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SOCIEDAD / Día Internacional de la Felicidad
miércoles 20 marzo, 2019

¿Cómo ser feliz? La búsqueda desesperada vs. La búsqueda consciente

Una profesora de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral, aporta una mirada desde la psicoterapia.

El casamiento de John Lennon y Yoko Ono se realizó el 20 de marzo de 1969 en Gibraltar. Foto: CEDOC

Hoy, señoras y señores, no hay otra opción que ser feliz. Así como lo leen, la sensación o sentimiento de plenitud que fue perseguido por el ser humano a lo largo de la historia, por las más diversas idiologías y religiones tiene su día: el 20 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Felicidad.

Todo comenzó en 2012, por una iniciativa del Reino de Bután, que considera la Felicidad Nacional Bruta más importante que el Producto Interior Bruto, instó a la Asamblea General de las Naciones Unidas a proclamar la jornada. Y la ONU lo hizo. Desde entonces, el objetivo de esta celebración es reconocer la relevancia de la felicidad y el bienestar como aspiraciones universales de los seres humanos y la importancia de su inclusión en las políticas de gobierno.

Pero, ¿qué es la felicidad?, ¿es la ausencia de problemas?, ¿cuáles son sus aspectos primordiales? , la licenciada Marcela Spinetto, profesora de la Licenciatura en Psicología de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral, aporta una mirada desde la psicoterapia.

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En primer lugar, “existirían dos formas de felicidad: la búsqueda desenfrenada y posmoderna del placer a toda costa y la búsqueda consciente del bienestar”, dice Spinetto. “En esta última abrevan los aportes actuales del campo de la psicoterapia, con técnicas nuevas y actualización de conceptos”.

“Hay tres conceptos en psicoterapia que se acercan a la noción de felicidad: resiliencia, contemplación y evitación experiencial. En primer lugar, la resiliencia se entiende como el poder que tiene una persona para superar situaciones adversas e incluso salir reforzado de ellas. Se diferencia del concepto resistencia (capacidad de soportar) porque conlleva no solo encarar circunstancias desfavorables sino también que se produzcan cambios en la persona que lo hace”, explica Spinetto.

“Si bien es cierto que ciertas personas son de forma natural más resilientes que otras, no deja de ser una capacidad humana que se puede trabajar y desarrollar”, dice. “Desde la Neurociencia -explica-, se considera que las personas más resilientes tienen mayor equilibrio emocional frente a las situaciones de estrés, soportando mejor la presión. Esto les permite una sensación de control frente a los acontecimientos y mayor capacidad para afrontar retos”.

“Por esta razón, la resiliencia es esencial para el desarrollo de nuestra vida, ya que a lo largo de ella se presentan numerosos momentos difíciles y situaciones complicadas. Saber superar dichas situaciones, va a determinar nuestra felicidad diaria y la de nuestros pacientes”, continúa la especialista quien advierte: “Los terapeutas no debemos desconocer este concepto porque de él depende lo que le suceda a nuestros pacientes sea una tragedia, una razón de parálisis o un desafío y una oportunidad de maduración y crecimiento”.

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“El segundo concepto es el de contemplación, el cual se define como la atención que se presta a un elemento y también como el estado espiritual que aparece en el ser humano cuando practica el silencio mental. Esta noción fue incorporada al ámbito de la psicoterapia a partir de las terapias de Tercera Generación; un conjunto de técnicas y tratamientos que buscan modificar la conducta del paciente desde un enfoque global y próximo a la persona más que al problema, teniendo en cuenta la vivencia del paciente de su conflicto y cómo el contexto social y cultural han producido que su conducta sea poco adaptativa y le genere infelicidad. A diferencia de otras técnicas, estas se basan en el poder del contexto y del diálogo para conseguir dicha modificación de conducta a través de la aceptación del problema”, sigue.

“El objetivo principal de este tipo de terapias pasa por cambiar el modo de percibir el problema por parte del individuo tratado, sin intentar un control extremo o extirpar sus conductas como si fueran algo por lo que avergonzarse, sino ayudándole a replantear la relación entre dichos comportamientos y la funcionalidad que se les ha dado, así como la propia vinculación con su funcionamiento habitual, modificándolas desde la aceptación”, detalla.

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“A través de la autoaceptación, se busca guiar al paciente para que se involucre y comprometa a seguir sus propios valores independientemente de lo que la sociedad dicte, viviendo como uno cree que debe vivir y no como el contexto dicta hacerlo. Me refiero aquí a la paradoja existencial de conectarse, contemplar y aceptar el sufrimiento, la incertidumbre, el dolor como parte de la experiencia vital sin intentar controlarlo o evitarlo para lograr la felicidad y la aceptación. Es decir, sufrir para aliviar el sufrimiento, sufrir para ser feliz”, indicó.

Por último, “el último concepto, la evitación experiencial, es un fenómeno que ocurre cuando una persona no está dispuesta a ponerse en contacto con experiencias privadas particulares, como las sensaciones corporales, emociones o pensamientos, e intenta alterar la forma o la frecuencia de esos”.

“Nuestra sociedad prioriza el sentirse bien permanentemente. Por un lado, nos empuja a forzar emociones que ha etiquetado como positivas y adecuadas, y por otro nos asusta con aquellas que considera que son indeseables. Como resultado, cada vez reaccionamos peor ante eventos (internos o externos) que nos resultan difíciles o desagradables, se reduce nuestra tolerancia a los tropiezos y disgustos, y convertimos experiencias simplemente incómodas en situaciones intolerables”, describe la psicóloga. “No nos damos cuenta de que la búsqueda permanente del bienestar y el no aceptar ciertas emociones, como experiencias vitales normales, sólo consiguen prolongar y potenciar el malestar y nos apartan del bienestar y la felicidad. Al final, entramos en un círculo vicioso en el que ante la mínima sensación de malestar aparece una necesidad imperiosa por escapar de ella”, detalla.

“La psicoterapia actual ayuda al paciente a comprender que la felicidad y la placidez emocional requieren que abandonemos la búsqueda permanente y obstinada del bienestar (la evitación experiencial), y que aprendamos a aceptar las emociones desagradables y el malestar como experiencias vitales normales y constitutivas”.

“Por ende – destaca- no hay felicidad sin sufrimiento, el padecer es parte constitutiva del ser. Si bien la psicoterapia actual trabaja en aliviar el sufrimiento e interviene sobre las conductas disfuncionales y los síntomas, si bien desarrolla en los pacientes la resiliencia, lleva a los pacientes a contemplarse en el aquí y ahora sin juzgarse, ni intentar obturar lo que les pasa, les enseña a no entrar en evitaciones experienciales”.

CDL EA


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