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POLITICA / El Observador - Diario Perfil
domingo 29 marzo, 2009

Entrevista a Mario Benjamín Menéndez: "Galtieri no se daba cuenta de que nos estaban derrotando"

El ex gobernador de Malvinas responsabiliza al ex dictador de la derrota y tilda de "mentiroso" al general Balza. Su verdad sobre la guerra.

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Foto: CEDOC
domingo 29 marzo, 2009

Cinco días después de la toma de Puerto Argentino, el 7 de abril de 1982, Mario Benjamín Menéndez asumió como gobernador de las islas Malvinas, en lugar del general de división Osvaldo García. No debía sólo administrar la vida civil de los territorios recuperados, sino también ejercer la jefatura del Comando Conjunto de las fuerzas desplegadas.

Si bien la guerra propiamente dicha comenzó el 1º de mayo con los primeros bombardeos ingleses, los combates más cruentos se llevaron a cabo tras el desembarco británico, el 21 de mayo. A partir de allí, los soldados debieron luchar contra el frío y el hambre, además de contra el enemigo.

En la madrugada del 14 de junio, el asedio británico llegó hasta las inmediaciones de Puerto Argentino y la situación era insostenible. Desde Buenos Aires, la orden era no rendirse. En las islas, los muertos se multiplicaban mientras las tropas huían desbandadas hacia la capital.

Menéndez debía tomar una decisión. Finalmente, optó por aceptar un alto el fuego ofrecido por los ingleses y firmar la capitulación frente al general Jeremy Moore.

—¿Cómo se vivieron las últimas horas antes de la rendición?

—La situación estaba absolutamente deteriorada. Hablé con el general Galtieri y se la describí. El no podía o no quería entenderla, así que se lo tuve que repetir y le pregunté si podía contar con algún apoyo aéreo u otra cosa. Me explicó que no me podía garantizar ninguno. Entonces, le dije: Como comandante, no sé qué va a ser de esta guarnición al final del día de hoy. Ante eso, me voy a hacer responsable. Y le corté.

—¿Ya tenía en mente la rendición?

—No sabía qué iba a hacer, honestamente, porque no había habido contacto con los ingleses. Era como una especie de nebulosa: ¿cómo hacemos ahora? ¿Vamos a seguir combatiendo hasta que las acciones se interrumpan o a tratar de tomar contacto con los ingleses? Esto último me parecía que significaba ponerme de entrada en una posición inferior. En ese momento, el capitán de navío (Barry) Hussey me dijo que había una comunicación con los británicos, que ofrecían un cese del fuego para iniciar conversaciones y terminar con las operaciones. Resolví aceptarlo y les sugerí reunirnos a las 16.

—¿Cómo se preparó para ese momento?

—Me fui a la residencia porque estaba agotado, me lavé, afeité y me puse presentable. Llevaba 36 horas sin dormir. Ni me cambié de ropa, ni me lustré las botas, como dicen algunos. Pensé que era el final. Me puse a juntar los papeles y, después, nos fuimos caminando hasta la Secretaría a esperar a los emisarios ingleses. Ahí, llegó el coronel (Michael) Rose e iniciamos la reunión.

—¿Qué ocurrió allí?

—El planteó, de entrada, que había que resolver en qué momento y forma se produciría la rendición. La verdad es que lo asumí. Sabía cómo estaba mi gente, así que no lo discutí. En ese momento, me llegó una comunicación de Buenos Aires muy particular, muy irreal: que debía negociar con los ingleses las condiciones en que me iba a ir de Malvinas y cómo me iba a llevar todo el armamento y las cosas que tenía.

—¿Cómo se llegó al acuerdo?

—Les planteé: Ustedes han dicho que los argentinos han dado prueba de su valor y bravura en combate, cosa que también creo. Si es cierto, estas tropas merecen llevarse las banderas que los han acompañado en la guerra. Nos dijo que sí. A partir de ahí, se abrió un camino y se planteó en qué condiciones se iba a producir el repliegue de nuestra gente, la entrega de administración, que no iba a haber ningún desfile, ni periodistas en la ceremonia de capitulación. Quedamos en el horario en que el general Moore iba a estar ahí y me fui a hablar con el continente para informar de estas condiciones. Ahí es donde Galtieri dice que me había extralimitado.

—¿Qué le dijeron?

—Les pedí que enviaran barcos para evacuar a las tropas, porque los ingleses me habían dicho que ya estaban listos y quería hacer entrar a nuestros buques en simultáneo. Me dijeron que no había ninguno disponible, lo que me produjo bastante disgusto porque pensé: esta gente no tiene idea de lo que hemos vivido acá. En realidad, eso ya lo había comprendido antes cuando mandé al general Daher al continente. Tenía la idea de que Galtieri no se daba cuenta que nos estaban derrotando en Malvinas, o decían: Dios proveerá.

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