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SOCIEDAD / Dos decadas del desastre
viernes 30 agosto, 2019

Vivir para contarlo: las historias detrás de la Tragedia de LAPA

El 31 de agosto de 1999 el despegue fallido del vuelo WRZ 3142 de LAPA, terminó con la vida de 65 personas, y truncó el rumbo de otro centenar.

Cecilia Devanna / Mariana Sarramea

A 20 años. La vida después de la Tragedia de LAPA. Foto: Cedoc
viernes 30 agosto, 2019

El despegue fallido del Boeing 737 de la empresa LAPA el 31 de agosto de 1999 no sólo provocó la muerte de 65 personas, sino que también dejó casi un centenar de familias marcadas por la tragedia. Esa noche el vuelo WRZ 3142 con destino a Córdoba nunca despegó, provocando uno de los accidentes aéreos más grandes de la historia argentina.

Minutos antes de las 21 el piloto Gustavo Weigel comenzó a carretear la aeronave sin haber configurado los “flaps”, una extensión de las alas indispensable para el despegue. El olvido activó una alarma que fue ignorada por el comandante de cabina. En los 750 metros que recorrió, la nave derribó el cerco perimetral del aeropuerto, cruzó la avenida Costanera, pisó un auto y se detuvo al chocar contra un terraplén.

A 20 años de aquel día, familiares de las víctimas y sobrevivientes mantienen vivo el recuerdo de ese derrotero que comenzó un martes cerca de las 21 y se extendió por más de 15 años en la Justicia.

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Tragedia de LAPA
  • Oscar Nóbile, sobreviviente

Fue el último en subir al avión. Esa noche llegó tarde a Aeroparque y cuando subió al Boeing 737 comandado por el piloto Gustavo Weigel, todos los asientos estaban ocupados. Sólo estaba libre el 14 B, al lado de la salida de emergencia, en la mitad de la nave.

Logró salir del avión antes de la explosión por un agujero que se formó a su lado. Por un acto reflejo su cubrió la cara con sus manos, saltó sobre una de las alas y salió corriendo. El fuego le quemó la piel de los brazos al punto que debió someterse a 12 cirugías.

“El 1 de septiembre para mí es como para la mayoría el 1 de enero. Uno no ve la hora de que pase esta fecha. Te hace recordar todos estos momentos de hace 20 años y es bastante feo. Sobre todo para los familiares de la gente que no está. Uno lo puede contar”, dijo a PERFIL con resignación.

Oscar es ingeniero civil y ese día había viajada de Córdoba a Buenos Aires, por trabajo. “Antes iba en colectivo, pero en ese momento los precios de LAPA se acercaban mucho a los precios de los colectivos y decidí viajar en avión. Después con el tiempo, me doy cuenta de que en el tema tarifario, cuando baja el precio es por algo”, reflexiona.

Vivir para contarlo: las historias detrás de la Tragedia de LAPA
Oscar, junto a su familia en su cumpleaños número 57.

- ¿Pudo volver a volar?

- Sí. Después de varios años, casi que el médico me empujó a subir a un avión, y empecé a volar todos los meses para sacarme el miedo. Pero al principio fue muy duro. Me sentía muy incómodo. También me ayuda un poco el hecho de pensar que dos veces no me puedo caer. Estadísticamente es muy difícil.

- Después de todo es tiempo, ¿siente bronca por lo que pasó?

- Una vez que pasa el accidente y uno se empieza a recuperar, empieza a querer averiguar lo que pasó. Está la desgrabación de la caja negra. Están todos los peritajes de la Junta de Investigaciones de Accidentes de Aviación Civil (JIAAC), y uno empieza a atar cabos. El comandante no estaba capacitado para pilotear ese avión. Fue una cosa muy evitable y eso es lo que da más bronca a la distancia. Si hubiesen estado concentrados, o si le hubiesen dado bolilla a las alarmas que eran sonoras y lumínicas. Darse cuenta de que se olvidaron de configurar las alas. Si el tipo hubiese estado concentrado y no hablando giladas con la azafata no habría pasado lo que pasó.

  • Miguel Correa, presidente de la Asociación de Víctimas de Accidentes Aéreos e hijo de Miguel Ángel Correa víctima de la Tragedia
Vivir para contarlo: las historias detrás de la Tragedia de LAPA
Miguel preside la asociación de víctimas a través de la cual acompaña y asesora a familiares y víctimas de siniestros.

Un llamada telefónica de su hermana lo puso en alerta. “Vi las noticias. Hay muchas posibilidades de que papá esté arriba de ese avión”, le dijo. Llegaron al aeropuerto de Córdoba lo más rápido que pudieron, pero no encontraron respuestas, la empresa LAPA había cerrado todas sus ventanillas.

“No hubo ningún tipo de comunicación, ni compasión”, recuerda Miguel en diálogo con PERFIL. El gobierno de Córdoba, entonces conducido por Juan Manuel de la Sota, puso a disposición un avión para que los familiares pudieran volar a Buenos Aires esa noche.

“Pasamos muchas cosas inhumanas”, cuenta. Los Correa son una de las 11 familias que recibieron el cuerpo equivocado. “Tuvimos que desenterrar a nuestros familiares. El que tenía yo era de otro. Todos los cementerios allá en Córdoba han tenido que desenterrar a esas personas y entregársela al que correspondía”, revela.

“Había gente que estaba quemada y otros que estaban carbonizados. A nosotros nos habían asignado un médico del SAME que nos explicaba cómo era el sistema de identificación, cómo teníamos que pedir las placas dentarias, y todo eso. Ese médico nos dijo que no entremos a hacer el reconocimiento, ‘llévense la mejor imagen’, dijo. En ese momento nos dieron un cuerpo y al mes llegó a mi casa gente de la Policía Federal con un bioquímico para hacer una extracción de sangre. No entendíamos nada porque no nos explicaban nada. Después nos dicen que podía haber algún error en la identificación y ahí nos dieron ese baldazo de agua fría”, detalla.

“Nosotros ya habíamos hecho el velatorio, habíamos hecho el entierro en un cementerio parque acá en Córdoba, pero la persona que habíamos enterrado no era mi papá, sino un chico de 31 años de una ciudad vecina, de Villa Allende. Hubo un juicio, y a los 8 años se comprobó que hubo una negligencia por parte del Cuerpo Médico Forense”, recuerda.

  • Ivanna Ramonino, hija de Oscar Ramonino, víctima de la Tragedia
Vivir para contarlo: las historias detrás de la Tragedia de LAPA
Ivanna Ramonino junto a su papa, Oscar, y su mamá, Rita.

El cúmulo de fuego se elevaba sobre un lado del complejo Punta Carrasco, y los restos del Boeing 737 se extendían sobre la avenida Costanera. Todos los canales de televisión mostraban escenas de la nave estrellada. De repente, entre los fierros una cámara enfocó algo que parecía ser un auto. Solo quedaban pedazos del paragolpes trasero, pero la chapa estaba intacta. Sentada en el comedor de su casa, Ivanna Ramonino vio la imagen y se descompuso. Era el Chrysler Neón de Oscar, su papá.

Ese día el contador Oscar Ramonino circulaba en su auto por la avenida Costanera rumbo a su casa en Ramos Mejía. Murió arrollado por el Boeing que nunca logró despegar. Desde su casa en la localidad bonaerense de Lobos, a Ivanna todavía le cuesta entender lo que pasó. “La muerte de mi papá fue más que ridícula. Es una persona pisada por un avión”, dice.

Llegó a Lobos hace 9 años, después de un largo recorrido que la llevó a vivir en Capital Federal, en el conurbano y en la provincia de Córdoba. A los pocos meses de la tragedia dejó Ramos Mejía para mudarse a Parque Chacabuco. Ni su mamá, ni su hermano mayor, ni ella, soportaron vivir en la misma casa sin Oscar.

Al tiempo empezó a tomar clases de baile y abandonó la carrera de Administración de Empresas. “El movimiento se fue transformando en mi forma de hablar”, explica. De Parque Chacabuco se instaló en Florida, en la zona norte del conurbano. Después de un tiempo no aguantó más. El barrio queda en un tramo de la ruta que utilizan los aviones que aterrizan y despegan de Aeroparque. El ruido de las turbinas la atormentaba. Aún hoy le sigue pasando: “Los aviones, los bomberos y las ambulancias me angustian”.

Cuando los ataques de pánico se hicieron insoportables, dejó Buenos Aires rumbo a San Marcos Sierra, en Córdoba. “Me costó mucho poder estar mejor, y en un momento, sentí la necesidad de irme. No soportaba nada de la ciudad”.

Tuvo una hija y encontró en las sierras la calma que necesitaba. “Me ayudó observar que en la naturaleza suceden los mismos procesos que uno vive como humano: nacer, crecer, morir, y todo vuelve a empezar. Entender que hay ciclos me fue llevando a otra calma”. Hoy es bailarina y dirige un centro cultural en Lobos donde enseña a otros a bailar.

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Tragedia de LAPA

La causa judicial

La investigación determinó que el olvido, al no configurar los "flaps", fue el eslabón final de una cadena de negligencias que culminaron en la tragedia. Quedó claro que en la empresa imperaba una "cultura de la inseguridad" que se hizo evidente en el audio de la caja negra donde quedó grabada la conversación dentro de la cabina antes de chocar la nave.

“Cuando uno escucha lo que pasó ese día en la cabina de Weigel, se da cuenta de que el foco no estaba puesto en la seguridad, sino en el ‘viva la pepa’”, dijo a PERFIL el abogado Hugo Wortman Jofre, que representó a la Asociación de Víctimas de Accidentes Aéreos en el juicio.

Así fue la conversación entre los pilotos de la tragedia de LAPA

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Tragedia de LAPA

Tras un largo proceso judicial, en 2010 la Justicia absolvió a seis acusados, entre ellos Andrés Deutsch y a Ronaldo Boyd (entonces presidente y vice de LAPA) y condenó a otros dos a tres años de prisión en suspenso. Finalmente en 2014, la Corte Suprema dio por prescripta la causa.

“La muerte de Deutsch en otro accidente aéreo puso en evidencia los riesgos que él asumia a la hora de volar. Muestra la falta de apego del tipo a las normas de seguridad”, agregó.

Deutsch y su esposa murieron el 14 de septiembre de 2014 cuando la avioneta que él mismo piloteaba se estrelló contra la casa de la familia Blaisten, dueña de la cadena de materiales para el hogar, en Nordelta. Fue 15 días después de que la Corte Suprema declarara "abstracto" un recurso de los familiares para evitar que prescriba la causa en su contra.

CP


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