Duchamp, industrialista
“Buenos Aires no existe. Nada más allá de una ciudad grande de provincia con personas ricas y sin criterio alguno”.
Durante mucho tiempo casi nada se supo sobre la estadía de Marcel Duchamp en Buenos Aires, en 1918. El propio Duchamp siempre fue poco propenso a darle importancia a ese viaje. Calvin Tomkins, en su biografía, le dedica un breve capítulo a su vida porteña. Informa que Duchamp vivió en Alsina 1743 y que tenía su estudio en Sarmiento 1507, en donde realizó uno de sus ready-made (el único que hizo en Buenos Aires), “El ready-made desdichado”, de los menos conocidos de su obra. Luego, los estudios sobre Duchamp en Buenos Aires tomaron un impulso mayor. Rafael Cippolini y Gonzalo Aguilar publicaron importantes artículos, a los que se les agrega el libro de Raúl Antelo, María con Marcel. Duchamp en los trópicos. Todos estos ensayos se apoyan en la correspondencia selecta de Duchamp, publicada bajo el título Affectionately, Marcel, por Ludiom Press, en 2000 (extrañamente aún inédita en español).
Es curioso (o quizás no tanto), pero tanto Tomkins como Antelo (e incluso yo mismo cuando leí la correspondencia) prestan especial atención a una carta. Está fechada el 12 de noviembre de 1918 y dirigida a Carrie, Ettie y Florine Stettheimer. Hasta esa carta, Duchamp venía escribiendo comentarios levemente simpáticos sobre esta cuidad. Pero poco a poco va tomando un tono más agrio, y ya para la carta del 12 de noviembre, escribe: “Buenos Aires no existe. Nada más allá de una ciudad grande de provincia con personas ricas y sin criterio alguno, todo comprado en Europa, incluida la piedra de sus casas. No se fabrica nada aquí: de manera tal que pude encontrar el dentífrico francés que había olvidado en Nueva York”.
Como un sociólogo, rápidamente reconoce Duchamp uno de los grandes problemas argentinos: la crisis de la industria nacional. Según el año en que uno haya nacido y la generación a la que pertenezca, la crisis de la industria nacional cambia de responsable, el relato varía. Para los chicos de ahora, es Milei quien la está destruyendo, y antes Macri. Parar los un poco más grandes fueron Menem-Cavallo. Para los de mi generación, fue Martínez de Hoz. Para mis amigos mayores, fue el rodrigazo. Mis padres hablaban de Krieger Vassena. El proyecto de dejar una Argentina destruida, solo viable para el 20% de su población más rica, sin industria y sin clase media, viene de antaño. Más allá de todo, lo cierto es que hay en Duchamp una mirada de sociólogo de una agudeza casi marxista, o mejor dicho, industrialista.
En 1969, en el primer párrafo de la introducción a Dependencia y desarrollo en América Latina, el más importante libro sobre el tema, los sociólogos Fernando Henrique Cardoso (quien más tarde llegaría a ser presidente de Brasil) y Enzo Faletto, escriben: “al terminar la Ssegunda Guerra Mundial parecía que algunos países de América Latina estaban en condiciones de completar el proceso de formación de su sector industrial y de iniciar, además, transformaciones económicas capaces de lograr un desarrollo autosustentado”. El libro da cuenta de la historia de cómo eso no fue posible y de cómo la región se volvió enteramente dependiente y sus clases populares, pauperizadas. Cardoso y Faletto narran lo que ocurrió varias décadas después del viaje de Duchamp. Pero antes, hay que tomar a esas cartas de 1918 como un material fundante e inexplorado para pensar la teoría y la historia social en la Argentina.