El fin del universo podría adelantarse: científicos calcularon una nueva fecha para el “Big Crunch”
Nuevos modelos cosmológicos indican que el universo no se expandiría para siempre y que su final podría producirse mucho antes de lo estimado. Simulaciones basadas en datos recientes reavivan la hipótesis del "Gran Colapso" y replantean el rol de la energía oscura.
El Big Crunch, uno de los escenarios teóricos sobre el fin del universo, volvió a cobrar fuerza tras un nuevo estudio que propone una fecha concreta para el colapso total del cosmos. Según estas proyecciones, el universo no avanzaría hacia una “muerte térmica” infinita, como se creía hasta ahora, sino que terminaría en un colapso violento dentro de un plazo finito, medido en decenas de miles de millones de años.
Hasta el momento, el consenso científico sostenía que el universo continuaría expandiéndose indefinidamente hasta transformarse en un espacio frío, oscuro y sin energía útil. Sin embargo, investigadores del Centro Internacional de Física de Donostia -ubicado en San Sebastián, España- plantean que esa expansión podría detenerse y revertirse, dando lugar a un colapso gravitacional global.
De acuerdo con las simulaciones del equipo, el universo alcanzaría su final 33.300 millones de años después del Big Bang. Considerando que el cosmos tiene actualmente unos 13.800 millones de años, el cálculo indica que restarían menos de 20.000 millones de años para que ocurra ese desenlace.
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Durante ese proceso, conocido como Gran Colapso o Big Crunch, la expansión cósmica se invertiría por completo. Galaxias, estrellas y planetas comenzarían a aproximarse entre sí, hasta colapsar en un único punto de densidad extrema, similar al estado previo al Big Bang.
Qué es el Big Crunch y por qué vuelve a ser una hipótesis posible
El Big Crunch es una de las dos grandes teorías sobre el destino final del universo. La otra es la muerte térmica, que describe un universo que se expande eternamente hasta quedar sin energía aprovechable. La clave para que uno u otro escenario ocurra está en el comportamiento de la energía oscura, la fuerza que impulsa la expansión acelerada del cosmos.
Durante décadas, los astrónomos asumieron que la energía oscura era una constante universal, lo que garantizaba una expansión sin freno. Esa idea comenzó a ponerse en duda a partir de nuevas observaciones del Instrumento de Espectroscopía de Energía Oscura (DESI), uno de los relevamientos más ambiciosos del universo.
El Big Crunch sería dentro de 20.000 millones de años.
DESI elaboró un mapa tridimensional de 47 millones de galaxias, y sus primeros resultados sugieren que la energía oscura no sería constante, sino que podría cambiar con el tiempo. Si esta variación se confirma, la expansión cósmica podría desacelerarse y, eventualmente, invertirse.
Los autores del estudio señalan que “las últimas observaciones del universo muestran que su expansión podría revertirse en un Big Crunch”. En ese contexto, los cálculos indican que este colapso podría ocurrir billones de años antes de lo que se estimaba bajo los modelos tradicionales.
Para explicar este comportamiento, los investigadores utilizaron un modelo que combina distintos componentes del universo oscuro. En palabras del propio trabajo, este enfoque permite describir una evolución dinámica de la energía oscura que termina conduciendo al colapso total del cosmos.
Energía oscura, axiones y el colapso final del cosmos
El modelo propuesto se conoce como modelo de energía oscura de axiones (aDE). Según este marco teórico, la energía oscura surge de la interacción entre una forma extremadamente ligera de materia oscura -el campo axión- y una constante cosmológica integrada en la estructura del espacio-tiempo.
Al aplicar este modelo a los datos de DESI, los científicos comprobaron que logra explicar las observaciones actuales del universo. Pero también encontraron que este tipo de energía oscura conduce, de manera inevitable, a un escenario de Big Crunch.
Una vez que el universo supera cierto tamaño, la interacción entre el campo axión y la constante cosmológica comienza a frenar la expansión. Luego, esa expansión se revierte, y toda la materia empieza a comprimirse progresivamente.
Representación del universo observable en escala logarítmica, con el Sistema Solar en el centro.
Los autores escriben en su artículo preliminar: “Es plausible que, en última instancia, el universo acabe en agujeros negros gigantes”. A medida que el colapso avanza, la formación y fusión de agujeros negros se intensifica.
El autor principal, el Dr. Hoang Nhan Luu, y su equipo explican que esta fase final “potenciará la formación de agujeros negros, en particular la fusión de agujeros negros”. En ese proceso, todo el universo podría terminar comprimido en un único agujero negro colosal.
El propio Dr. Luu añade: “A medida que el universo colapsa, uno puede imaginar que la materia se comprime para formar un agujero negro gigante, que a su vez protege u oculta la singularidad del colapso”.
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Qué pasará a escala local y qué falta para confirmar el modelo
Más allá del destino final del universo, los investigadores aclaran que estos procesos no tendrían un impacto inmediato en escalas humanas o planetarias. A nivel local, otros eventos ocurrirían mucho antes.
Según el Dr. Luu, “a nivel local, se predice que la posible colisión de nuestra Vía Láctea con su vecina más grande, la galaxia de Andrómeda, ocurrirá dentro de unos cuatro a diez mil millones de años”. El científico señala que es interesante volver a estimar el momento de esa colisión -o incluso su eventual ausencia- antes del gran colapso cósmico.
Sin embargo, los propios autores advierten que el futuro del universo aún no está definido con certeza. Los datos de DESI son recientes y todavía están en proceso de análisis. De hecho, no se esperan los primeros artículos científicos completos basados en estas observaciones hasta el próximo año.
Además, será necesario reunir mucha más información observacional para confirmar si el modelo aDE describe correctamente el comportamiento real de la energía oscura. Como concluye el Dr. Luu: “Se esperan más y mejores datos en un futuro próximo y el modelo aDE será sometido a pruebas rigurosas”.
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