SOCIEDAD
Nüremberg del entretenimiento

Miss Piggy y la rana René se sumaron a la lista negra de los dibujos animados "aberrantes"

Ahora también piden incluir a personajes de Los Muppets entre los dibujos animados que deberían prohibirse por fomentar la violencia física y el acoso sexual.

Miss Piggy y la Rana René-20210310
Miss Piggy y la Rana René. | Shutterstock

Siguiendo el Juicio de Nüremberg contra los productos infantiles que entretuvieron varias generaciones de chicos en el continente americano, ahora le tocó el turno a Los Muppets.

Varios usuarios de redes sociales cuestionaron el vínculo entre Miss Piggy y la rana René (Kermit The Frog, en la versión estadounidense) argumentando que la cerdita ejerce sistemático acoso sexual y violencia física y emocional contra la rana, más débil que ella. Un típico caso de abuso de poder, pero en esta ocasión desde el sexo femenino hacia el masculino. 

Hace apenas unos días, el bombardeo contra los productos culturales infantiles llevó a los diarios el resonante pedido de censurar al zorrino Pepe Le Pew porque “fomentaba el acoso sexual” al asediar a otro animal femenino que no le correspondía.

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

Critican varios dibujos animados clásicos por fomentar el acoso sexual

Los detractores de Miss Piggy enarbolaron la misma bandera y pidieron que una de las más icónicas parejas de la televisión de los años 50 hasta hoy fuera suprimida de la tira. Y esto también golpea a Disney Company que en 2004 compró los derechos de los tele-muñecos.

Identidad y estructuras sociales

En los años 50, el francés Claude Lévi-Strauss enojó a varios con su lectura estructuralista de diversos mitos. En los 70, el psicoanalista Bruno Bettelheim, a quien Woody Allen, dio pantalla en Zelig, sorprendía diciendo que los cuentos de hadas exteriorizaban nuestros propios temores

¿Quién vendrá para poner marco teórico al bombardeo de los últimos días contra los dibujos animados que veíamos quienes arrancábamos el domingo con la saga de Disney y lo cerrábamos con Tato Bores?

Ante la avalancha de críticas contra los productos que acompañaron el crecimiento de varias generaciones, los propios herederos de Dr Seuss, el creador de Grinch y el Gato en el Sombrero, una fábrica de best sellers estadounidenses, abrió el paraguas y decidió descatalogar seis de sus libros más famosos porque  “retratan a personas de manera errónea e hiriente”, según su propio mea culpa.

Así, el escritor Theodore Gessel, alias Dr. Seuss, pasó de exitoso ganador del Premio Pullitzer 1984 a racista. 

Zorrino enamoradizo

Apenas horas más tarde, fue cuando apareció en escena Charles M. Blow, un defensor de los derechos de la comunidad afroamericana y columnista del periódico The New York Times, a prender la mecha al censurar en su artículo del periódico neoyorquino el dibujo animado Pepe Le Pow, el zorrino enamoradizo de Warner Bros, porque “normaliza la cultura de la violación”

Más aún, Blow reforzó el concepto vía twitter comentando un corto video de la tira del zorrino sexópata: “esto ayudaba a enseñar a los chicos que ‘no’ en realidad no significaba ‘no’ sino que era parte de un juego, la línea de largada de una lucha de poderes”.

Y lo peor de todo es que, si se observa con ojos del siglo XXI lo que consumíamos en el XX, veremos a un zorrino pegajoso y acosador acorralando a una zorrina, una gatita o quien fuere, sin darle posibilidad de defenderse. Es decir, Blow tiene razón, aunque la tira retrate un mundo XY que definitivamente ya cambió o que al menos no se acepta.

A nuestros ojos que siguen minuto a minuto la saga Meghan-Harry versus la corona británica, que una cortesana como Ofelia renuncie al amor del príncipe Hamlet porque él está para mayores cosas, parece una estupidez. Sin embargo, con dibujos o no, cada obra de arte representa la cosmovisión de la sociedad en la que nace.

Que un chico solitario, depresivo, suicida y sin rumbo - Holden Caulfield, el protagonista de la novela Catcher in the rye (Guardián entre el centeno)- se esgrima como el “icono de los 50 de la rebeldía adolescente” es también otra confusión heredada entre víctima y victimario. Sacar una obra de su inevitable contexto social es una miopía cultural.

Más desventuras

Y volviendo a las desventuras animales, ¿qué decir del veloz Speedy Gonzales, de juerga en juerga, bebedor, indefenso, machista y también víctima de un gato? 

Tal vez el pícaro Tweety la pasó mejor, aunque fuera un aparente pajarito débil en la cadena zoo-antropomórfica del entretenimiento: un “perro viejo” lo protegía de un “gato malo” y una anciana distraída y ausente siempre le daba la razón. Estereotipos de una sociedad en constante cambio que buscó mil maneras de recrear esa eterna historia del gato y el ratón.