sábado 28 de mayo de 2022
ACTUALIDAD Efemérides 25 de marzo
25-03-2022 08:00

Rodolfo Walsh, el oficial de inteligencia Montonero, acribillado en San Juan y Entre Ríos

El escritor y periodista fue oficial de inteligencia de la organización guerrillera Montoneros. Fue a una cita con un militante que había sido secuestrado y confesó bajo tortura el lugar del encuentro. Fue ultimado por una patota militar de día en pleno centro porteño.

Rodolfo Walsh fue muchas cosas, pero sobre todo escritor, militante y víctima de la última dictadura militar argentina, que lo acribilló en la vía pública, el 25 de marzo de 1977, a plena luz del día.

Mentor inevitable de quienes aman las curvas sinuosas del periodismo; maestro del rigor literario y la escritura precisa; modelo de la investigación en la trinchera; un hombre que no tembló en modificar sus convicciones, aunque estuviera en la boca del lobo. Eso es algo de lo que fue Rodolfo Walsh, antes de ser el triste nombre de una estación de subte.

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Desde el año 2013, la estación de Subte Entre Ríos, de la Línea E, lleva su nombre; fue un pedido de los empleados.

Rodolfo Walsh murió cuando se cumplía un año del Proceso de Reorganización Nacional, el golpe de estado que desorganizó la vida de los argentinos, el 24 de marzo de 1976.

1976 había sido un año tremendo para Rodolfo Walsh, y de muchos golpes bajos para la Argentina. Una vez más, no se quedaría callado y redactó la Carta abierta de un escritor a la Junta Militar.

Rodolfo Walsh, acribillado

El 25 de marzo de 1977, desde la oficina postal de Plaza Constitución, había despachado algunas copias de su Carta a varios periodistas que la publicarían fuera del país. Acá ningún medio lo haría, en ese momento. 

Rodolfo Walsh llegó a la esquina de las avenidas Entre Ríos y San Juan, para encontrarse con un compañero de Montoneros que, según se supo luego, había delatado dónde sería, bajo tortura en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA)

Rodolfo Walsh
Meticuloso y detallista, fue un excelente autor de policiales y precursor del Nuevo Periodismo.

Más veloz que el mal, allí apareció un comando del Grupo de Tareas 3 de la ESMA, a cargo de Alfredo Astiz y Jorge “Tigre” Acosta. Lo emboscaron y al grito de que se entregara, que estaba rodeado, Rodolfo Walsh sacó una pistola calibre 22  y disparó, miope como era. Le tiraron a mansalva con una ráfaga de fusiles FAL. Muerto, lo metieron en un coche y hasta hoy no se sabe qué fue de su cuerpo. Hoy se cree que el autor material del hecho fue Gonzalo "Chispa" Sánchez, represor en ESMA y también responsable de los "vuelos de la muerte".

Rodolfo Walsh y el golpe militar

Cuando estalló el golpe militar y ante la censura de prensa, Rodolfo Walsh, ya famoso periodista, escritor y cerebro, desde 1973, de las tareas de inteligencia de Montoneros –entonces bajo el nombre de Profesor Neurus-, pasó a la clandestinidad. 

Un comisario peronista que había conocido cuando escribió Operación Masacre le hizo un documento de la Policía Federal, pero con nombre falso, Norberto Pedro Freyre. A partir de entonces fue un profesor de inglés jubilado y se fue a vivir a un campito sin agua corriente ni luz eléctrica en San Vicente. Su pareja desde hacía varios años, Lilia Beatriz Ferreyra, alias Betty, se fue con él. 

Rodolfo Walsh y Lilia Ferreyra
Rodolfo Walsh y Lilia Ferreyra, su última pareja.


Tras el allanamiento del Ejército en su vivienda de Tigre, la conducción de Montoneros le había conseguido un pasaje a Roma, pero él prefirió quedarse en Buenos Aires.

Walsh, la muerte antes de la muerte


La vida de Rodolfo Wash acababa de recibir dos golpes duros: el 17 de junio había sido asesinado en Mendoza su amigo poeta y compañero de militancia, Paco Urondo; el 29 de septiembre había perdido a su hija mayor, María Victoria, el mismo día en que ella cumplía 26 años.

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Victoria Walsh, la hija que se pegó un tiro cuando los militares la acorralaron: "Nosotros elegimos morir", les gritó antes.

María Victoria (o «Hilda», su nombre de guerrilla) se suicidó durante un operativo del Ejército, que la rodeó en la calle Corro 105, en el barrio porteño de Villa Luro. María Victoria estaba entonces con otro compañero de base. Intentó escaparse por la terraza pero cuando el comando los acorraló, gritó: «Ustedes no nos matan, nosotros elegimos morir», y se disparó en la sien

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Para Ceferino Reato, Walsh fue el ideólogo del atentado a la Superintendencia de Seguridad Federal, que dejó 23 muertos.

Tres meses más tarde, Rodolfo Walsh escribiría Carta a mis amigos, contando cómo habían sucedido las cosas: 

“En el tiempo transcurrido he reflexionado sobre esa muerte. Me he preguntado si mi hija, si todos los que mueren como ella, tenían otro camino. La respuesta brota desde lo más profundo de mi corazón y quiero que mis amigos la conozcan. Vicki pudo elegir otros caminos que eran distintos sin ser deshonrosos, pero el que eligió era el más justo, el más generoso, el más razonado. Su lúcida muerte es una síntesis de su corta, hermosa vida. No vivió para ella, vivió para otros, y esos otros son millones. Su muerte sí, su muerte fue gloriosamente suya, y en ese orgullo me afirmo y soy quien renace de ella”, describió Walsh.

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Patricia Walsh, la hija menor del escritor. Fue diputada, legisladora y candidata a la presidencia de la nación.

Rodolfo Walsh tuvo otra hija menor, Patricia, que fue diputada nacional por la Izquierda Unida, luego candidata a Presidente de la Nación y, en 2007, ingresó a la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.  

 

Rodolfo Walsh, siempre periodista

Creó la Agencia de Noticias Clandestina (ANCLA) con los periodistas y militantes Carlos Aznárez, Lila Pastoriza y Lucila Pagliai (cuando Walsh fue asesinado, Pastoriza secuestrado y Aznárez y Pagliai se exiliaron, Horacio Verbitsky se hizo cargo de ANSA durante un tiempo). En sus viejas máquinas de escribir, los tres iniciaron una cadena informativa con cables, noticias, datos, que enviaban a la Agencia AFP, la Agencia de Telégrafos de la Unión Soviética (Tass), Prensa Latina, Associated Press, embajadas, políticos, etc, para que las sacaran de Argentina y para que en otros países se supiera lo que pasaba bajo la dictadura militar. 

Siempre escribían en papel Biblia -más liviano-, ensobraban los cables y los enviaban por correo postal (siempre desde oficinas diferentes). 

La primera misiva, la que rompía el frío y pedía solidaridad, siempre decía: “Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información. Rodolfo Walsh”.


Rodolfo Walsh, muerte incierta y sin tumba


La muerte de Rodolfo Walsh fue, al principio, confusa. El día anterior, 26 de marzo, la pareja fue al departamento que tenían en Palermo, antes de mudarse al campo de San Vicente, para continuar con la mudanza. El escritor y Lilia Ferreyra se reencontrarían al día siguiente, en el campo, para compartir una comida con Patricia, su esposo y sus hijos. Nunca se reencontraron. 

Cuando Lilia llegó a San Vicente, en un AMI 8, la vivienda estaba patas para arriba y, sin hablar con los vecinos, pensó que se habían llevado a Walsh y huyó. Una patrulla armada andaba buscando “a los nuevos”, pero se fueron cuando les dijeron que el nuevo vecino era “un profesor jubilado”. ¡Qué jubilado! Es un guerrillero”, largaron, antes de destrozar todo. 

Ante la confusión y la falta de noticias, los cables de ANSA circulaban como parte de guerra. El 31 de marzo de 1977, el periódico cubano Granma, publicó: 

“Destacados intelectuales mexicanos y latinoamericanos, radicados en la capital azteca, pidieron al presidente de Argentina, Jorge Rafael Videla, intervenga para salvar la vida del escritor argentino, Rodolfo Walsh. Según informaciones procedentes de Buenos Aires, Walsh fue secuestrado en San Vicente, localidad de la provincia bonaerense, ignorándose la suerte que haya corrido”.

Fue un mes más tarde, el 24 de abril de 1977, cuando saltó la luz gracias al suplemento Papel Literario del diario El Nacional de Caracas.

Jorge Rafael Videla y Eduardo Massera
La Junta Militar que "reorganizó" el país.

El periódico venezolano publicó entonces una doble página con un documento exclusivo e inédito, “La carta que mató a Rodolfo Walsh”. A continuación se reproducía la célebre Carta abierta de un escritor a la Junta Militar

El texto de Walsh estaba precedido de unas líneas de Luis Alberto Crespo, entonces director del suplemento literario del periódico. La había recibido el editor Tomás Eloy Martínez, el periodista argentino que trabajaba allí desde 1975. 

“La pregunta ‘¿Quién mató a Rodolfo Walsh?’ no ha recibido una respuesta formal por parte del gobierno militar argentino, y probablemente no la reciba nunca. Walsh era uno de los más lúcidos escritores del país sureño y acaso el más brillante de sus periodistas. Sus tres libros de cuentos son otras tantas obras maestras; sus investigaciones sobre los fusilamientos obreros de 1956, sobre el asesinato del dirigente sindical Rosendo García y sobre el oscuro caso Satanowski (sic) fueron el modelo en el que se apoyaron las mejores obras latinoamericanas de narración documental, sin excluir el célebre ‘Relato de un náufrago’ de Gabriel García Márquez”, comenzaba el texto del director literario de El nacional.

Quién mató a Walsh es una pregunta de difícil respuesta. Más fácil es saber por qué. El 23 de marzo pasado, el escritor envío a la Junta Militar argentina una carta abierta en la que reseñaba los crímenes cometidos durante un año de gobierno depredador. Dos días después, fue secuestrado y -según todos los indicios- asesinado por una banda parapolicial o paramilitar; una de las miles que operan en la Argentina sin que sus miembros hayan sido sancionados o tan siquiera identificados por los mismos oficiales que predican el derecho a la vida en ese país de muertos”, concluía antes de publicar el texto final de Rodolfo Walsh.

 

La carta de Rodolfo Walsh

“La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años”, son las primeras de las 2960 palabras que escribirá en su máquina Olympia.

(…) Pedir a los señores Comandantes en Jefe de las tres Armas que meditaran sobre el abismo al que conducen al país tras la ilusión de ganar una guerra que, aun si mataran al último guerrillero, no haría más que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de veinte años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán desaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas”, concluía el texto de la Carta.

De todos modos, sabía que su pedido no sería escuchado.

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Walsh pasó de la derecha antiperonista, al peronismo, la militancia montonera y, luego cierto desencanto metodológico.

Antes de ser acribillado y desaparecer Walsh manifestó a la cúpula de Montoneros sus discrepancias con la organización. Criticó sus métodos de lucha violenta, su falta de respeto a los derechos humanos e incluso, su incapacidad para considerarse el heredero del movimiento peronista, porque no eran representativos del pueblo. 

 

Vida y obra de Rodolfo Walsh


Rodolfo Walsh había nacido el 9 de enero de 1927 en Choele Choel (hoy Lamarque), provincia de Río Negro.  En 1941 su familia de origen irlandés se trasladó a Buenos Aires y él curso la escuela secundaria en un colegio de monjas de Capilla del Señor. Luego, fue pupilo en un colegio de curas de una congregación irlandesa. 

Esa experiencia adolescente le dio pie para sus primeros trabajos literarios: Irlandeses detrás de un gato, Los oficios terrestres y Un oscuro día de justicia

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En el año 2020 se pidió a Brasil la extradición del hombre que le disparó a quemarropa, Gonzalo Sánchez, represor de ESMA.

Durante dos años estudió Letras en la Universidad Nacional de La Plata, pero luego dejó para trabajar. Fue empleado en un frigorífico, obrero de construcción, lavacopas, vendedor de antigüedades y limpiavidrios a domicilio hasta que, en 1944 ingresó como corrector en editorial Hachette, en donde luego fue traductor, una experiencia de muchos años que se reflejó en varias ficciones.

Como periodista, trabajó en las revistas Leoplán, Panorama, Vea y Lea, Noticias, etc. Sus primeras publicaciones fueron Diez cuentos policiales argentinos (1953) y Antología del cuento extraño (1956). 

Su popularidad comenzó en 1957, con Operación Masacre, que nadie quería publicar, hasta que lo hizo un obispo, Marcelo Sánchez Sorondo, director del semanario Azul y Blanco.  

Lo reeditó 9 veces más, pero siempre actualizándolo. Con esta obra, que mostró cómo el paso de los años fue modificando su postura social de escritor combatiente, Rodolfo Walsh fue el precursor del Nuevo Periodismo, corona que sin embargo se le puso primero a otros autores.

“El campo del intelectual es por definición la conciencia. Un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es una contradicción andante, y el que comprendiendo no actúa, tendrá un lugar en la antología del llanto, no en la historia viva de su tierra”, había escrito Rodolfo Walsh en 1968.

 

Rodolfo Walsh y la justicia

El 26 de octubre de 2005, fueron detenidos 12 militares en el marco de la causa por la desaparición de Walsh. Luego de dos años de audiencias en las que declararon 160 testigos, el Tribunal Federal Oral 5 leyó el fallo por el cual Alfredo Astiz fue condenado a reclusión perpetua, junto a otros diez ex militares, entre ellos Jorge “Tigre” Acosta. 

Ex-ESMA.
La ESMA, actual sede del Espacio Memoria y Derechos Humanos.

Hubo dos condenas a 25 años de prisión, una a 20 años, otra a 18 años y tres absoluciones.

En marzo de 2012, al cumplirse 35 años de su asesinato, secuestro y desaparición, se instaló en el Espacio Memoria y Derechos Humanos (ex ESMA), la instalación Carta Abierta de un escritor a la Junta Militar.

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La obra de León Ferrari en la Ex ESMA, que transcribe la Carta abierta de un escritor a la Junta Militar.

La obra diseñada por León Ferrari se encuentra frente al Casino de Oficiales y se compone de catorce paneles de vidrio con la transcripción completa de la Carta de Walsh. 

Un año más tarde, en marzo del año 2013, la estación de subte de la Línea E, en donde fue abatido, recibió su nombre.