Cómo ser jubilada y sobrevivir hoy en Argentina
Esta semana hubo muchos comentarios sobre cómo los hogares con adultos mayores tienen cada día que dejar de comprar medicamentos y/o hacer consultas médicas y otros consumos, en general vinculados a la salud, para poder comer y llegar a fin de mes. En muchos casos desde hace meses la decisión es comprar alimentos o medicamentos; lógicamente se optan por los alimentos que tampoco pueden muchas veces cubrir las necesidades de todo el mes. Si bien estas desventuras las padecen en general todos los jubilados y pensionados que cobran la mínima, las mujeres predominan en este grupo, por eso ellas son las más golpeadas.
En el país, los jubilados y pensionados son 7,2 millones de personas. De estos 5,4 millones son los que cobran la mínima, de estos el 71-75 % son mujeres, cuyo número asciende a 4 millones de mujeres mayores de 65 años que cobran $510.000 por mes, con el bono de 70.000 incluido. Este alto número de mujeres jubiladas que cobran la mínima se explica en principio porque, en general, las mujeres trabajan más que los hombres en el sector informal, por eso les cuesta más lograr el número de años necesarios para jubilarse. La brecha es muy grande: mientras el 51% de los hombres que se jubila lo hace cumpliendo los años de trabajo en el sector formal, solo el 20% de las mujeres que se jubilan lo hacen cumpliendo todos los años necesarios en trabajo formal. Esta diferente modalidad del trabajo a lo largo de sus vidas de las mujeres, se suma al menor número de años trabajados o con aportes, ya que muchas trabajan, pero no les hacen los aportes y ellas no lo controlan y, en general, con ingresos promedios menores que los hombres. La brecha de ingresos entre hombres y mujeres jubiladas y pensionados es de 28%. Los ingresos de las mujeres jubiladas con relación a los de los hombres es casi un 30% menor.
La dificultad de las mujeres de alcanzar a los 65 años los 30 años de aportes necesarios para jubilarse, es el motivo por el cual la mayoría de las mujeres jubiladas lo hicieron a través de la moratoria que les permitió superar la falta de los años de aportes. El gobierno actual eliminó la moratoria, por lo tanto desde hace dos años las mujeres que no logran juntar los 30 años de aportes no pueden jubilarse y serán beneficiarias de la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUMA) cuyo monto es menor al de la jubilación mínima; corresponde al 80% de la jubilación mínima. Además, no pueden cobrar pensión por fallecimiento del cónyuge y es incompatible con cualquier otra actividad con ingresos que desempeñe. Todo esto implica que las mujeres antes por jubilarse a través de la moratoria y ahora por tener que pensionarse, a partir de los 65 años tienen ingresos mínimos que las mantienen en la pobreza. Teniendo en cuenta que se estima una persona jubilada necesita entre $850.000 y $1.500.000 por mes para cubrir sus consumos, las jubiladas y pensionadas que cobran la mínima aun con el bono no cubren la necesidad mínima estimada.
La Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires ejemplifica el caso con mayor caída es la situación de una jubilada con vivienda propia y sin prepaga que cobra la mínima con el bono pero no tiene pensión por el esposo ni ningún otro ingreso. El ingreso de ella aumentó en el último año entre agosto 2025 y agosto 2026 un 27,4%, mientras que en ese periodo la canasta según la Defensoría aumentó 38,5%. La caída del poder de compra fue del 8%. Es por ello que la mujer jubilada o pensionada con la mínima no llega a cubrir sus necesidades básicas, incluso en la Ciudad de Buenos Aires donde las condiciones son mejores.
Por tanto, hoy las jubiladas y pensionadas que cobran la mínima son pobres y para sobrevivir deben depender de sus familiares o buscar un trabajo, cuando pueden. Los hogares con una jubilada/pensionada con esas condiciones requieren ingresos más elevados para suplir el déficit que implica cubrir las necesidades de esa jubilada/pensionada. En esos casos se suelen cortar las prestaciones de salud, incluida la compra de medicamentos, gasto que aumentó ante la reducción de cobertura del PAMI y el aumento de los medicamentos. Esto genera un incremento de la ansiedad y malestar, que podría repercutir en una mayor necesidad de medicamentos para estabilizarlas, cerrando de esta forma el círculo vicioso en el que están encerradas. Por eso, hoy en Argentina sobrevivir es casi una utopía para una jubilada pensionada que cobra la mínima.
Esta es una deuda que el Estado y la sociedad tienen con las mujeres que trabajaron toda su vida pero no pueden gozar de un retiro digno. Por ahora no se ve la solución, pero es algo que no se puede ignorar.