Fiel a su estilo de acelerar en las curvas, Patricia Bullrich se erigió en la primera voz del oficialismo en cuestionar públicamente la estrategia del aún jefe de Gabinete, Manuel Adorni, para defenderse de la investigación judicial sobre el aumento de su patrimonio y nivel de vida desde que llegó a la función pública.
Aunque como senadora ya está afuera del Poder Ejecutivo que conduce la hermandad Milei, Bullrich mantiene una alta cuota de poder e influencia en el universo violeta. Al punto que integra de manera habitual tanto las reuniones de Gabinete como la de la mesa chica en la que el Gobierno hace un seguimiento de su agenda política.
Con un perfil tradicionalmente alto, la ex candidata presidencial de lo que se llamaba Juntos por el Cambio fue una de las víctimas principales del in crescendo del escándalo Adorni. Además de alterar sus planes ofensivos en el Senado, debió interrumpir sus habituales apariciones mediáticas: tarde o temprano le iban a preguntar por la situación del Jefe de Gabinete.
A comienzos de abril, cuando ya había transcurrido un mes del destape del caso, el círculo que la rodea empezó a filtrar la disconformidad de Bullrich con la manera en que Adorni y el Gobierno enfrentaban las denuncias y los testimonios ante la justicia de las anomalías detectadas en la compra de propiedades y tren de gastos.
No era la única ni mucho menos, ya que varios integrantes del Gobierno se sumaban a las críticas de manera reservada, aunque cumplían con las órdenes de la hermanísima Karina de respaldar en público al cada vez más complicado Adorni. En los hechos, el Gabinete estaba sumido en una parálisis monotemática.
La insatisfacción de Bullrich acaso también se alimentaba de las fricciones con la secretaria General de la Presidencia. Se desconfían una de la otra. Milei la considera más proclive a su propio proyecto que al de LLA. La senadora descree de la fortaleza política del mileísmo.
Hace casi tres semanas, la legisladora decidió ir un paso más allá. Y en un desayuno selecto con empresarios en un hotel de la calle Posadas, sentenció que el Jefe de Gabinete “ya se debería haber ido”. Ese pronunciamiento llegó a los oídos de la hermanísima, que igual prefirió soslayar cualquier reprimenda. El informe de Adorni ante los diputados, donde se negó a explicar nada sobre su patrimonio, pareció calmar un poco las aguas.
La temperatura subió pocos días después, cuando apareció el testimonio judicial del encargado de las refacciones en la casa del country de Adorni y su esposa, Bettina Angeletti (cuya compra tampoco figura en la última declaración jurada del funcionario), en la que informaba que los arreglos habían costado USD 245.000, abonados en efectivo y sin factura a lo largo de diez meses.
Frente al reiterado silencio de Adorni y la ratificación en su cargo por parte de los Milei, Bullrich resolvió cruzar esta semana una frontera que hasta ese momento -y al cierre de esta columna- nadie había osado atravesar.
Primero hizo trascender que había hablado con Milei para decirle por qué lo mejor para el Gobierno era la salida del funcionario. Fue por teléfono, desde Chile, donde Bullrich se entrevistó con el presidente José Antonio Kast sin conocimiento de la hermandad presidencial.
Luego, brindó una entrevista en A24 en la que planteó su cuestionamiento a la demora de Adorni en aclarar su situación: “Lo tiene que explicar de inmediato”.
La súbita aparición televisiva de la senadora tomó por sorpresa a los Milei. Minutos después, volviendo de EE.UU., el Presidente pidió salir al aire por teléfono en LN+ para replicar los dardos bullrichistas. Pese a la amabilidad de los interlocutores, el jefe de Estado se exhibió destemplado, una vez más. La hermanísima caminaba por las paredes.
Al día siguiente, el jueves, el propio Adorni se encargó de replicarle a Bullrich durante una larga charla con Alejandro Fantino. “No lo tomé mal, si no dijo nada. Después, si lo tendría que haber dicho o no… se puede charlar”. Por las dudas, el aún jefe de Gabinete también dejó un mensaje contra las traiciones y que ya le llegará el momento de hablar “mucho”. La advertencia suena más hacia adentro que hacia afuera. ¿Incluye a Bullrich?
En la reunión de Gabinete del viernes, de la que participó Bullrich, nada se difundió sobre si en ese espacio la senadora repitió sus críticas. Al parecer, no sucedió. Sí se informó que Milei volvió a apoyar a Adorni, que luego condujo el encuentro.
Volvamos a una curiosidad de la conversación con Fantino. Adorni negó que en su mente alguna vez hubiese corrido la idea de competir por la Jefatura de Gobierno porteña en 2027, tras su triunfo legislativo en mayo del año pasado. “Es una fantasía de la vieja política. De hecho, no va a pasar”, sostuvo.
Al respecto, varios apuntes. Uno, Adorni hizo lo mismo que “la vieja política”: evitó asumir como legislador. Dos, la fantasía era de Karina Milei y toda LLA de la Ciudad. Tres, no se bajó, lo bajaron. Cuatro, subieron en su reemplazo a Bullrich, que el viernes recorrió Lugano con la karinista Pilar Ramírez y ganó su banca en el Senado por CABA hace seis meses. ¿También eso es una “fantasía de la vieja política”?
A la senadora le resulta todavía poco seductora una candidatura a la Jefatura porteña, según deja trascender. Sobre todo desde que sus clásicas aspiraciones nacionales reciben el estímulo de un sector del círculo rojo para la construcción de una alternativa política que mantenga el rumbo económico. Una suerte de mileísmo sin Milei. ¿Ficción o realidad?
Además de esta distancia que tomó con la postura oficial sobre Adorni, Bullrich dio otras señales en sus encuentros con empresarios. Reanudó su vínculo con Mauricio Macri, por ejemplo.
Algunos de sus colaboradores se entusiasman con encuestas recientes, que la muestran como la dirigente nacional con mejor imagen del país. Teniendo en cuenta el frondoso historial de saltos partidarios bullrichistas, parece inevitable que se hagan los rulos. En especial cuando la escuchan decir “yo avanzo, por el bien de las ideas del cambio; que el resto haga lo que quiera”.
Lo que queda menos claro es cómo sería esa nueva mutación. Milei ya anunció que irá por la reelección. ¿Lo enfrentaría desde otro polo con un electorado pan PRO? Milei podría ser derrotado si gran parte de la sociedad evalúa negativamente su gestión. ¿Eso no la arrastraría a Bullrich? Se abren nuevas incógnitas para un Gobierno en ebullición.