El gobierno de Donald Trump oficializó uno de los proyectos militares más ambiciosos de las últimas décadas: una nueva clase de megabuques de guerra con propulsión nuclear, tecnología experimental y capacidad de ataque de última generación.
La iniciativa quedó incluida dentro del plan naval de construcción a 30 años enviado al Congreso estadounidense y prevé el desarrollo de 15 embarcaciones conocidas informalmente como “Trump-class battleship”, una flota que buscará reforzar el poder marítimo de Estados Unidos frente al crecimiento militar de China.
El anuncio volvió a generar polémica por sus costos récord, las dudas sobre su utilidad estratégica y el temor de especialistas a una mayor normalización del armamento nuclear.
Cómo será el nuevo megabuque clase Trump
Según los detalles incorporados al plan naval, el primer barco de la nueva generación será el USS Defiant, cuya construcción comenzaría en 2028 y cuya entrega está prevista para 2036.
La embarcación tendrá propulsión nuclear, un sistema que la Armada estadounidense no utiliza en buques de superficie desde la década de 1990 debido a sus elevados costos operativos y de mantenimiento.
El nuevo acorazado tendrá entre 30.000 y 40.000 toneladas de desplazamiento, lo que lo convertirá en un barco hasta cuatro veces más grande que un destructor moderno.

Además, contará con misiles hipersónicos de precisión, armas láser de energía dirigida, cañones electromagnéticos, radares de nueva generación y capacidad para aeronaves de despegue vertical. También dispondrá de 128 celdas de lanzamiento vertical para distintos sistemas ofensivos.
El proyecto contempla incluso la posibilidad de integrar misiles de crucero con capacidad nuclear, uno de los puntos que más preocupación genera entre analistas militares y expertos en defensa internacional.
El costo récord que encendió el debate
El presupuesto estimado para el primer buque asciende a 17.470 millones de dólares, una cifra inédita para este tipo de programas militares.
El segundo y tercer barco costarían cerca de 13.500 y 12.000 millones de dólares respectivamente, mientras que el plan completo prevé inversiones multimillonarias hasta 2055.
En paralelo, el presupuesto naval estadounidense para 2027 alcanzará los 68.500 millones de dólares, un incremento del 57% respecto del año anterior.

Especialistas en defensa cuestionan si la construcción de embarcaciones gigantescas es realmente la mejor estrategia para competir con China o si sería más eficiente ampliar la cantidad de barcos disponibles con unidades más pequeñas y rápidas.
También advierten que la industria naval estadounidense ya enfrenta retrasos en la fabricación de submarinos nucleares y otros programas militares estratégicos.
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Trump había presentado el proyecto a fines de 2025 durante un acto en Mar-a-Lago, donde definió a la futura flota como “la más poderosa jamás construida”. “Será la nave más rápida, la más grande y 100 veces más poderosa que cualquier acorazado”, afirmó el mandatario.
La iniciativa cuenta con el respaldo del secretario de Defensa, Pete Hegseth, aunque dentro del propio gobierno hubo diferencias sobre la conveniencia de utilizar propulsión nuclear.
Temor a una nueva escalada militar
Uno de los puntos que más alarma genera entre expertos internacionales es la posibilidad de que estos buques incorporen armamento nuclear en operaciones marítimas convencionales.
Analistas advierten que la presencia de misiles nucleares en barcos de superficie podría reducir el umbral para el uso de armas atómicas en escenarios de crisis y aumentar el riesgo de conflictos de gran escala.

A eso se suma la incertidumbre política alrededor del proyecto. El programa quedó fuertemente asociado a la figura de Donald Trump y podría quedar bajo revisión si los republicanos pierden poder en el Congreso o si un demócrata gana la presidencia en 2028.
Por ahora, la llamada “clase Trump” ya se convirtió en el proyecto naval más ambicioso, más costoso y más controvertido de la historia reciente de Estados Unidos.
LB