La NASA utilizó radares de alta precisión en aviones C-20A para monitorear las fallas sísmicas de California
La agencia espacial estadounidense analizó la acumulación de tensión en la corteza terrestre mediante sensores electromagnéticos para identificar las zonas con mayor riesgo de ruptura en el corto plazo.
La NASA completó una serie de vuelos científicos sobre California con el objetivo de medir la deformación de la corteza terrestre en las proximidades de las fallas de San Andrés y Hayward. La misión empleó el avión C-20A, una plataforma Gulfstream III modificada, equipada con un sistema de radar de apertura sintética de banda L denominado UAVSAR.
El Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) coordinó el procesamiento de las señales que permitieron generar mapas tridimensionales de alta resolución. Los datos revelaron cómo la tierra se estira y se comprime bajo la presión de las placas tectónicas.
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El sistema de radar funcionó mediante el envío de pulsos de microondas hacia la superficie, los cuales rebotaron y fueron captados nuevamente por el sensor del avión. Esta técnica, conocida como interferometría, permitió comparar imágenes tomadas en diferentes momentos para detectar desplazamientos mínimos.
El C-20A voló a una altitud de 12.500 metros, manteniendo una trayectoria precisa gracias a un sistema de control de vuelo automático avanzado. Este operativo buscó cuantificar los cambios milimétricos en el terreno producidos por la actividad tectónica subterránea.
Los investigadores centraron su atención en la falla de Hayward, una de las más peligrosas debido a su ubicación bajo zonas densamente pobladas en la Bahía de San Francisco. El mapa resultante mostró zonas de arrastre asísmico, donde el suelo se mueve lentamente sin producir temblores inmediatos.
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La capacidad del UAVSAR para penetrar la vegetación y obtener firmas del suelo desnudo resultó determinante para la precisión del estudio. A diferencia de los satélites convencionales, el avión permitió una frecuencia de muestreo superior y una resolución espacial de pocos metros.
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Las mediciones fácticas indicaron que ciertas secciones de la falla de San Andrés presentaron una acumulación de energía superior a la media histórica. El análisis no se limitó a la superficie, sino que permitió modelar el comportamiento de las rocas a varios kilómetros de profundidad.
La misión también documentó el impacto de la extracción de agua subterránea en la estabilidad del terreno. En el Valle Central de California, el hundimiento del suelo alcanzó niveles que alteraron la topografía local. Los científicos confirmaron que el subsidio del terreno interactúa de forma compleja con las líneas de falla adyacentes.
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