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SOCIEDAD / OPINION
domingo 15 diciembre, 2019

Lavar los pies de otro

por Gretel Ledo

ALTO RIESGO. La pobreza multidimensional está debilitando peligrosamente el tejido social del país. Foto: CEDOC PERFIL
domingo 15 diciembre, 2019

Vengo a servir, no a ser servido. Quienquiera ser el primero, será el último. Las palabras de Jesús fueron agudas para aquellos que ya disputaban un lugar de influencia en su reino. Está en la condición humana, la naturaleza egoísta y el afán por retenerlo todo bajo la muralla de la incomprensión social. La búsqueda por la constante satisfacción personal se convierte en un motor que moviliza nuestra existencia.

Desaprensión por el otro. Ajenidad hacia mi prójimo. Otredad expuesta. Las manifestaciones resultan ostensibles a la hora de indagar en los senderos circundados por la ansiada salida de la ruta llamada yoísmo.

El liderazgo de Jesús transitó exactamente lo opuesto a lo esperado para su época. La subyugación a la que se veían sometidos los judíos desde el Imperio Romano tan sólo concebía una dimensión única de rebelión social: la vía militar y el uso de la fuerza. El tipo de líder salvador que esperaban se visualizaba desde las armas.

Sin lugar a dudas, el quiebre de cosmovisión y paradigma que desplegó Jesús pivotea sobre el mayor de los desafíos del ser humano: dominio propio.

El hambre de poder despierta una voracidad que, con el paso del tiempo, se potencia y retroalimenta a medida que se asciende jerárquicamente en la pirámide social.

Dispuesto y disponible a lavar los pies, a saciar el hambre, a escuchar al otro, abrazar a mi próximo es renunciar a la pobreza espiritual que llevamos dentro. Un mendigo sólo se mira a sí mismo, difícilmente gire su atención hacia aquello que lo circunda.

La sociedad toda, orquestada en una gran connivencia que despoja, arrebata, somete, usurpa, esquilma, chantajea, rapta, saquea, se vale de lo ajeno. La apropiación de la noción de sociabilidad que implica ciertos estándares indiscutibles de convivencia comunitaria. Convivencia enmarcada en derechos formales que hoy despojaron a los sustanciales. Derecho a una vida digna pareciese un imperativo categórico que debe ser garantido en un Estado de Derecho.

¿Dónde quedó la dignidad humana? ¿Dónde la justicia como virtud que atribuye a cada uno su derecho?

Vivir en la marginalidad habla de una multidimensionalidad de la pobreza que aborda acceso a la alimentación, salud, vivienda digna, ambiente saludable, educación, empleo y seguridad social. El tercer trimestre de este año arroja cifras alarmantes para la Argentina: pobreza 40,8%, indigencia 8,9%, 59,5% de menores de 17 años habita en hogares pobres (Observatorio de la Deuda Social, Universidad Católica Argentina -UCA-).

La ausencia de desarrollo económico tiene un corolario directo hacia la falta de equidad. Así hoy se encuentra América Latina en calidad de región más desigual del mundo donde, de acuerdo con la ONU, el 20% más pobre de la población se queda con cerca del 4% del ingreso total, en tanto el 20% más rico concentra prácticamente la mitad de todo el ingreso.

La heterogeneidad estructural de los sistemas productivos sumado a una cultura de resabios coloniales plagada de beneficios para unos pocos configuran una matriz de desigualdad social con múltiples dimensiones de inaccesibilidad al tan mentado progreso económico de una nación toda.

Mirar por la ventana de un comercio el mundo imaginario de bienes separados tan sólo por un cristal, da cuenta de la palpable realidad en la que muchos se han auto rotulado de manera forzada como espectadores de sus propias vidas. Esos espectadores miran “la vida de los otros” como algo ajeno e inalcanzable. Mientras sigamos conviviendo bajo categorías de nosotros-ellos, nosotros-los otros seremos responsables directos del fariseísmo en un país sin sociedad. Una sociedad asocial.

Privilegiar el logro de equilibrios macroeconómicos a expensas de los pueblos erosionan la capacidad de la política para hacer frente al flagelo espiritual que representa la pobreza y la indigencia. Sobrevolar por encima de los intereses sectoriales y aún de aquellos que pertenecen a nichos políticos abre un atisbo de escenario que mira hacia un entramado nacional basado en los intereses comunitarios con vistas a una mayor cohesión social que, de una vez por todas, ya no relegue el plano de realización que cada ser humano aspira en este mundo.

Pactos sociales sellados y rubricados desde la inclusión y la justicia social, la dignidad humana.

En defensa propia. Bajo el “sálvese quien pueda”. Todo es igual y se subsume en clave indiferencia, apatía social. La política y los políticos tienen que comenzar a lavar más pies de otros, verter en acciones los campos declamativos porque el hambre tiene cara de hereje.

 

Analista Política. Magister en Relaciones Internacionales Europa – América Latina (Università di Bologna). Abogada, Politóloga y Socióloga (UBA). Twitter: @GretelLedo

 


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