Los números de la ciencia y la investigación argentina se ajustan otra vez: el presupuesto de ciencia y tecnología de la Argentina representará, durante 2026, el 0,14% del PBI. Para encontrar algo parecido, hay que mirar hasta el 2002, cuando el país explotaba.
Esta es la conclusión del último informe elaborado por los expertos del Grupo EPC (Economía, Política y Ciencia), publicado esta semana: la Función Ciencia y Técnica (FCyT) de la Administración Pública Nacional lleva tres años consecutivos de caída de dos dígitos y que la suma de esas caídas empieza a parecerse a una decisión estratégica más que a un recorte coyuntural.
En el primer cuatrimestre de 2026 la ejecución de la FCyT cayó 7,2% en términos reales respecto de igual período de 2025. No es un número aislado: se suma al 30,2% de caída de 2024 y al 16,4% de 2025. En tres años la función perdió 47,7 puntos reales.

La ley 27.614 de Financiamiento del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (hoy suspendida) establecía que en 2026 la Argentina debía destinar el 0,52% del PBI a ciencia. El gobierno ejecutará apenas el 28% de esa pauta. El informe del Grupo EPC no habla de incumplimiento accidental: habla de "regresividad sin antecedentes en la historia presupuestaria del país".
"La FCyT tendría caídas en ocho de los últimos once años, en este caso por motivos puramente ideológicos, no fiscales", señala el análisis del Grupo EPC.
El CONICET, principal organismo de ciencia del país, perderá en 2026 al menos un 7,3% adicional en términos reales, sobre las caídas del 17,7% de 2024 y el 14,2% de 2025. En perspectiva histórica, su presupuesto vuelve a niveles de 2009 y cae 36,7% desde el pico de 2015. El 96% de sus gastos son salarios y becas, y esos salarios cayeron 40,3% en términos reales desde noviembre de 2023. El organismo requerirá ampliaciones presupuestarias de casi 100.000 millones de pesos para sostener esa masa salarial empobrecida, y aun así seguirá perdiendo.

El INTA, segundo organismo del sistema, acumula una caída del 46,5% desde 2023. La CNEA, que sostiene el programa nuclear, perdió 47,2 puntos en tres años y se acerca al nivel presupuestario que tenía en 2008. El INTI —organismo clave para el desarrollo industrial— cayó 44 puntos desde 2023 y 63,1% desde su pico en 2016. La CONAE, que participa en la misión ATENEA-ARTEMIS de la NASA, muestra la caída más dramática: 88,2% real desde su máximo de 2013, y en lo que va de 2026 ejecuta un 38,4% menos que en el mismo período del año pasado. La Agencia I+D+i, el principal fondo sectorial del sistema, perdió 86,3% en tres años.
“La ciencia argentina se está marchitando”
El 66,5% de lo que ejecuta la FCyT son salarios. Salarios que caen, en el caso del personal CONICET, 40,3% en términos reales desde noviembre de 2023; que caen 34,1% para los universitarios y 32% para quienes cobran por el escalafón SINEP. El Estado, en otras palabras, gasta casi todo el presupuesto de ciencia en pagar sueldos que valen cada vez menos. Y la diferencia —bienes de uso, transferencias, inversión real— colapsa. Las transferencias caerán 89,3% en el trienio. Los bienes de uso, 62%.
El impacto no es homogéneo en el territorio. Neuquén perdió el 75,5% de su presupuesto CyT respecto de 2023. La Rioja, el 57,9%. Santa Cruz, el 54,7%. Tierra del Fuego, el 53,4%. Nueve provincias superan el 45% de caída acumulada. La Ciudad de Buenos Aires recibe en proporción 24 veces más inversión per cápita en ciencia que Santiago del Estero. El ajuste profundizó desigualdades que ya existían.
La crisis de las universidades
El panorama universitario completa el cuadro. El financiamiento de las universidades nacionales caerá en 2026 al equivalente del 0,428% del PBI, un mínimo en décadas comparable a los valores de 1976, 1977 y 1982. El programa 26 de Educación Superior pierde 16,9 puntos reales en el año, y el ajuste acumulado desde 2023 alcanza 37,3 puntos. En pesos constantes, el recorte a las universidades en tres años equivale a 6,5 billones de pesos.
Los datos del Grupo EPC permiten una lectura que va más allá de las cifras: en la Argentina de 2026, el presupuesto de ciencia es lo que sobra después de pagar sueldos deteriorados, en organismos desfinanciados, para sostener un sistema que pierde investigadores, equipos y proyectos a un ritmo que nadie puede considerar reversible en el corto plazo.
EG/ff