El 5%
El inefable Presidente que supimos elegir dijo: “El 95% de los periodistas son delincuentes. El 95% está envenenado y envenena a la gente y tiene prebendas”. Sería lógico deducir que el 5% que no serían delincuentes coincidiría con el puñado de periodistas a quienes Milei les concedió reportajes siendo Presidente.
La lista la encabeza Luis Majul (LN+) que llegó a concentrar cerca del 40% de sus entrevistas en algunos períodos. Le siguen Jonatan Viale (TN / Radio Rivadavia). Eduardo Feinmann (Radio Mitre / LN+ / A24). Esteban Trebucq (LN+) y Gabriel Anello (Radio Mitre). Con menos frecuencia lo entrevistaron también Franco Mercuriali (TN), Antonio Laje (A24), Pablo Rossi (Radio Mitre / LN+), Gustavo López (Radio La Red) y Horacio Cabak (LN+). Y puntualmente Alejandro Fantino en su streaming y Guillermo Andino (TV Pública).
En su etapa inicial en 2024 dio más entrevistas, en 2025 ya fue más selectivo y en 2026 solo Luis Majul, Esteban Trebucq ambos de LN+ y los economistas Antonio Aracre y Ramiro Castiñeira de la TV Pública donde dijo que el 95% de los periodistas somos delincuentes. La reducción de reportajes obedece simplemente a que el paso del tiempo en la presidencia contrastando promesas con realidades obliga aún a los periodistas más cercanos a él a realizar preguntas cada vez más incómodas.
Recuerdo siempre las campañas poscrisis de la hipotecas en 2008 cuando los jóvenes de entonces (todavía sin celulares inteligentes y redes sociales en ellos) con mayor agudeza que parte de los jóvenes de la generación actual, iban a sus protestas con un cartel diciendo: “Soy el 99%” acusando indirecta y correctamente al 1% más rico de la población mundial de concentrar una mayor y creciente proporción de la generación de la riqueza en detrimento del resto de los habitantes. Y por momentos imagino una campaña del Foro de Periodistas Argentinos (Fopea) diciendo con ironía “somos el 95%”. A esta altura ser acusado de delincuente por Milei termina siendo un galardón.
El mejor ejemplo son los insultos que le dirigió a Joaquín Morales Solá después de su artículo del miércoles pasado titulado “El intenso odio de Milei al periodismo”. Insultando a Morales Solá no se lo insulta solo a él sino a la Academia Nacional de Periodismo que preside Morales Solá. Si la Academia de Periodismo está presidida por una “basura e inmundicia humana, deshonesta, que se la pasa mintiendo a diestra u siniestra” a sus casi cuarenta integrantes que elegimos a Morales Solá tres períodos consecutivos para que nos conduzca, nos cabe también esa calificación. Y al periodismo es su conjunto porque la Academia de Periodismo es el significante del periodismo profesional de calidad.
Los insultos de Milei a Morales Solá fueron después del citado articulo del que vale especialmente la pena releer tres párrafos:
● “Es hora también de pedirles a los periodistas que militan en la causa del Presidente o que son sus amigos que le pregunten −y le repregunten− sobre sus ofensas al periodismo cuando lo entrevistan. Ellos son los únicos que acceden a la palabra presidencial”.
● “Estamos, además, ante la extraña casualidad de que siempre los deshonestos son los periodistas independientes, y los honestos son los que lo frecuentan a él”.
● “¿Dónde están ahora Patricia Bullrich, Silvana Giudici o Alejandro Fargosi, actuales mileístas que decían estar dispuestos a entregar la vida para defender al periodismo cuando este era agredido por el kirchnerismo? ¿O acaso llegaron al disparate de pensar que estaba muy mal que los Kirchner maltrataran al periodismo y que está muy bien que Milei ataque a ese mismo periodismo? ¿O en aquella época tenían unos principios y ahora tienen otros, porque los de entonces no le gustan a Milei?”
Doblemente valioso el texto de Morales Solá porque los periodistas que normalmente entrevistan a Milei están en el canal homónimo al diario en el que él escribe y la crítica a los republicanos de Cambiemos es una autocrítica al mismo campo político que representan los propios lectores. El fundador del diario The New York Times, Adolph Ochs, sostenía que a los lectores no solo había que darles lo que querían sino también incomodarlos con lo que también debían leer.
Previo al reportaje donde dijo que el 95% de los periodistas éramos delincuentes, tuvo un fin de semana con novecientos retuits y decenas de tuits propios acusando a los periodistas de “asociación ilícita” y de recibir “sobornos” a partir de la investigación publicada por openDemocracy difundida a partir de la denuncia de Santiago O’Donnell sobre pagos a periodistas y medios de comunicación por publicar en la Argentina informaciones falsas contra Javier Milei financiados por el gobierno de Rusia.
Morales Solá también escribió sobre el tema: “junto con la información sobre esa red de espionaje extranjero se conoció la lista de medios que habrían publicado artículos pagados desde Moscú. Ninguno es relevante ni tampoco figuran en tal listado los grandes medios argentinos: La Nación, Clarín y PERFIL, por ejemplo. Milei ordenó al día siguiente que le prohibieran la entrada a la Casa de Gobierno a los periodistas acreditados de los medios que están en la lista rusa”.
Otro ejemplo de que los que solo los medios o periodistas oficialistas integran ese 5% se refleja en que los medios que publicaron informaciones denunciadas por openSociety están El Destape, Tiempo Argentino, La Patriada web, C5N, Ámbito Financiero e Infobae. A los anteriores se les prohibió el ingreso a Casa Rosada menos a Infobae. ¿Qué privilegio tendrá Infobae?
Preocupada con la mala praxis de parte de colegas exacerbada en los últimos años coincidiendo también con la pandemia, el crecimiento del discurso de odio y la emergencia del fenómeno Milei, la Academia Nacional de Periodismo construyó y difundió “Veinte principios permanentes del periodismo”.
Cada vez se hace más necesario no solo dar a conocer lo que se debe hacer sino quiénes no lo hacen. Una profesión que no es capaz de autodepurarse corre el riesgo de quedar asociada a la mala praxis de parte de sus componentes. Como concluyó Morales Solá en su artículo: “Existe corrupción en el periodismo, como existió siempre. Desmentir eso sería ignorar lo que sucede al lado de cualquier periodista, bueno o malo; significaría también inclinarse hacia una defensa corporativa que nos igualaría a todos en el mismo nivel.”
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