Ciro James, el espía multipropósito que trabajaba para el gobierno de Mauricio Macri, tenía dos debilidades. La primera, por los celulares: tenía varios números y le encantaba pinchar teléfonos ajenos. Y la segunda, por los Mc Donald’s.
El rastro que dejaba no era muy complicado de seguir. A diferencia de las películas de James Bond, el polifacético espía era una persona rutinaria. Cada vez que salía de la SIDE, de donde retiraba las grabaciones de las escuchas que gestionaba, iba derecho a la cadena de hamburguesas y se pedía un Big Mac doble. Después iba a la terminal de Retiro y enviaba las escuchas a Posadas por la empresa de transportes Expreso Singer.
PERFIL accedió a las declaraciones indagatorias que brindó James frente al juez federal Norberto Oyarbide en el marco de la causa conocida como “el Watergate porteño”. El ex topo se encuentra detenido por integrar una supuesta asociación ilícita que hacía tareas de inteligencia ilegales.
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