SOCIEDAD
Algoritmos adictivos

Tras el juicio contra Meta, avanza la polémica por el celular en las aulas

Meta aceptó pagar hasta 17.100 millones de dólares para resolver la demanda de una coalición de fiscales generales de Estados Unidos, que la acusó de diseñar Facebook e Instagram para crear adicción en adolescentes. Es el mayor acuerdo de protección al consumidor fuera del sector tabacalero desde los años 90, y se alcanzó tras la declaración de Zuckerberg en el juicio en Oakland, California.

La acusación era que Meta diseñó a propósito funciones como el scroll infinito, las notificaciones constantes y los filtros de apariencia para retener más tiempo a los usuarios, y que ocultó investigaciones internas propias que mostraban el daño de estos productos en la salud mental, la imagen corporal y el sueño de los chicos.

El acuerdo exige un límite diario de dos horas para adolescentes, bloquear el acceso entre la medianoche y las 6 de la mañana, limitar las notificaciones en horario escolar y modificar el diseño para reducir la comparación social, como ocultar los contadores de “me gusta”.

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Diseño deliberado. Jonathan Haidt, psicólogo social, colega mío en la Universidad de Nueva York y autor de “La generación ansiosa”, fue una de las voces más citadas del proceso. “Esto me parece mens rea: lo hicieron deliberadamente y a sabiendas”, dijo sobre la conducta de la empresa.

En una publicación reciente, Haidt recordó que la Sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones de 1996 eximió a las plataformas de responsabilidad por el contenido de los usuarios, pero aclaró que esa protección nunca cubrió el diseño adictivo del producto: scroll infinito, recompensas variables, notificaciones push, rachas de uso. Para Haidt, el avance es real pero insuficiente, y hace falta regulación equivalente a la del tabaco para toda la industria dada la evidencia acumulada sobre graves impactos en la salud mental de los adolescentes, y la incipiente evidencia sobre impactos en aprendizajes.

Este debate también está presente en Argentina. Al menos siete jurisdicciones ya regulan el uso del celular en las aulas: Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), Provincia de Buenos Aires (PBA), Catamarca, Salta, Neuquén, Tucumán y La Pampa. CABA fue pionera, prohibiendo el celular en nivel inicial y primario desde agosto de 2024, y extendiendo la medida a secundaria en marzo para escuelas públicas y privadas. En PBA, la ley regirá desde el inicio del ciclo lectivo 2026 para primaria. Según la Unidad de Evaluación Integral de la Calidad y Equidad Educativa (Ueicee), el 94% de los estudiantes secundarios de CABA lleva el celular todos los días al colegio, pero solo dos de cada diez lo usan para tareas escolares.

En la primera infancia, un estudio cualitativo del Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat de la Ciudad y la Universidad Austral encontró que el uso de pantallas se vive distinto según el nivel socioeconómico: genera culpa en padres en sectores medios, ayuda a manejar “berrinches” en sectores medios-bajos y es un recurso clave para las tareas cotidianas en los hogares más vulnerables. El estudio remarca la necesidad de acompañar a las familias con orientación basada en evidencia.

Lo que dice la evidencia. La evidencia empírica en América Latina empieza a respaldar esta preocupación y las políticas de restricciones. En Brasil, las restricciones mejoraron los aprendizajes. Otro estudio que realizamos en 2025 desde Global TIES for Children (NYU), con Innovations for Poverty Action y el ICBF de Colombia, relevó lo siguiente: los estudiantes de secundario de cinco ciudades colombianas: el 36.7% pasa más de cuatro horas diarias en redes sociales, el 46% tiene algún consumo de uso intensivo (redes sociales o apuestas o contenido sexual), el 39% presenta síntomas de depresión y el 24% de ansiedad. Lo que está cambiando, tanto en el juicio a Meta como en las políticas escolares locales, es el eje de la discusión: de la fuerza de voluntad de cada chico frente a la pantalla, a la responsabilidad del diseño de un producto pensado para retenerlo. No es un problema individual de autocontrol, sino una arquitectura de la decisión como nos enseña la economía del comportamiento construida para captar y no soltar la atención de quien todavía está formando la suya.

*Profesora de Economía y Psicología Aplicada. Directora Global TIES for Children, directora del centro de investigación Global TIES for Children de la Universidad de Nueva York.