente. Agradezco a la vida que nos ha dado tanto a mí y a mis hermanos Sin esa familia, seguro no estaría acá.

—Tu hijo Emiliano nació con un síndrome genético complejo, por lo que siempre estuviste involucrada en la temática de la discapacidad, tanto en la Argentina como en el Reino Unido. ¿Cómo vivieron las personas discapacitadas el período de pandemia?

—Fue terrible. Soy una persona que planifica mucho. Planifiqué que se quedaría en la casa. De hecho estuvo en casa un año. Tiene cinco personas que lo atienden. Vive con nosotros, pero son cinco personas que lo atienden, e iban a venir solamente dos. Redujimos todo al máximo, pero fue muy difícil. Su edad mental es seis meses, es muy discapacitado mentalmente. Quizá no se dio cuenta. A lo mejor, aprovechó que estaba con la familia. Pero para las personas con vulnerabilidades en general fue muy duro mantenerse en la casa, como las personas mayores que no pudieron salir. Fue muy duro todo.

 

 

“Lo importante será contabilizar cuántas muertes totales más se produjeron en la pandemia”

 

—¿En todos estos datos de comparación de fallecidos, infectados, testeos, puede haber diferencias epistemológicas sobre estadísticas? En Alemania se habla del matiz entre muertos de covid-19 o con covid-19. Nos cuesta entender que en Brasil, con una política menos rigurosa en el combate del coronavirus, la cantidad de muertos por habitante no parece ser tan distinta de la Argentina. ¿Habrá una nueva cuenta cuando todo termine?

—Un factor es el número de muertos por covid-19. Es proporcionalmente muy alto. Pero porque el número de infectados fue más del doble de los que se identificaron. Es porque Argentina no realizó los tests suficientes. Argentina está en el orden de 100 mil diarios. El día que hacemos este reportaje se hicieron 1.300.000 tests, y en Argentina 40 mil. No se identificaron todos los casos. Y seguramente hubo más casos de muertos con covid-19. Personas que quizá tuvieron una embolia y no se sabía que padecían la enfermedad y, por tanto, no fueron diagnosticadas. La pregunta alude a lo que se llama exceso de muertes. Sucedió en todo el mundo. No son fallecimientos necesariamente por covid-19, pero sí son muertes que deberían haberse evitado. Ocurrieron porque el sistema de salud estaba atendiendo la pandemia. En Europa hubo un 50% más. Inciden ambos factores.

—¿No estará allí la verdadera medida? Viví en Brasil y me sorprende que la cantidad de muertos por covid no sea mayor proporcionalmente a la población. Supongo que debe pasar algo similar en India y en otros países.

—Lo que importa es cuántas personas murieron, con covid o como consecuencia de la pandemia. El Reino Unido tiene un sistema público de salud muy bueno. Aun así, hay cinco millones de personas en lista de espera. Seguramente muchas tienen un cáncer que progresó durante la pandemia y no fueron atendidas. Esto tendrá efectos. Lo importante será contabilizar cuántas muertes más se produjeron en la pandemia, por covid-19 o como consecuencia de no tener la atención necesaria.

 

“Hoy, septiembre de 2021, recomendaría no vacunar a los chicos”

 

—En las últimas publicaciones tuyas en Instagram describís las conclusiones de un estudio de la Universidad de Oxford, publicado por el “British Medical Journal”, que confirma resultados positivos sobre los efectos secundarios de las vacunas. ¿Todas las vacunas son buenas?

—Todavía no lo sabemos. Las vacunas a las que se tuvo más miedo fueron aquellas como la de Oxford, específicamente por la trombosis. Sin embargo, ahora las de virus ARN mensajero, las sintéticas, también se sabe que pueden producir efectos secundarios como miocarditis o trombosis. No sabemos qué pasará a largo plazo, porque fueron aprobadas de manera temporaria por emergencia. La única aprobada de manera definitiva es la de Pfizer, por la FDA y solamente para adultos. No sabemos qué sucederá con las vacunas de ARN mensajero a largo plazo, porque es un mensaje genético que se introduce en una célula que, utilizando la maquinaria celular, produce una proteína que simula el antígeno viral para despertar respuesta inmune. No sabemos a largo plazo si esto puede traer alguna consecuencia o no. Es muy importante analizar el costo/beneficio. Ver el riesgo de la enfermedad y el beneficio de la vacuna. Si beneficia contra la enfermedad, aunque tenga complicaciones, vamos con la vacuna. Por eso hay que ver qué pasa con vacunar a niños sanos, que tienen muy bajo riesgo de morir. Pensamos que el riesgo será mínimo, pero no sabemos porque el tiempo no pasó todavía.

—¿Recomendarías vacunar a los chicos?

—En este momento, hoy, septiembre de 2021, diría que no. Por varias razones. La mortalidad de los niños sanos por covid-19 es de 0,17 cada 100 mil habitantes sin comorbilidades. No conocemos el riesgo de la vacuna a largo plazo. Las vacunas por ARN mensajero pueden producir miocarditis. Todos los chicos hasta ahora se recuperaron, pero algunos requirieron terapia intensiva. Algunas vacunas de ARN mensajero pueden despertar lo que se llama síndrome inflamatorio o multisistémico asociado a covid-19. También podría ocurrir por la vacuna. Hubo poquitos casos, y son todos chicos sanos vacunados. Entonces, el beneficio de la vacuna no es mayor que el riesgo, no lo justifica. Además, está la cuestión de la equidad. El mundo debe estar vacunado. Las variantes que circulan, cualquiera de ellas, afectan a personas adultas. Los que llenan las terapias intensivas son adultos. Quienes originan las nuevas variantes son adultos. En África, el 1% de la población adulta está vacunado. Debemos terminar con el covid-19 en el mundo y vacunar a la población adulta para terminar con la pandemia. También está la equidad. Por eso el Reino Unido no recomienda en este momento la vacunación a los niños sanos junto al estudio mencionado sobre la tercera dosis.

—¿La tercera dosis plantea el mismo dilema ético?

—No. Es la postura de la OMS. La OMS no dijo no vacunar. La OMS dijo dilatar y espaciar. Cuando no teníamos la vacuna, en enero, llegamos a tener 1.400 fallecimientos diarios y saturación de camas de terapia intensiva en Europa y en muchas partes del mundo. Ahora tenemos una gran cantidad de infectados con pocos fallecimientos porque tenemos las dos dosis. Pero sabemos que el efecto de la vacuna se va a los ocho o diez meses. Se debe intentar mantener la inmunidad de los países que reciben la vacuna y aumentar la producción y optimizar la distribución hacia aquellos países que la necesiten.

 

Producción: Pablo Helman y Debora Waizbrot.