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POLITICA / Opinión
lunes 18 febrero, 2019

Génesis de un suplicio renovado

Argentina no logra arrancar. Las repetidas decepciones basadas en la experiencias vividas cristalizan fragmentaciones del tejido social.

por Gretel Ledo

Mauricio Macri anunció nuevas medidas para las PYMES. Foto: Captura TV
lunes 18 febrero, 2019

Destrozados, colapsados, fisurados, corroídos. Así se encuentran hoy los vínculos de convivencia entre los argentinos. El sociólogo y filósofo francés, Émile Durkheim (1858 - 1917) aborda en “El suicidio”, la noción de crisis como perturbaciones del orden colectivo. “Toda ruptura de equilibrio, aun cuando resulte de ella un mayor bienestar y un aumento de la vitalidad general, impulsa a la muerte voluntaria”.

Durkheim diferencia entre un ser vivo y el hombre. Un animal no puede ser feliz y, ni siquiera vivir, cuando sus necesidades no son proporcionales a sus medios. Si las mismas exigen más o algo distinto, no podrá funcionar sin dolor. En tanto la reflexión en el ser humano despierta fines deseables que solicitan cierta actividad. ¿Existen límites para las aspiraciones humanas? No. ¿Frustraciones? Sí. La sed inextinguible es un suplicio renovado. La indefinición permanente una frustración magnánima. En el primer caso hablamos de un estadio de insaciabilidad propio de quien anhela crecer constantemente y, en parte, existe cierto grado de aprobación plausible. En el segundo caso, indefinición es sinónimo de infinitos. No se avanza cuando no se marcha hacia algún fin. “Perseguir un fin inaccesible por hipótesis es, pues, condenarse a un perpetuo estado de descontento”.

El equilibrio puede estar ligado a la estabilidad. La estabilidad a la previsibilidad. La ausencia de la misma provoca perturbación psíquica y espiritual. Está en juego la felicidad.

En 2015 la campaña se montó sobre el “voto cambio”. Hoy es el “voto bronca”. Cualquiera sea el camino que hayamos hecho como sociedad, pareciese que la Argentina no logra arrancar. Las repetidas decepciones basadas en la experiencias vividas cristalizan fragmentaciones del tejido social. El denominador común es el malestar que se percibe de manera in crescendo en la ciudadanía en su conjunto.

Puede que se especule con la polarización electoral. Lamentablemente en medio están las familias argentinas desesperanzadas que día a día no encuentran alivio frente a las exigencias del mercado.

Cadenas en el alma

La conciencia del votante argentino hoy pondera la flagrante pulverización del progreso económico horadando a la matriz productiva en su conjunto. Las fuerzas vivas de una sociedad conforman el núcleo esencial para el crecimiento y desarrollo de un país otorgando a través de sus acciones, la legitimidad necesaria para el sustento de un gobierno.

Obstaculizar ese progreso, infringir normas básicas de convivencia social abre espacios de porosidad conflictiva. La miopía del poder regulador del gobierno de turno nos insta como sociedad a la construcción de vínculos de unidad basados en el interés común.

Cada dos años Argentina se torna en un festín de campañas electorales. La recurrente búsqueda por renovar bancas, lealtades, crear empatías; en ocasiones viran el rumbo del genuino interés de las familias argentinas. La preponderancia del interés individual de los candidatos rozan el autismo toda vez que no logran con éxito dar respuestas concretas y materiales a las demandas sociales.

Anteponer el interés individual del político de turno por encima del interés colectivo y nacional resalta la falla y reincidencia que presenta la dirigencia al perpetrar sus objetivos relegando las promesas de campaña para un futuro que nunca llegará a ser tal. ¿Tendríamos que pensar seriamente en implantar un voto de censura para evitar la espera hasta un fin de mandato a la hora de evaluar una gestión?

“Más vale el dominio propio que conquistar ciudades” (Proverbios 16:32). Odios y confrontaciones cierran espacios de diálogos.

Si bien el plano económico constituye la columna vertebral para una Nación, la convivencia social es medular. Las empatías se gestan desde el respeto y el amor. “Más vale el dominio propio que conquistar ciudades” (Proverbios 16:32). Odios y confrontaciones cierran espacios de diálogos.

Allí donde no puede ingresar el poder regulador normativo, donde fracasa el sistema político, cobra un espacio esencial el interés común que nace del amor al prójimo como a uno mismo. Cuando seamos capaces de dar ese paso, habrá nacido una Nueva Argentina cimentada en la unidad nacional con una fuerza indestructible más allá de la política.

 

*Analista Política. Magister en Relaciones Internacionales Europa – América Latina (Università di Bologna). Abogada, Politóloga y Socióloga (UBA).

Twitter: @GretelLedo


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