Perspectivas

El sector privado piensa a 5, 10 años y teme que la política “haga todo lo contrario” a la estabilización macro

El editor de Economía Política de Perfil sostiene que crece un diálogo transversal para preservar el orden fiscal y discutir el rol del Estado en la etapa que viene.

Casa Rosada (Cedoc)

En medio de datos económicos que “preocupan” y un clima político que empieza a mirar más allá del corto plazo, Ariel Maciel planteó que el sector privado ya piensa en la Argentina de la próxima década. El editor de Economía Política de Perfil dijo que las empresas “la piensan cuando van a poner un mango” y miran cómo puede estar el país “dentro de cinco a diez años”. Su lectura es que el debate dejó de ser solamente macro y empezó a ser de rumbo: qué se sostiene, qué se corrige y qué riesgos trae la dinámica electoral.

Maciel describió un escenario de foto cambiante, con un oficialismo que consolidó poder tras octubre pero que luego enfrentó tensiones sociales y del plan económico. Sostuvo que, tras el verano, el Gobierno entró en una “decadencia comunicacional” que expuso tensiones del programa: desempleo, crisis de empresas y un plan que “empezaba a quedar corto”. En ese marco ubicó el inicio de una secuencia de foros empresariales y encuentros amplios donde el empresariado empezó a discutir “qué hay que cambiar” para que el esquema funcione.

El punto central de su análisis es el temor a un péndulo político. Maciel afirmó que el empresariado reconoce que Milei generó “condiciones macroeconómicas necesarias”, pero con un ritmo “tan fuerte” que “rompió gran parte de la economía”, según el reflejo de indicadores como el EMAE. Y planteó el riesgo que hoy ordena conversaciones: que ante el desgaste social y electoral, una alternativa política intente desarmar lo hecho y “hacer todo lo contrario”.

Empresarios, sindicatos y un “plan” hacia adelante: acuerdos por fuera del Gobierno

Maciel sostuvo que ya existen contactos que antes parecían improbables, con empresarios y sindicalistas explorando puntos en común. Dijo que “ya hubo contactos” para reuniones entre empresarios y sindicalistas con una idea concreta: “vamos a empezar a hacer algo de manera conjunta” sin que los convoque el Gobierno. Según explicó, el objetivo no es llevarle mañana una propuesta al oficialismo, sino definir qué tipo de programa necesita el país hacia adelante y plantearlo como condición a los candidatos.

En esa conversación transversal, Maciel describió un consenso mínimo que se vuelve eje. “Existe un gobierno que debe tener ordenado todo lo que son las cuentas del Estado”, resumió, para poder decidir cuándo subsidiar, a quién y de qué modo, sin volver al “desmanejo” fiscal. Su argumento es que incluso sectores con diferencias ideológicas convergen en un punto: mantener la macro estabilizada, aunque se discuta el rol del Estado en la etapa siguiente.

La discusión, según Maciel, se desplaza del “shock” a la administración del modelo. Planteó que lo que se logró “a la fuerza” para estabilizar la macro “hay que mantenerlo”, pero que ahora se abre la disputa por “las cuestiones donde el Estado sí tiene que estar”. Su síntesis es que se busca un esquema donde el privado genere la mayor parte de la riqueza y el Estado incentive y ordene, sin pretender ser “el generador del 70%” de la torta.

Reordenamiento político: Bullrich con “vuelo propio” y Villarruel como carta alternativa

Maciel también describió movimientos internos del oficialismo y del ecosistema aliado, con figuras que ganan espacio propio. Dijo que Patricia Bullrich “empezó a tener un vuelo propio” y acumuló respaldo para consolidar presencia, incluso en el Senado. En su lectura, Bullrich actúa como contrapeso de la vicepresidenta en funciones y ocupa espacios donde el Gobierno no siempre se siente cómodo, lo que le permite construir vínculos con sectores empresarios diversos.

Según Maciel, Bullrich tiene una ventaja comparativa: experiencia política y flexibilidad para dialogar con actores con los que el oficialismo tensiona. Afirmó que se junta con empresarios con los que en Casa Rosada “caen mal” y que eso le sirve para ampliar base, incluso reconociendo problemas de “complejidad económica” y “complejidad de imagen y comunicación”. Esa práctica, sostuvo, alimenta la especulación sobre su rol futuro, dentro o fuera de una fórmula.

Respecto de Victoria Villarruel, Maciel señaló que hay sectores que buscan empujarla como referencia del discurso anti casta. Dijo que Villarruel intenta mostrarse “diferente”, acercarse al público mileísta y despegarse de peleas internas, y que es “fogoneada” por sectores del poder que merodean desde afuera. Sin embargo, marcó un límite: “no le alcanza en ninguna estructura” todavía para armar un espacio propio con potencia real, aunque sí podría conseguir “chapa de partido”.

PASO y clima electoral: la discusión que puede tensar política, economía e inversiones

Maciel planteó que la discusión sobre las PASO es más que una reforma electoral: es un mecanismo de ordenamiento que impacta en estabilidad. Dijo que ve “difícil” que se eliminen en el Congreso y que podría aparecer un término medio como volverlas no obligatorias. Para su análisis, las PASO funcionaron como ordenadoras y también como “colchón” institucional, con ejemplos como 2019 y 2023, donde ayudaron a procesar internas y reducir incertidumbre hacia octubre.

Su advertencia fue sobre lo que pasa si no están. Maciel sostuvo que, si no hay PASO, el año electoral puede volverse “de mucha ebullición” y empezar antes, con un efecto directo sobre la economía. Dijo que la política puede ponerse “mucho más densa” y que eso puede pegar en proyectos de crecimiento e incluso en inversiones en sectores dinámicos, porque el capital reacciona a la incertidumbre con freno.