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POLICIA / Sin Justicia
miércoles 17 octubre, 2018

Vanesa Orieta: "Duele que la sociedad se conmueva tan poco con estas causas"

Pasaron cuatro años del hallazgo del cuerpo de Luciano, y su hermana acusa a la justicia de "instalar impunidad", advirtiendo de "las violaciones a los derechos humanos en democracia".

por Mariana Sarramea

Hermana de Luciano Arruga. Foto: Cedoc

A Luciano Arruga su familia lo buscó por 5 años y 8 meses. Lo encontraron el 17 de octubre de 2014 en el cementerio de Chacarita enterrado como NN. Había sido visto por última vez el 31 de enero de 2009 a la medianoche a una cuadra de donde vivía. Los informes determinaron que fue atropellado horas después, a las 3.21 de la madrugada, mientras cruzaba corriendo la avenida General Paz a la altura de Mosconi, en una zona casi inaccesible para peatones.

Un rastrillaje con perros encontró rastros de Luciano en la Comisaría Octava de Lomas del Mirador. Dos testigos también dicen haberlo visto ahí el día de su desaparición. Sin embargo, sus dichos fueron desestimados por la justicia. Cuatro meses antes había sido detenido y golpeado en el destacamento de la zona por el policía Julio Diego Torales, quien en 2015 fue condenado a 10 años de prisión por las torturas que le infligió a Luciano ese día. Su desaparición es investigada en otra causa que, a una década de su inicio, sigue en etapa de instrucción.

Es una justicia absolutamente parcial y la realidad es que la condena no llegó a todo el resto de los efectivos que durante todo ese día estuvieron en el destacamento”, cuenta a PERFIL Vanesa Orieta, su hermana mayor. La familia asegura que el adolescente de 16 años y otros chicos del barrio eran acosados por la policía para salir a robar, y que su negativa motivaba golpizas y detenciones ilegales. Por eso sostiene que la noche en la que su hermano cruzó corriendo por la vía rápida de una de las avenidas más transitadas de la Ciudad, escapaba de la Policía Bonaerense.

Lo que se sabe es que tras ser atropellado, fue llevado al hospital Santojanni. Testigos del hecho declararon que en ese mismo momento sobre la colectora había un patrullero policial que no se detuvo a pesar de que le hicieron señas. El conductor que lo embistió llamó al 911 y una ambulancia del SAME trasladó a Luciano que quedó internado como NN. Falleció 24 horas después.

Ese día Vanesa y su madre, Mónica Alegre, fueron al hospital a preguntar si había alguien con sus características. Les dijeron que sólo había ingresado un hombre de entre 25 y 30 años. No pudieron verlo, pero era él. Tras permanecer tres meses en la morgue, su cuerpo fue enterrado en el cementerio de Chacarita. Ese error inició un derrotero de casi 6 años de búsqueda.

La aparición de su cuerpo no terminó con el pedido de justicia. Sólo dilató una lucha que ya lleva casi 10 años y que ahora busca determinar las razones que llevaron a Luciano a cruzar corriendo esa madrugada la avenida General Paz por una zona peligrosa.

“Se quiere instalar la idea de que Luciano cruzó por una vía rápida que terminó con su vida. Pero los familiares denunciamos a la misma justicia que investiga y que instala esas falsas teorías que hacen que la causa se mantenga en un estado de impunidad y que logran, por ende, que no se pueda condenar a los responsables”, sostiene Vanesa.

En diálogo con PERFIL la mujer que pasó los últimos 10 años de su vida al frente del reclamo de justicia por la desaparición y muerte de su hermano habla del dolor que le provoca que la sociedad “se conmueva tan poco con estas causas”, y se refiere a la necesidad de profundizar el concepto de “Memoria”: “En democracia se sigue torturando, se sigue secuestrando, se sigue desapareciendo. Y esas son violaciones rotundas a los derechos humanos. No se pueden naturalizar bajo ningún punto de vista”.

- A cuatros años del hallazgo del cuerpo, ¿cómo está la familia?

- Las fechas generan mucho en todos los familiares, no solamente en nosotros. Son momentos en los que una empieza a recordar todo lo que se vivió y lo duro de la causa. El 17 de octubre será una fecha más que nos provocará un montón de sentimientos y, sobre todas las cosas, mucha rabia. Seguimos lidiando con una gran impunidad alrededor de la causa que nos hace sentir impotentes ante lo que ocurre. Los familiares y los amigos seguimos plantados en el mismo camino denunciando al Estado por la desaparición y la muerte de Luciano.

- ¿Cuál es el estado de las causas?

- La causa por la que se condenó al teniente primero Julio Diego Torales surge de la investigación por la desaparición forzada de Luciano y tiene condena firme. Es una causa anterior, del 22 de septiembre de 2008, unos meses antes de la desaparición. En esa detención fue torturado física y psicológicamente en el destacamento de Lomas del Mirador. Se llevó adelante un juicio y se obtuvo una condena de prisión solamente a uno de los policías que estaba esa noche en ese destacamento. Es una justicia absolutamente parcial y la realidad es que la condena no llegó a todo el resto de los efectivos que durante todo ese día estuvieron en el destacamento. En paralelo a esta causa, se sigue investigando aún en etapa de instrucción hace 10 años, la desaparición forzada de Luciano. A esta altura me parece que todos los que quieran conocer el estado de la causa de la desaparición de Luciano tiene que ir a buscar esa información directamente a la fuente: acercarse al juzgado federal donde radica la causa y preguntar cómo puede ser que hace 10 años una familia siga esperando obtener la verdad y la justicia.

- ¿Por qué creés que la causa no avanza?

- Lo que intentan es generar una teoría falsa con relación a un supuesto accidente, instalando la idea de que Luciano cruzó por una vía rápida de la avenida General Paz que terminó con su vida. Pero los familiares seguimos un curso que es totalmente diferente al que sigue la justicia, y lo que hacemos es denunciar, entre muchas otras cosas, a la misma justicia que investiga y que instala esas falsas teorías que hacen que las causa se mantengan en un estado de impunidad y que logran, por ende, que no se pueda condenar a los responsables. Nosotros seguimos insistiendo hasta el día de hoy que Luciano fue secuestrado y obligado a cruzar por ese lugar para perder su vida. E insistimos que es necesario saber qué pasó en esas tres horas previas a que Luciano perdiera su vida. Hay que investigar cuál fue el rol de la Policía Bonaerense en todo lo que él vivió, que seguramente fue toda una situación muy terrible en su vida. Y lo mismo sucedió con Santiago Maldonado, Facundo Rivera Alegre, Sergio Ávalos, Daniel Solano, Iván Torres, y muchísimas otras desapariciones forzadas en democracia en donde el recorrido de la justicia es el mismo: instalar la impunidad y teorías alternativas que, por supuesto, son falsas y que logran el objetivo de desgastar a los familiares y que no se condene a los responsables, tanto materiales como políticos y judiciales, porque cuando hablamos de represión, hablamos de responsabilidades de los grandes estamentos del Estado.

- ¿A qué te referís cuando hablás de la necesidad de instalar una memoria dinámica en contraposición a la memoria estática?

- Socialmente hay una idea de que las desapariciones y las torturas pertenecían a otro momento de nuestra historia. Gran parte de la sociedad las ubica durante lo que fue el genocidio. Nosotros le oponemos a esa memoria estática la idea de una memoria dinámica, que lo que intenta es pensar que el genocidio ha provocado un daño irreparable en nuestra sociedad que se sigue extendiendo hasta el día de hoy en lo que fueron los distintos gobiernos constitucionales y eso se evidencia en cada uno de los casos de desapariciones forzadas, de gatillo fácil, y de causas armadas. La intención es que entre todos podamos reflexionar acerca de la represión y entender que hoy hay muchos cuerpos de muchos jóvenes que sufren las diferentes formas represivas por parte de un Estado que sigue haciendo la vista gorda con la clara intención de controlar y dominar, sobre todo, a los sectores pobres y principalmente a un sector joven y pobre. La idea es no creernos que las torturas, los secuestros y las desapariciones fueron propias de la década del 70. En democracia se sigue torturando, se sigue secuestrando, se sigue desapareciendo. Y esas son violaciones rotundas a los derechos humanos y no se pueden naturalizar bajo ningún punto de vista.

- ¿Cómo era tu vida antes de la desaparición de Luciano?

- Era una vida que tenía que ver con la realidad de muchas personas que a diario se ganan la vida, que tratan de salir adelante. Vengo de una familia humilde, trabajadora, con un contexto siempre difícil. En mi caso personal, siempre estuve cercana a estas problemáticas. No me era ajena y creo que eso fue lo que hizo que se pudiera reaccionar rápido ante lo que estaba pasando.

- ¿Cómo recordás a Luciano?

- Son preguntas que después de haberlas contestado mucho son difíciles. Una siempre va a recordar con mucho dolor. También lo que pasa al recordar este tipo de situaciones y al recordar a un familiar que ha perdido la vida de esta forma, es una gran bronca. Porque era un joven de 16 años, con toda una vida por delante, que no murió producto de una muerte natural, que murió producto de la violencia. Porque le cortaron la vida y, sobre todas las cosas, duele porque era mi hermano. Y al mismo tiempo duele que la sociedad se conmueva tan poco con estas causas. Seguramente si estos hechos pasaran en otras clases sociales las repercusiones serían diferentes y los dolores serían diferentes. Estaría bueno que algún día como sociedad crezcamos humanamente para que nos atraviese el dolor de la misma forma, sea un pibe o una piba de clase alta, media o pobre. Da bronca, porque vivo en una sociedad que está deshumanizada y no está reaccionando ante una problemática que es muy cruel y que nos puede poner en riesgo a todos. Porque cuando hablamos de represión estatal, estamos hablando de una democracia muy débil.


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