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Francia y la defensa del orden internacional

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Decisiones. Emmanuel Macron apeló a la tradición diplomática. | AFP

El frágil y aún endeble alto el fuego del 8 de abril de 2026, no fue solo el resultado de la mediación pakistaní y en algún nivel de China. Fue también el producto acumulado de semanas de diplomacia y presión europea, que desde el primer día de la ofensiva sobre Irán apostó por la negociación, la legalidad internacional y la contención de una espiral que amenazaba con volverse incontrolable.

Comprender el rol de París en esta crisis exige examinar la coherencia de una postura que, en un entorno de extrema presión transatlántica, eligió la vía diplomática cuando otros eligieron el silencio o la complicidad.

Desde el 28 de febrero de 2026, cuando comenzaron los ataques coordinados de Estados Unidos e Israel sobre Irán, Francia adoptó la postura legalmente más exigente entre las grandes potencias occidentales.

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El presidente Macron advirtió públicamente que la acción militar llevada a cabo fuera del marco del derecho internacional amenaza la estabilidad global y exigió la convocatoria urgente del Consejo de Seguridad de la ONU. Esta posición no era retórica sino la continuación de una tradición diplomática francesa que lleva activa desde 2003, cuando los ministros de relaciones exteriores del E3 –Francia, Alemania y el Reino Unido– viajaron por primera vez a Teherán para buscar una salida negociada al programa nuclear iraní. Esto fue un antecedente directo del Plan de Acción Integral Conjunto de 2015. Un interesante análisis sobre la postura de estos países se puede apreciar en Javier Rodríguez Moral (2014). “La política exterior de la Unión Europea y el programa nuclear de Irán” del Grupo de Estudios sobre Seguridad Internacional

En relación con las posturas de los países europeos, Francia fue la excepción más articulada dentro de esa tendencia continental, en tanto no equiparó las partes pero tampoco validó una guerra. Esa distinción, en apariencia sutil, fue políticamente determinante porque preservó la interlocución de París con Teherán, con los países del Golfo y con los mediadores regionales cuando Washington había cerrado esos canales.

A su vez desarrolló un realismo ético como potencia media de alcance global y nuclear, con su despliegue naval anunciado el 9 de marzo desde Chipre, junto a los primeros ministros de Grecia y Chipre. Así, confirmó el envío del portaaviones Charles de Gaulle, buque insignia de la Marina de Francia y único portaviones nuclear operativo fuera de los Estados Unidos. Esta misión fue definida con precisión política como puramente defensiva y de apoyo, orientada a proteger la libertad de navegación y a escoltar buques mercantes sin participar en las operaciones ofensivas de la coalición.

La presencia del Charles de Gaulle no era una señal de guerra sino una garantía de que Europa no permitiría la extensión del conflicto al Mediterráneo (como gendarme de este mar dentro de los equilibrios de la OTAN) y de que la libertad de navegación, sería defendida con medios propios. En paralelo a la presencia militar defensiva, Francia sostuvo el esfuerzo diplomático del E3 para construir las condiciones de un alto el fuego.

El resultado de semanas de presión moral y diplomática europea se materializó en la declaración conjunta del 8 de abril. El texto fue claro: “El objetivo debe ser ahora negociar un fin rápido y duradero a la guerra. Esto solo puede lograrse por medios diplomáticos. Hacemos un llamado a todas las partes a implementar el alto el fuego, incluyendo en el Líbano. Nuestros gobiernos contribuirán a garantizar la libertad de navegación en el Estrecho de Ormuz”. (Declaración conjunta sobre el conflicto en Oriente Medio, 8 de abril de 2026).

Finalmente, como marco de este conflicto se observa una política exterior más amplia de Europa que apunta hacia una mayor autonomía estratégica real: el gasto en defensa aumenta, la UE avanza hacia una diversificación comercial y energética, y el continente mostró por primera vez una voluntad de responder de forma coordinada a presiones externas, incluidas las provenientes de Washington.

*Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Austral.