Los astronautas que regresan a la Tierra muestran cambios cerebrales que pueden durar meses
Un estudio científico detectó desplazamientos persistentes en regiones del cerebro vinculadas al equilibrio tras misiones espaciales, incluso después de vuelos relativamente cortos en microgravedad.
Pasar tiempo en el espacio no solo afecta músculos y huesos. También puede producir modificaciones duraderas en el cerebro humano. Así lo revela una investigación publicada en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences, y difundida por el medio Robotitus que documenta cambios medibles en la posición y la forma del cerebro de astronautas luego de misiones espaciales.
El trabajo muestra que, tras apenas semanas en microgravedad, el cerebro se desplaza algunos milímetros dentro del cráneo. En misiones prolongadas, esos cambios pueden persistir durante al menos seis meses después del regreso a la Tierra, lo que ayuda a explicar las dificultades de equilibrio y coordinación que muchos astronautas experimentan al volver.
Los cambios detectados no implican deformaciones graves, sino desplazamientos sutiles concentrados en regiones cerebrales asociadas al control del movimiento y la orientación espacial. Estas áreas son fundamentales para mantener la postura y el equilibrio, funciones que suelen verse alteradas tras el reingreso a la gravedad terrestre.
El estudio fue liderado por la fisióloga Rachael Seidler, de la Universidad de Florida, quien buscó medir con precisión qué ocurre en el cerebro durante la vida en microgravedad.
En el espacio, la ausencia de peso modifica la distribución de los fluidos corporales, que dejan de acumularse en las extremidades inferiores y se redistribuyen de manera más uniforme. Este fenómeno, conocido desde hace décadas, no resulta peligroso en sí mismo, pero altera la forma en que el cerebro se acomoda dentro del cráneo.
El cerebro no se mueve como un bloque
Investigaciones previas ya habían mostrado que el centro de masa del cerebro se desplaza hacia arriba tras los vuelos espaciales. También se habían observado cambios similares en experimentos terrestres que simulan la microgravedad mediante reposo prolongado en camas inclinadas.
Para profundizar en estos efectos, el equipo analizó imágenes cerebrales de 26 astronautas, comparando estudios realizados antes y después de sus misiones. Quince de ellos fueron evaluados específicamente para este trabajo, mientras que otros once aportaron datos de investigaciones previas. Además, se incluyeron mediciones de 24 participantes de un experimento europeo de 60 días de reposo en cama inclinada.
Los resultados mostraron que el cerebro se desplaza hacia arriba y hacia atrás durante el vuelo espacial, con una leve inclinación posterior. Sin embargo, el hallazgo más relevante fue que distintas regiones cerebrales se movían en direcciones diferentes, lo que indica que no solo cambia la posición global del cerebro, sino también su forma interna.
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En astronautas que permanecieron cerca de un año en el espacio, algunos desplazamientos alcanzaron entre dos y tres milímetros.
Impacto en el equilibrio, no en la cognición
El análisis no encontró efectos sobre la inteligencia, la personalidad ni las capacidades cognitivas generales. Los cambios más marcados se localizaron en regiones relacionadas con el equilibrio, especialmente en la ínsula posterior.
Cuanto mayor era el desplazamiento en esa zona, peores eran los resultados en las pruebas de equilibrio realizadas tras el regreso a la Tierra. Muchos astronautas describen días o incluso semanas de inestabilidad, seguidos de una recuperación gradual del control sensoriomotor.
Los datos obtenidos en los experimentos de reposo en cama reforzaron estas conclusiones, al mostrar desplazamientos similares en los ventrículos cerebrales, cavidades llenas de líquido que también se mueven hacia arriba en condiciones de microgravedad simulada.
Claves para futuras misiones espaciales
Comprender cómo y por qué se producen estos cambios podría ser clave para mejorar los entrenamientos previos al vuelo y las terapias de readaptación tras el regreso. A medida que las misiones espaciales se vuelvan más largas —con proyectos de exploración lunar y viajes a Marte—, proteger la salud neurológica de los astronautas será un desafío central.
Los autores subrayan que estos desplazamientos cerebrales no representan un daño irreversible, pero sí un fenómeno que debe ser tenido en cuenta para garantizar el rendimiento humano en la exploración espacial del futuro.
DCQ
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